Un gato socializando con un hombre.
Los veterinarios lo confirman: "Para lograr una socialización sin estrés no acaricies a tu gato mientras le des comida"
Para que un gato se adapte a un nuevo hogar puedes seguir estas pautas ya que una adecuada estructuración social es clave para su interacción con el entorno.
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"A menudo obviamos que nuestros felinos requieren completar un periodo de integración social", advierte Carlos Gutiérrez, especialista en clínica veterinaria de animales de compañía, mediante una intervención en YouTube.
El correcto desarrollo de la sociabilidad en los felinos constituye una disciplina poco visibilizada que, verdaderamente, exige un alto grado de compromiso y responsabilidad por parte de sus cuidadores.
"Alejándonos del mito popular que retrata a los gatos como individuos autosuficientes por completo, una adecuada estructuración social es clave para su interacción con el entorno, los humanos y otros congéneres, previniendo estados de tensión permanente".
La conducta felina se halla estrechamente ligada a los estímulos ambientales a los que se expone. Ahora bien, ¿en qué consiste exactamente socializar? Gutiérrez precisa que en ningún caso implica forzar el contacto.
Significa acompañar al animal para que tolere la convivencia con otros seres vivos (personas o mascotas) y los interprete como presencias inofensivas, garantizando que no perciba competencia por elementos esenciales como el alimento, el agua, los descansaderos o la bandeja higiénica.
"El procedimiento ha de ser progresivo, introduciendo los estímulos de manera pausada y procurando que las impresiones iniciales resulten placenteras", puntualiza el veterinario.
El espacio de resguardo ideal
Resulta imprescindible que el felino, especialmente al incorporarse a un nuevo hogar, disponga de un refugio seguro donde mantenga el control y tenga la certeza de que nadie irrumpirá para inquietarlo o arrebatarle sus enseres.
De entrada, el especialista sugiere que a lo largo de las primeras 48 o 72 horas únicamente un individuo mantenga interacción con el recién llegado para cimentar un vínculo de tranquilidad. "Preferiblemente un adulto, por poseer mayor discernimiento sobre cómo aproximarse a un animal".
Conviene guardar una distancia prudente, evitando conductas intrusivas. "Por ejemplo, al servirle la comida no se debe intentar acariciarlo de manera simultánea", aclara.
Los acercamientos de breve duración ofrecen mejores resultados. Si se accede a la estancia para suministrar alimento o limpiar la arena, lo oportuno es completar la tarea y retirarse a continuación.
Sesiones cortas de juego utilizando cañas facilitan el entrenamiento guardando las distancias. Bajo ningún concepto debe retenerse al felino en brazos ni sostenerlo en el aire como a un bebé, pues esto suele provocarle frustración.
El refuerzo positivo
El estímulo gratificante constituye una herramienta excelente para consolidar la afinidad. Cada vez que la mascota desempeñe una acción positiva, como acudir al encuentro, conviene recompensarla con un bocado sabroso, un juego o fricciones afectivas, en función de sus preferencias.
A los felinos les gratifica gestionar su entorno y desaprueban las contingencias. Disponer de pautas horarias estables para las tomas de comida o las dinámicas de juego les infunde seguridad y fortalece la imagen del hogar como un espacio protegido.
"Múltiples problemas de adaptación derivan de la ausencia de rutinas consolidadas". Por ello, el profesional matiza que el periodo de permanencia en la estancia segura variará según el temperamento de cada individuo.
Determinados ejemplares muestran mayor audacia y cogen confianza con presteza, mientras otros precisarán un margen más amplio. "Si un felino decide cruzar el umbral y demanda interacción desde las primeras jornadas, probablemente se encuentre capacitado para recorrer la vivienda".
El santuario de seguridad
Gutiérrez aconseja no abrir el acceso de la estancia de par en par, puesto que dicha acción podría desmantelar su espacio de confort. La mejor opción es mantener la puerta entreabierta para que sea el propio felino quien determine cuándo salir.
En última instancia, el primer paso le corresponde al animal. Si únicamente explora durante la noche, denota curiosidad por el entorno aunque prefiere hacerlo en soledad. Conforme gane presencia diurna, estará preparado para investigar el resto del inmueble y aproximarse a otros integrantes de la vivienda.
Será necesario recomendar al resto de los habitantes de la casa que mantengan una postura respetuosa sin agobiar a la mascota. "Resulta inconveniente perseguir al animal por las habitaciones. Nos interesa que desarrolle primero cierto grado de autonomía".
Cada individuo posee su propia índole
"Cada felino cuenta con una naturaleza singular; es preciso moldear el abordaje observando su respuesta frente a los estímulos que le presentamos". Durante el primer trimestre de vida operan como pequeñas esponjas y se muestran muy maleables ante las novedades.
La inclinación exploratoria les facilita el aprendizaje y les permite verificar que los estímulos no entrañan peligro. Pese a que en esta etapa el avance se acelera, resulta indispensable cubrir todas las etapas del proceso.
En esta fase vital se incrementan las probabilidades de una integración armoniosa con otros gatos residentes, dado que el ejemplar maduro no los interpretará como competidores. No obstante, Gutiérrez recalca con firmeza que nunca es tarde para estructurar la convivencia en un ejemplar adulto.
La lectura corporal
"Conviene examinar detenidamente las aproximaciones y descifrar la gestualidad para advertir estados de inseguridad o estrés". Las orejas replegadas o dispuestas hacia atrás, junto con la tensión en los vibrisas, constituyen señales claras.
Si la mascota no muestra una actitud receptiva —reflejada en orejas erguidas o la cola en posición vertical—, debe preservarse la distancia.
"No es realista exigir que el animal se muestre empalagoso, que demande atención constante o actúe como nuestra sombra. Existen felinos con un carácter más independiente y una conducta reservada".
Otros simplemente aprenden a convivir pacíficamente con la presencia humana sin requerir contacto físico continuo, un rasgo perfectamente natural que el experto encuadra dentro de la idiosincrasia felina.
Por último, el profesional señala que si las directrices generales no dan fruto y se evidencia un malestar acentuado —manifestado en bufidos, aislamiento o estancamiento tras dos o tres semanas—, procede consultar a un especialista en conducta felina o etólogo para recibir un diagnóstico personalizado.