Dolors Montserrat y su perra Daisy.

Dolors Montserrat y su perra Daisy.

Mascotario

Dolors Montserrat es política y encontró un refugio en su perra: "Siempre repito que el destino nos quería juntas"

La portavoz de los Populares en Europa encuentra en su Bichón Maltés la paz y el equilibrio necesarios tras las intensas jornadas de negociación en Bruselas.

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Para Dolors Montserrat, la política europea es un tablero de alta intensidad que no admite pausas. Sin embargo, al cruzar el umbral de su casa, el ritmo frenético del Parlamento se detiene ante la presencia de Daisy, una Bichón Maltés de nueve años que es mucho más que una compañía.

"Siempre repito que el destino nos quería juntas", confiesa Dolors, subrayando una conexión casi mística: Daisy nació un 17 de septiembre, solo un día antes que ella. "Muchas veces me veo reflejada en ella; es como mi espejo".

En el universo personal de la política catalana, Daisy ha dejado de ser una mascota para convertirse en un miembro de pleno derecho de la familia, un cambio de perspectiva que llegó de la mano de su hijo.

"Para él ha sido como una hermana pequeña. Verlos jugar cambió mi forma de mirarla". Desde entonces, esta pequeña perra de "personalidad enorme" se ha vuelto inseparable de Dolors, hasta el punto de acompañarla en desafíos que rozan lo novelesco.

Con una sonrisa, Montserrat recuerda su mayor aventura clandestina: "La escondí en el bolso, poniendo mi chaqueta encima, y entramos juntas a los invernaderos de la Casa Real belga. Nadie lo notó, es casi invisible".

La lealtad de Daisy no entiende de protocolos ni de distancias físicas. Es, en palabras de su dueña, una "sombra dulce" que reclama su lugar en el sofá o a los pies de la cama. "Si pudiera hablar, me diría que no estuviera tanto fuera de casa, que preferiría que nos quedáramos para protegernos", reflexiona Dolors para Mascotario.

Esa capacidad de protección se vuelve casi humana en los momentos de vulnerabilidad. "Tiene un instinto especial. Cuando mi hijo o yo estamos enfermos, no se despega ni un minuto. Nos mira como si estuviera velándonos; es una lealtad pura, como la de los padres hacia los hijos".

En Bruselas, donde las negociaciones pueden alargarse hasta la madrugada, Daisy es el interruptor que apaga el estrés.

"Cuando abres la puerta a las tres de la mañana y llegas derrotada, ella está allí para saludarte. Su cariño quiebra cualquier resistencia", explica la portavoz del PPE.

Esa entrega sin matices es lo que más admira de su compañera: "Me supera en la incondicionalidad. Los humanos ponemos condiciones a nuestros afectos; Daisy no". Si el mundo no tuviera límites logísticos, Dolors trabajaría siempre con ella a sus pies, incluso en su despacho del Parlamento.

Su historia juntas, que bien podría titularse inspirándose en la capacidad sanadora de los animales —como en la obra de Helen McDonald—, es un pacto de fidelidad absoluta. Una relación que se mueve al ritmo de La Promesa de Melendi, la canción que para Dolors define su vínculo: una lealtad inquebrantable y el compromiso de envejecer juntas.

Al final, la esencia de estos nueve años se resume en una transformación personal que Dolors Montserrat abraza con orgullo.

Como ella misma reconoce, su vida ha cambiado por completo bajo el mando de su pequeña reina blanca: "Desde que llegó, yo he aprendido a negociar con croquetas, pierdo siempre espacio en el sofá y tengo una amiga inseparable".