Lia con los niños del Centro Especial Infanta Elena de Madrid.

Lia con los niños del Centro Especial Infanta Elena de Madrid. A.R.

Mascotario

Lia, la perra que ayuda a alumnos con discapacidades: así empiezan los niños a hablar con este golden retriever

Estas sesiones benefician a alumnos con discapacidades motoras graves, mejorando su motivación, comunicación y relajación física.

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El Centro Público de Educación Especial Infanta Elena ha puesto en marcha un emotivo y prometedor proyecto piloto de intervenciones asistidas con animales que está dejando una huella imborrable tanto en los alumnos como en las familias y el equipo docente.

A través del contacto directo con perros especialmente entrenados, estudiantes con diversas necesidades educativas especiales están experimentando notables mejoras en su comunicación, psicomotricidad y bienestar emocional.

Según explica Carlota Blanco Fernández, directora del centro, el programa involucra actualmente a tres clases de educación infantil especial, donde aproximadamente el 90% del alumnado presenta Trastorno del Espectro Autista (TEA) con discapacidad intelectual asociada.

Además, participan dos aulas dedicadas a la estimulación basal, formadas por alumnos "grandes dependientes" que presentan plurideficiencias, combinando discapacidad motora e intelectual severa.

Para adaptarse a las necesidades de cada perfil, las sesiones están cuidadosamente estructuradas. "Por grupo hay seis alumnos", detalla la directora, aunque en educación infantil se han reducido a cuatro niños por sesión debido a su gran nivel de movimiento.

Por otro lado, con los alumnos de estimulación basal, el abordaje es mucho más íntimo: la terapia se realiza a nivel individual, sacando a los jóvenes de sus sillas de ruedas para tumbarlos en una camilla junto al perro, logrando así un contacto directo.

Detrás de la intervención

El éxito de esta iniciativa no sería posible sin el trabajo de las técnicas en intervenciones asistidas Belén Soto Cañabate y Ana Alonso Jimena. Acompañadas de perras como Lía, un animal de cinco años entrenado desde cachorro para ser "súper equilibrado", estas expertas guían las interacciones socioeducativas.

Las técnicas destacan la versatilidad de estas intervenciones, donde se trabaja "memoria, atención, psicomotricidad, relaciones, concentración, empatía y habilidades sociales". Uno de los mayores beneficios es el componente lúdico, que camufla el esfuerzo físico o mental del alumno.

Lia, la perra que ayuda a los niños con TEA.

Lia, la perra que ayuda a los niños con TEA. A.R.

"Una terapia normal, convencional, no motiva tanto como el simple hecho de cepillar al perro. Estás haciendo lo mismo que puedes hacer estirando el brazo, pero no te motiva más porque ves un efecto directo; no se dan cuenta de que están trabajando", explica Jimena.

Además, el bienestar del animal es una prioridad absoluta. Las expertas aseguran que los perros viven con ellas como animales de familia, como Lia la Golden Retriever que nos acompaña hoy, y cuentan con periodos estrictos de descanso tras sus sesiones de trabajo, garantizando que el perro esté cómodo y disfrute del proceso.

Resultados emocionantes

A pesar de ser un proyecto piloto compuesto inicialmente por dos días de talleres, los efectos han sido inmediatos y conmovedores. Carlota Blanco describe la primera sesión con los alumnos de estimulación basal como "la más emocionante".

"Realmente lo que vimos fueron signos físicos que muchas veces es difícil de conseguir cuando hay una gran espasticidad: el conseguir esa relajación, el conseguir que ellos de manera voluntaria intenten alargar sus brazos para tocar y acariciar al perro".

El impacto emocional fue tal que afloraron sonidos inesperados: "Niños que a lo mejor durante todo el día no oyes su voz, al tener el perro cerca la emoción es tan grande que están constantemente haciendo vocalizaciones. Les cambia la expresión de la cara".

En el caso de los alumnos con TEA, el perro se ha revelado como un "elemento motivacional impresionante". Su presencia fomenta que los niños utilicen sistemas aumentativos y alternativos de comunicación, respeten los turnos y aumenten su capacidad de atención.

Además, se ha notado una drástica disminución del estrés. Mientras que en las aulas tradicionales a veces surgen crisis o conductas disruptivas, durante las intervenciones con los animales los alumnos se muestran "completamente concentrados en el perro, tranquilos y con conductas más adaptativas".

Mirando hacia el futuro

El impacto de estos talleres asistidos con animales, nacidos de la colaboración de Purina España y Dogtor Animal, ha generado un gran entusiasmo en toda la comunidad educativa. Las familias están "superemocionadas" e incluso aquellas que no entraron en esta fase piloto ya están solicitando participar.

Ante estos resultados tan esperanzadores, el equipo directivo tiene clara su meta. "Ese es nuestro objetivo prioritario: que el proyecto sea sostenible en el tiempo, poder hacerlo de manera habitual y, sobre todo, ampliarlo a todo el colegio", concluye Carlota Blanco, con la esperanza de que estas huellas terapéuticas se conviertan en una parte fundamental del día a día en el Centro Infanta Elena.