Escena de una quedada en 'Modern family'.
FOMO, una falsa libertad y poca transparencia: lo que esconde responder con un quizás a un plan de amigos
Las relaciones de amistad, inmersas en la cultura de ponerse al día, pierden profundidad y necesitan una revisión.
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El hecho de que The New Yorker haya publicado una “calculadora de probabilidad: posibilidades de que tu amigo se caiga del plan de esta noche” indica que todos tenemos unas agendas tan complicadas y un nivel de agotamiento tan elevado que ver a la gente se convierte en una complicada hazaña en la que una cita rara vez está del todo garantizada.
Aunque el texto que acompaña a esa nueva herramienta está repleto de pinceladas de humor, su mera existencia atestigua que las “quedadas quizás” son bastante comunes.
Ponerse al día
Vivimos inmersos en la denominada catch up culture (cultura de “ponerse al día”), un término que Michelle Elman, autora de Bad Friend, emplea para describir la rutina de recapitular tu vida ante tus seres queridos, algo que visibiliza que no se está viviendo la vida con ellos.
Supone recopilar anécdotas y sucesos para poder contarlos en esas quedadas que parecen actualizaciones del estado de nuestras vidas.
Cada vez son más los libros y películas que ponen el foco en la importancia de las amistades, precisamente cuando muchas personas intentan poner el amor en un segundo plano.
Proponer planes y recibir evasivas resulta molesto. iStock
Pero por más que por fin comencemos a dar a la amistad el lugar que merece, el intenso ritmo de vida es el responsable de que cuidarla no sea siempre sencillo.
El problema es que se considera necesario tener algo nuevo que contar. Cada quedada parece estar acompañada de la expectativa de traer jugosas novedades.
Este ritmo, casi automático, refuerza una idea bastante tradicional de cómo debería verse la vida: encontrar pareja, construir un hogar e ir informando a los amigos de cada paso.
Conviene aquí mencionar que los indicadores clásicos de “éxito” adulto, como vivir solo o en pareja, muchas veces nos alejan de una existencia más compartida y comunitaria con nuestros círculos cercanos. Por si fuera poco, emerge la presión silenciosa de tener que estar avanzando al ritmo de los demás.
Dos papeles diferentes
Dicen que hay dos tipos de personas: las que proponen los planes y las que reciben esas propuestas. Rafael San Román, autor de ¿Qué le cuento a mi psicólogo? (Plataforma, 2024), explica que el interés en ver a alguien se demuestra de maneras visibles, no simplemente con las palabras.
“No reduciría las relaciones, los afectos o los vínculos a que si alguien jamás toma la iniciativa es porque, matemáticamente, tiene cero interés en mí. Me preocuparía más o me indicaría de una forma más evidente su falta de interés el hecho de que nunca esté disponible”, explica el psicólogo.
“Si propongo planes y te apuntas, pasamos tiempo de calidad y me lo agradeces, demuestras atención. También hay que tener en cuenta que hay gente que es superproactiva y no siempre es fácil estar a la altura”, añade.
El doloroso "quizás"
Lo cierto es que cuando se propone un plan, pocas cosas son tan molestas como recibir esta palabra como respuesta. La incertidumbre nos acecha en tantos ámbitos de nuestra vida que el hecho de que ni siquiera la amistad sea un terreno completamente seguro puede alterarnos.
Por eso, aunque es absolutamente comprensible que ante la cantidad de responsabilidades y exigencias que tenemos encima, garantizar un plan completamente sea complicado, es importante no dejar siempre los encuentros en el aire.
Reddit es un foro donde los internautas plantean todo tipo de dudas, y una señal más de que estas quedadas que están marcadas por el condicional son habituales es uno de sus hilos.
“Les propuse a unos amigos que se unieran a tomar algo. Todos dijeron ‘quizás’, ‘si no estoy ocupado, iré’, o alguna respuesta poco comprometida. Llegué y era el único allí”, dice un internauta.
“Tenía la sensación de que esto pasaría, pero no quería no ir y echarme para atrás en mi propio plan. Si nadie confirma al 100% a un evento, ¿debería volver a contactar a todos los que dijeron ‘quizás’ diciéndoles que se canceló por falta de interés?”, se pregunta.
Redefinir la amistad
Pilar Conde, psicóloga y Directora Técnica de Clínicas Origen, comenta que aunque las redes nos permiten ver una imagen de la vida de la otra persona, no son capaces de plasmar sus impresiones y la realidad de esta.
“Es cierto que podemos creer que sí que sabemos más, dado que la hemos visto viajar, hacer actividades... Pero no estaremos seguros de cómo se encuentra a nivel emocional y de lo que realmente le pueda estar pasando”, advierte.
Considera posible, en el caso de que haya una amistad saludable, que esas quedadas de ponerse al día puedan sostener dicha relación, siempre que la calidad de tales encuentros no disminuya.
“Es natural y normal que ciertas amistades formen parte de una etapa. No debemos exigirnos sostenerlas por obligación, sino asumir por ambas partes que fue importante en una etapa y que se recuerda con cariño, pero en el momento presente, la dinámica es difícil de sostener. Hay que apoyarse cada cual en otras y redefinir dicha relación”, dice.
El significado
En realidad, existe un extendido autoengaño a la hora de responder a un plan. No es extraño pensar que decir "quizás" suena más amable que un categórico y rotundo "no", aunque, como comentan los psicólogos consultados, con esta actitud se muestra falta de claridad —incluso de respeto— y termina por resultar más incómodo.
La transparencia, además de simplificar la agenda, también cuida mejor las relaciones. Hay que tener también en cuenta que tendemos a pensar que dejar la puerta entreabierta es un gesto considerado, cuando en el fondo responde más a nuestro propio interés: mantener planes en standby por si acaso.
Hemos de huir de las relaciones de amistad de banquillo.
En un mundo repleto de obligaciones, ese condicional nos da una falsa sensación de libertad, como si aún pudiéramos elegir sin renunciar a nada… y sin enfrentarnos al temido FOMO, ese miedo a perdernos algo mejor.
Cuidar la amistad
Pero entonces, ¿cómo podemos mantener una conexión profunda con los amigos en un mundo acelerado? Conde piensa que una de las claves es reducir exigencias y aceptar a la persona y las circunstancias que le rodean.
“Eso permitirá ser comprensivo, no tomarnos nada a nivel personal, dar espacio a la amistad para la etapa en la que se encuentra, redefinir la relación y estar abierto para futuros cambios si a ambas partes le viene bien”, explica.
“Es importante no recriminar. Nada de ‘te lo has perdido’ o ‘no nos vemos’, mejor un ‘te actualizo y me actualizas’, mostrando un interés genuino en la vida de la otra persona”, añade la psicóloga.
Mantener el contacto por redes sirve como señal de cercanía y atención. iStock
Rafael San Román confiesa no saber si existe una receta para mantener una conexión profunda con los amigos en un mundo acelerado. Prefiere en su lugar llamar a una reflexión crítica y humilde para tomar conciencia de que las relaciones exigen ser cuidadas.
“A lo mejor no hace falta quedar cada 15 días. Podemos estar presentes de otras maneras, mandar un audio de vez en cuando o alguna chorradita por redes que indique que nos hemos acordado específicamente de la persona. Algo que da pie a una pequeña conversación, a un pequeño intercambio de actualización”, asegura.
Porque aunque tal vez ese contacto no sea muy profundo, supone estar presentes e indicar al otro que nos acordamos de él. “En realidad, el mundo está acelerado porque nosotros vamos acelerados. Si frenamos, el mundo frena”, dice para terminar.