Neus Candela, veterinaria, con un perro.

Neus Candela, veterinaria, con un perro. GV Comunicación

Mascotario

Una veterinaria confirma que cada animal es distinto y que las recomendaciones universales funcionan en muy pocos casos

La experta Neus Candela analiza el fenómeno del crecimiento de la divulgación sobre salud animal, explicando la mejor forma para comunicar.

Más información: Marta Escorsa Baqués, veterinaria: "Esta primavera será delicada para los perros porque podrán mostrarse irritables"

Angelica Rimini
Publicada

En los últimos años, la divulgación sobre salud animal ha experimentado un crecimiento sin precedentes, especialmente en redes sociales. Veterinarios, educadores, auxiliares y otros profesionales del sector han encontrado en estas plataformas un espacio para compartir conocimientos, desmontar mitos y promover prácticas responsables.

Gracias a ello, muchos tutores se sienten hoy más informados y conscientes de las necesidades reales de sus animales de compañía.

Sin embargo, junto a este avance positivo, surge una reflexión necesaria: ¿hasta qué punto la información que se difunde realmente educa, y cuando empieza a generar miedo?

"Si observamos gran parte del contenido que circula hoy sobre salud animal, los mensajes son simples: 'esto es peligroso', 'esto no debe hacerse', 'esto es lo correcto'", afirma Neus Candela, veterinaria.

Un tono alarmista

En la búsqueda de visibilidad y engagement, algunos mensajes adoptan un tono alarmista que, aunque capten la atención, pueden provocar ansiedad y sensación de incompetencia en los tutores. Advertencias contundentes, prohibiciones tajantes o recomendaciones universales.

La experta entiende por qué esto ocurre. Cuando se comunica medicina fuera de la consulta, el contexto se pierde y existe el miedo a que la información se malinterprete.

"Por esto, muchos creen que la mejor forma de evitar problemas es dar mensajes muy simples y directos". Pero, según ella, la realidad es que la medicina veterinaria rara vez funciona así.

Ella siempre intenta no comunicarse desde el miedo. "Pienso que la persona que me escucha tiene criterio, puede entender argumentos y tomar decisiones informadas si se le explican bien las cosas".

Abrir matices

Candela cuenta que esto no siempre es bien recibido dentro del propio sector, porque hay quien piensa que "abrir matices o explicar distintas posibilidades puede resultar arriesgado". Para ella es justo lo contrario.

La medicina veterinaria es una realidad que no se puede simplificar con mensajes absolutos, porque casi nunca es blanco o negro. "Cada animal tiene un contexto, una edad y una situación clínica distinta. Las recomendaciones universales funcionan en muy pocos casos".

Un ejemplo claro, indica, es el debate sobre la alimentación cruda en perros y gatos. Durante años, gran parte de la comunicación pública sobre este tema se ha centrado en advertir del riesgo de bacterias o parásitos.

"Es un riesgo que existe, pero también es cierto que es muy bajo y que la discusión científica es mucho más amplia". En su opinión, cuando solo comunicamos el peligro, dejamos fuera del debate otros factores importantes como el manejo, la calidad del alimento o los posibles beneficios.

Limitar la capacidad de comprender

"Y cuando la información se presenta solo desde el miedo, lo que estamos haciendo en realidad es limitar la capacidad de los tutores para comprender y decidir". Cree que el papel del veterinario en la comunicación con los tutores debería ir mucho más allá de indicar qué hacer o imponer decisiones.

"Nuestra verdadera función no es decidir por ellos, sino ofrecer la información necesaria, explicar las opciones, los riesgos y los beneficios, para que puedan tomar decisiones conscientes sobre la salud y el bienestar de sus animales".

En última instancia, el responsable del animal es su tutor, y el rol del profesional medico consiste en acompañar ese proceso con conocimiento, empatía y criterio profesional. Además, este tipo de comunicación tiene un efecto directo en la relación con las
familias.

Muchas personas sienten que se les habla como si no fueran capaces de entender nada. Y cuando eso ocurre, en lugar de generar confianza, lo que se genera muchas veces es distancia.