Enric Mas celebra la victoria en la novena etapa de LaVuelta.

Enric Mas celebra la victoria en la novena etapa de LaVuelta. EFE

La Vuelta

Enric Mas se lleva la victoria en el Alto de Aitana y abre brecha en el liderato de La Vuelta

El de Movistar superó con nota su primer gran examen como lídern, no solo resistió en Aitana, sino que tomó la iniciativa y dejó claro que el maillot rojo no le queda grande.

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Enric Mas afrontó el Alto de Aitana con una misión mucho más ambiciosa que la de conservar el maillot rojo. El líder del Movistar Team superó con nota el primer gran desafío desde que heredó el liderato tras la retirada de Tadej Pogacar y, sobre todo, lanzó un mensaje inequívoco al resto de favoritos: está dispuesto a pelear por la victoria final.

La novena etapa era uno de esos días marcados en rojo desde antes de comenzar LaVuelta. El recorrido, de 187,4 kilómetros, acumulaba más de 5.000 metros de desnivel positivo y seis ascensiones puntuables.

Una auténtica sucesión de dificultades que llevó al pelotón por las montañas alicantinas antes de afrontar el gran juez de la jornada: un Aitana de 22 kilómetros que debía poner a prueba las piernas de los hombres de la general.

La jornada también representaba un punto de inflexión en la carrera. Era la primera etapa sin Pogacar y la primera en la que Mas partía vestido de rojo. Movistar asumió buena parte del peso de la persecución mientras una fuga muy numerosa conseguía abrir hueco.

Pavel Sivakov, Marcel Camprubí, Santiago Buitrago, Valentin Paret-Peintre, Urko Berrade y Raúl García Pierna fueron algunos de los nombres que consiguieron filtrarse.

Los escapados llegaron a disfrutar de una ventaja próxima a los cinco minutos. Buitrago volvió a aprovechar la oportunidad para reforzar su posición en la lucha por la montaña, mientras otros corredores intentaban mover la carrera en las distintas ascensiones.

Camprubí y Sivakov llegaron incluso a enlazar con los hombres de cabeza antes de iniciar la subida definitiva. Para Movistar, además, la presencia de García Pierna ofrecía una carta interesante de cara al tramo final.

Sin embargo, Decathlon-AG2R La Mondiale decidió asumir el control. El conjunto de Felix Gall comenzó a endurecer la marcha del pelotón y redujo progresivamente la diferencia con la escapada. La lectura era clara: el austríaco quería comprobar hasta dónde podía llevar a Enric Mas.

Aitana pone a prueba al líder

La ascensión comenzó con 22 kilómetros por delante y una pendiente media del 5,8%. El ritmo impuesto por Decathlon fue seleccionando el grupo de favoritos hasta dejar fuera a corredores de enorme peso, entre ellos Carlos Rodríguez y Sepp Kuss, que cedieron cuando todavía faltaban siete kilómetros para la llegada.

Movistar también perdió efectivos y Mas terminó teniendo que afrontar el tramo decisivo prácticamente sin compañeros. Enfrente tenía a un Decathlon que había trabajado durante toda la subida para preparar el terreno a su líder. Pero el mallorquín no dio ninguna muestra de debilidad.

El primer ataque de Gall llegó a 6,5 kilómetros de la meta. Mas reaccionó inmediatamente y se colocó a su rueda sin aparentar grandes dificultades. Primoz Roglic, Oscar Onley y Richard Carapaz también lograron responder, aunque la falta de acuerdo entre los favoritos provocó un nuevo momento de calma.

Carapaz trató entonces de aprovechar la situación y lanzó su propio movimiento para marcharse en busca de la victoria de etapa. Tampoco consiguió abrir una diferencia decisiva. La carrera entraba en su fase definitiva y Mas empezaba a adoptar un papel cada vez más protagonista.

Mas cambia el mensaje

El líder de Movistar dejó atrás la actitud conservadora que podía esperarse de un corredor obligado a defender el maillot rojo. En lugar de limitarse a responder, comenzó a intervenir activamente en la carrera.

Cerró el hueco con Onley cuando el británico salió en persecución de Carapaz y respondió también a otros movimientos que amenazaban con romper el grupo.

A falta de cuatro kilómetros, el maillot rojo ya era uno de los principales protagonistas de la batalla por la etapa y, al mismo tiempo, de la clasificación general.

El movimiento definitivo llegó a 2,8 kilómetros de la llegada. Mas atacó de verdad. No esperó a que otro favorito asumiera la responsabilidad ni buscó simplemente seguir ruedas. Aceleró con fuerza y consiguió marcharse junto a Oscar Onley, mientras Gall comenzaba a perder terreno.

Roglic, todavía con opciones, intentó regresar desde atrás. Cuando consiguió alcanzar al dúo de cabeza, Mas volvió a tensar la carrera. El esloveno no cedía y Onley tampoco daba su brazo a torcer. Gall ya estaba a unos 30 segundos y cada segundo podía tener consecuencias importantes para la general.

Un líder que quiere más

La imagen de Enric Mas en Aitana fue muy diferente a la de un corredor preocupado únicamente por conservar el liderato. El balear atacó, respondió y asumió responsabilidades cuando la carrera más lo exigía. Por primera vez desde que se vistió de rojo, la sensación era que no estaba defendiendo una ventaja: estaba intentando ampliarla.

Onley resistió sus acelerones y llegó junto a él al último kilómetro. Roglic continuaba intentando cerrar el hueco y Gall luchaba por limitar las pérdidas. La llegada se convirtió así en el escenario de una batalla entre corredores que ya no solo luchaban por la etapa, sino por cambiar el aspecto de la clasificación general.

Aitana tenía que responder a una pregunta: ¿estaba Enric Mas preparado para llevar La Roja hasta Madrid? La respuesta del mallorquín fue contundente. No solo resistió la presión de los favoritos. También tomó la iniciativa cuando tuvo la oportunidad.

Después de la retirada de Pogacar, LaVuelta buscaba un nuevo protagonista. En el Alto de Aitana, Enric Mas dio un paso al frente. El maillot rojo ya no parece una herencia: empieza a parecer suyo.