Un perro con una piedra en la boca.

Un perro con una piedra en la boca. Cristina Villarino

Mascotario

Ya ha entrado en vigor: la ley no deja entrar a perros en las farmacias aunque son miembros de la familia

Un farmacéutico critica las contradicciones legales que enfrentan las farmacias españolas respecto al trato de las mascotas como miembros de la familia.

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Angelica Rimini
Publicada

El reciente marco regulatorio sobre protección animal ha sentado un precedente legal al otorgar a los animales de compañía la consideración de integrantes del núcleo familiar.

Sin embargo, el plano teórico de la norma choca con frecuencia con la dinámica cotidiana, sobre todo dentro del ámbito sanitario y de la dispensación de medicamentos.

Un especialista del sector farmacéutico ha puesto de manifiesto esta disonancia mediante una publicación en vídeo, detallando las incoherencias a las que plantan cara tanto el personal de salud como los cuidadores en su rutina diaria.

Empatía y sentido de la norma

Uno de los primeros focos de fricción abordados por el profesional radica en la entrada de las mascotas a las oficinas de farmacia. La citada Ley 7/2023 reconoce a los canes como miembros de pleno derecho en la unidad familiar.

Frente a las disposiciones municipales o sanitarias que limitan su presencia en recintos públicos, el experto lanza una consideración tan incisiva como elocuente: "¿Concebirías dejar a tu abuela aguardando en la acera mientras adquieres un analgésico?".

Desde la perspectiva de su propio local, el criterio resulta tajante, anteponiendo la comprensión y el espíritu integrador que busca la legislación: "En nuestro establecimiento no vamos a dejar a tu familiar esperando fuera, por descontado".

Tratamientos y desigualdades del sistema

Más allá del paso a los establecimientos, los inconvenientes de mayor calado aparecen al gestionar los fármacos de prescripción veterinaria. El profesional critica que, aun cuando la normativa demanda una prescripción oficial emitida por un veterinario, la red farmacéutica actual carece de la preparación requerida para atender las necesidades del mercado.

La coyuntura real, argumenta, es que "en las farmacias sufrimos de forma recurrente desabastecimiento de multitud de fármacos", un desabastecimiento que complica que los titulares cumplan con el mandato legal de velar por el bienestar físico de sus compañeros.

A esta traba logística se añade un evidente contrasentido en la parcela económica y tributaria española. El farmacéutico resalta la paradoja de que la administración otorgue un estatus superior al animal mientras grava su atención sanitaria con una carga fiscal más alta:

"Tu compañero es parte de la familia, de acuerdo, pero sus tratamientos tributan al IVA general mientras que los tuyos disfrutan del tipo reducido".

El engranaje no ha evolucionado al compás de la norma. Si el marco legislativo ha progresado para catalogar a las mascotas como miembros de nuestros hogares, la infraestructura sanitaria, las redes de distribución de fármacos y la fiscalidad aún precisan un importante proceso de equiparación.

La comunidad debe abordar la salud de los animales con idéntica diligencia, justicia y consideración que la de cualquier otro integrante de la vivienda.