Una de las vistas de la Plaza de Oriente de Madrid.

Una de las vistas de la Plaza de Oriente de Madrid.

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La plaza de Madrid del siglo XIX que muchos consideran la más bonita de España: tiene 20 estatuas de reyes

Entre el Palacio Real y el Teatro Real se encuentra una plaza del siglo XIX que muchos consideran la más bonita de España.

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España es un país repleto de ciudades monumentales. Desde los pueblos medievales del norte hasta las grandes capitales históricas del sur, el patrimonio urbano forma parte de la identidad cultural del país. Plazas, calles y edificios se han convertido en símbolos reconocibles dentro y fuera de nuestras fronteras.

Muchas veces, cuando se habla de lugares especialmente bellos, la atención se dirige a destinos turísticos clásicos como Baleares, Canarias o el País Vasco. Sin embargo, Madrid también guarda rincones que destacan por su valor histórico y arquitectónico.

La capital de España suele asociarse más al negocio o a la actividad laboral que al turismo. No obstante, Madrid posee un patrimonio urbano comparable al de otras ciudades españolas que sí tienen fama de destinos turísticos.

Sus barrios, sus museos y sus espacios públicos forman parte de un paisaje urbano con siglos de historia. De hecho, algunos de sus enclaves pueden competir en belleza con los de ciudades que tradicionalmente se consideran más atractivas para los visitantes.

Uno de los elementos que mejor reflejan la personalidad de una ciudad son sus plazas. Estos espacios abiertos han sido históricamente lugares de encuentro, celebración y representación del poder político y cultural.

Pasear por una plaza emblemática permite entender mejor la historia de una ciudad. No es casualidad que muchas de las imágenes más reconocibles de España estén vinculadas precisamente a estos espacios urbanos.

La Plaza Mayor de Salamanca, con su arquitectura barroca, está considerada una de las más bellas de Europa. En Santiago de Compostela, la plaza del Obradoiro reúne algunos de los edificios más importantes del patrimonio gallego y actúa como antesala de la catedral.

También destacan otros lugares emblemáticos como la Plaza de España de Sevilla o la propia Plaza Mayor de Madrid. Sin embargo, dentro de la capital existe otra plaza que muchos consideran aún más espectacular desde el punto de vista monumental.

La Plaza de Oriente

Se trata de la Plaza de Oriente, situada en pleno corazón histórico de Madrid. Este espacio destaca por su carácter monumental y por su relación directa con algunos de los edificios más importantes de la ciudad.

Para muchos visitantes es uno de los rincones más impresionantes de la capital. Su amplitud, la presencia del Palacio Real y el diseño de sus jardines la convierten en uno de los escenarios urbanos más fotografiados de Madrid.

La plaza se encuentra entre tres edificios clave del patrimonio madrileño: el Palacio Real, la Catedral de la Almudena y el Teatro Real. Esta ubicación la convierte en un auténtico eje monumental dentro del casco histórico.

Además de su importancia urbanística, la Plaza de Oriente conserva un fuerte carácter histórico. Su origen se remonta al siglo XIX, una etapa en la que Madrid vivió importantes transformaciones impulsadas por la monarquía.

El proyecto surgió cuando se planteó reorganizar el espacio situado frente al Palacio Real y sustituir el entramado de calles y viviendas que existía en aquella zona.

El diseño definitivo se consolidó en 1844 gracias al arquitecto Narciso Pascual y Colomer, que planteó una plaza monumental de planta rectangular con cabecera curvada orientada hacia el palacio.

No obstante, la idea de abrir un gran espacio frente al Palacio Real ya había sido planteada por arquitectos como Juan de Villanueva o Juan Bautista Sachetti, figuras fundamentales de la arquitectura madrileña.

Durante el reinado de Isabel II el proyecto tomó forma definitiva. En ese momento se completó la construcción del Teatro Real y se organizaron los jardines que hoy forman parte del diseño de la plaza.

El resultado fue un espacio urbano pensado para realzar la presencia del Palacio Real y crear un entorno acorde con la importancia política y simbólica del edificio.

La estatua de Felipe IV

Uno de los elementos más reconocibles de la Plaza de Oriente es la estatua ecuestre de Felipe IV, situada en el centro de los jardines.

Esta escultura es famosa no solo por su valor artístico, sino también por su innovación técnica. Fue una de las primeras estatuas ecuestres del mundo en sostenerse únicamente sobre las patas traseras del caballo.

Para lograr este equilibrio, los escultores recurrieron a cálculos matemáticos inspirados en los estudios del científico Galileo Galilei.

Este detalle convierte la escultura en una pieza única dentro de la historia de la estatuaria europea. Con el paso de los años, la figura de Felipe IV se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles del paisaje urbano madrileño.

Las 20 estatuas de reyes

Otro de los elementos más curiosos de la Plaza de Oriente es la presencia de veinte estatuas de reyes españoles alineadas a ambos lados de los jardines.

Estas esculturas, realizadas en piedra caliza, representan a distintos monarcas de la historia de España, desde figuras medievales hasta representantes de la monarquía moderna.

Originalmente, las estatuas estaban destinadas a coronar la cornisa del Palacio Real. Sin embargo, finalmente se decidió colocarlas en la plaza.

Hoy forman parte del recorrido de los jardines y crean una especie de paseo histórico por la monarquía española.

Este conjunto escultórico aporta a la plaza un carácter ceremonial y refuerza su conexión simbólica con el Palacio Real.

Más allá de su valor histórico, la Plaza de Oriente también destaca por su diseño paisajístico. En el centro se encuentran los Jardines de Oriente, organizados con parterres geométricos, setos recortados y caminos que invitan a pasear.

A ambos lados del espacio principal se sitúan los Jardines de Lepanto y los Jardines de Cabo Noval, que amplían la superficie verde de la zona.

Este conjunto crea un interesante contraste entre la arquitectura monumental del entorno y el paisaje vegetal cuidadosamente diseñado.

Por esa razón, muchos madrileños utilizan la plaza como lugar de descanso o como punto de partida para recorrer el casco histórico.

La Plaza de Oriente forma parte del patrimonio histórico y urbano protegido de Madrid.

Aunque no está catalogada como monumento aislado, el conjunto arquitectónico y paisajístico se integra dentro del entorno histórico del Palacio Real y del centro monumental de la ciudad.

El Ayuntamiento de Madrid incluye este espacio en su catálogo de Patrimonio cultural y paisaje urbano, destacándolo como uno de los ejes turísticos más importantes del casco histórico.

Gracias a su ubicación, su historia y su diseño monumental, la Plaza de Oriente se ha consolidado como uno de los lugares imprescindibles para quienes visitan la capital.

Un enclave que demuestra que Madrid también posee espacios urbanos capaces de competir en belleza con algunas de las plazas más famosas de España.