Una persona acaricia a un gato.

Una persona acaricia a un gato. E. E.

Ciencia

Los veterinarios coinciden: las personas que besan a sus gatos en exceso están alterando las rutinas de su mascota

Entradilla: La forma en que un gato responde a las caricias puede revelar si realmente disfruta del contacto físico con su familia.

Más información: Nerea, albañila: "Me han tenido 5 horas con el martillo neumático de arriba a abajo; se me caen los brazos"

J. Rodríguez
Publicada
Las claves

Las claves

Los veterinarios advierten que besar y abrazar en exceso a los gatos puede alterar sus rutinas y resultar molesto para algunos felinos.

Los gatos no interpretan los besos y abrazos como muestras de afecto, ya que no forman parte de sus interacciones habituales entre ellos.

Algunos gatos pueden disfrutar del contacto físico si lo asocian con experiencias agradables, mientras que otros muestran señales de incomodidad y prefieren mantener distancia.

Respetar las señales del gato y no forzar el contacto es fundamental para no interferir en su bienestar y mantener una buena convivencia.

Los gatos no entienden los besos y abrazos como lo hacen las personas, por lo que llenarles de muestras físicas de cariño puede resultar agradable para algunos, pero molesto para otros.

Carlos Gutiérrez, veterinario del canal Mascotas y familias felices, explica que existe una frontera muy fina entre mimar correctamente a un gato y excederse con atenciones que terminan interfiriendo en su vida.

Según el veterinario, mimar demasiado a un felino puede adoptar varias formas: ofrecerle demasiados premios, responder siempre a sus maullidos o incluso levantarse de madrugada para ponerle comida cuando la reclama.

La otra posibilidad consiste en abusar del contacto físico mediante besos, abrazos, caricias constantes o levantándolo para llevarlo en brazos por casa. El problema aparece cuando esas muestras interfieren con sus necesidades cotidianas.

Los gatos no interpretan inicialmente los besos y abrazos como demostraciones de afecto porque no forman parte de sus relaciones habituales. Entre ellos tampoco existe un comportamiento equivalente que permita entenderlos de esa manera.

Un signo extraño

Ni siquiera el acicalamiento mutuo puede equipararse a un beso entre personas, ya que, según Gutiérrez, el lamido también puede estar relacionado con la posición que ocupa cada animal dentro de la jerarquía social.

Sin embargo, la convivencia modifica esa relación. Un gato puede aprender con el tiempo que los besos y abrazos de su persona forman parte del cariño, especialmente cuando después llegan caricias y otras experiencias agradables.

Hay felinos que disfrutan claramente de esos momentos: ronronean, permanecen tranquilos, se acercan con la cabeza, se frotan contra su humano e incluso pueden imitar algunas muestras mediante el lamido.

Otros gatos, en cambio, toleran mal ese contacto. Pueden tensarse, aplanar las orejas, mantener los bigotes rectos, apartar la cabeza o empujar con una pata para pedir que termine la interacción.

Por eso, si un gato responde de manera afectuosa a los besos y abrazos, estas muestras pueden mantenerse, pero siempre dentro de un límite. No conviene convertirlas en una atención constante.

Despertarlo repetidamente de sus siestas para besarle o abrazarle puede acabar molestándolo y alterando sus actividades diarias. En los gatos que prefieren distancia, Gutiérrez recomienda directamente respetar esa necesidad.

El contacto estrecho también puede favorecer la relación y ayudar a que algunos gatos se acostumbren a sus personas, siempre que sean animales sociables y toleren bien ese tipo de interacción.

Además, estar muy pendiente del felino permite detectar antes posibles problemas de salud o comportamientos anómalos y facilita saber cuándo puede necesitar una visita al veterinario, reforzando su consideración como miembro familiar.

Cuando el exceso se mantiene y el gato no lo disfruta, sus rutinas pueden cambiar: un animal que antes descansaba confiado en el sofá puede acabar buscando refugio debajo de una cama.