Un galgo en un chenil.

Un galgo en un chenil. Istock

Mascotario

Es oficial: La Ley 7/2023 prohíbe al "vampiro de Humanes" volver a ejercer como veterinario con 14 meses de prisión

En 2024, este falso veterinario torturó a cientos de perros y volvió a matricularse a pesar de estar inhabilitado por la Audiencia Provincial de Madrid.

Más información: Estados Unidos endurece las normas: los condenados por delitos de crueldad animal no podrán volver a tener mascota

Publicada

Luis Miguel V. F., conocido como el "vampiro de Humanes", se hizo famoso por extraer sangre de perros y otros animales hasta dejarlos exhaustos o muertos, para venderla a clínicas veterinarias.

Esta historia, que vuelve ahora a la actualidad al intentar reinsertarse en el entorno universitario de Veterinaria, produce una mezcla de indignación y miedo en cualquier persona que conviva con animales.

Para quienes convivimos con perros y gatos, y para quienes trabajamos en el mundo animal, la pregunta es inmediata: ¿de verdad es posible que alguien así vuelva a operar?

La respuesta jurídica es clara: hoy la ley española ofrece herramientas muy contundentes para impedir y castigar estas prácticas. El problema no es la ausencia de normas; es que se apliquen con rigor y sin fisuras.

La reforma de 2023

Desde la reforma de 2023, el maltrato animal tiene un título propio en el Código Penal y ya no es una cuestión menor. Se castiga penalmente causar a un animal lesiones graves o la muerte mediante cualquier medio, especialmente cuando hay ánimo de lucro o ensañamiento.

Convertir el sufrimiento de perros y gatos en un negocio puede llevar a la cárcel. La extracción de sangre hasta provocar la muerte, de forma reiterada y con fines económicos, encaja de lleno en esa definición de maltrato grave.

No hablamos de un error puntual, sino de un modelo de negocio que convierte a los animales en material fungible: se les exprime hasta la última gota de sangre y después se desechan. La propia lógica de este sistema es incompatible con el mandato penal de evitar el sufrimiento innecesario y la muerte cruel.

A esto se suma otra pieza clave: las inhabilitaciones. Cuando un juzgado prohíbe a una persona trabajar con animales o ejercer profesiones relacionadas con ellos, reincidir no es solo una mala idea ética; puede ser un delito de quebrantamiento de condena o de medida cautelar.

La ley no solo castiga el daño pasado, también intenta prevenir el futuro alejando a personas peligrosas de cualquier actividad con animales.

La vida y la sangre no se explotan

La Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales establece un principio claro: hay que evitar dolor, miedo, angustia y sufrimiento innecesario a los animales, y prohíbe su sacrificio salvo por motivos estrictamente veterinarios, con métodos humanitarios y por personal cualificado.

Lo que vimos en el caso de Humanes es lo contrario: animales mantenidos en condiciones dudosas, extraídos hasta el límite y sin interés alguno en su salud o su vida.

Con la regulación actual del maltrato animal, por cada delito agravado con muerte las penas pueden situarse en torno a 12 a 24 meses de prisión y varios años de inhabilitación especial para trabajar con animales y para su tenencia.

La cara que sí es legal

Es importante diferenciar: la medicina veterinaria necesita sangre. Perros y gatos también sufren accidentes, cirugías complejas, anemias graves. Por eso existen bancos de sangre y servicios veterinarios que funcionan de manera completamente ética.

Animales donantes sanos, controles veterinarios, volúmenes seguros de extracción, protocolos estrictos y transparencia con sus cuidadores. En estos programas, la sangre se extrae para salvar vidas, no para destruirlas.

El bienestar del animal donante está en el centro de la práctica, y cualquier intervención se realiza bajo supervisión profesional, en entornos regulados y con responsabilidad clara. La ley no prohíbe la donación ni el uso de sangre en veterinaria; prohíbe hacerlo a costa de la vida y del sufrimiento de los animales.

El "vampiro de Humanes" se ha convertido en un símbolo incómodo de algo que va más allá de una persona concreta. Necesitamos más vigilancia, más coordinación entre juzgados y administraciones.

Más conciencia en el sector veterinario para que ninguna clínica ni profesional se convierta en cliente —aunque sea sin saberlo— de una explotación basada en el maltrato.