Un señor dando de comer a las palomas.

Un señor dando de comer a las palomas. Istock

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Confirmado por la ciencia: el pollo del supermercado provoca 675.000 veces más infecciones que las palomas

Los datos desmienten los mitos de que las palomas son portadoras de enfermedades, ya que no presentan un riesgo para los seres humanos.

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"'Las palomas son sucias, peligrosas y transmiten muchas enfermedades' es la excusa número uno de mucha gente para lastimarlas u odiarlas", afirma el colectivo animalista La Quinta Pata en un post de Instagram. "Pero esto no es, en absoluto, cierto".

Las palomas no representan, en condiciones normales, un riesgo elevado para los seres humanos; no mayor que el de otros animales domésticos o de los alimentos de origen animal, siempre que hablemos de personas sanas.

De hecho, en Health hazards posed by feral pigeons, de Daniel Haag-Wackernagel y Hans Moch, se ha descrito que las palomas pueden portar alrededor de 60 patógenos capaces de afectar a las personas.

Sin embargo, se ha documentado también que solo 7 de esos patógenos se han transmitido efectivamente a seres humanos, y la mayoría de ellos lo hace muy rara vez.

2 o 3 casos al año

Esta revisión de la literatura científica recoge el periodo de 1941 a 2003, se registraron 176 casos de enfermedades humanas vinculadas a palomas urbanas en todo el mundo. Eso equivale aproximadamente a un promedio de entre 2 y 3 casos al año a nivel mundial.

De esos 176 casos, solo se notificaron 13 muertes, casi todas en personas con el sistema inmunitario gravemente comprometido. En contraste, las aves de corral y el pollo que se venden en el supermercado se contaminan con Salmonella con mucha más frecuencia.

Los datos de seguridad alimentaria en Estados Unidos estiman unas 1,35 millones de infecciones por Salmonella al año que se atribuyen al pollo y otros productos procedentes de las aves.

Además, los estándares oficiales permiten que hasta un 25% de algunas categorías de productos de pollo (como carne de pollo picada) den positivo a Salmonella sin que se retiren del mercado.

Mientras que, en cuanto a las enfermedades transmisibles por palomas, solo se han documentado esos 176 casos en 62 años en todo el mundo, las infecciones asociadas al consumo de pollo contaminado se cuentan por cientos de miles cada año solo en Estados Unidos.

Por tanto, el riesgo de enfermar por el contacto cotidiano con palomas urbanas es muy bajo en comparación con el riesgo de contraer una infección alimentaria por pollo mal manipulado o mal cocinado, especialmente en personas sanas.

Los enemigos reales

Las palomas no son, por tanto, las responsables de una gran carga de enfermedad en humanos; de hecho, la evidencia indica que son un reservorio de patógenos, pero con una transmisión a personas muy poco frecuente, salvo en contextos de hacinamiento, suciedad extrema o en personas muy vulnerables.

En cambio, nuestras actividades –contaminación, acumulación de basura y restos de comida de baja calidad– contribuyen a empeorar la salud de las palomas y a favorecer que se concentren en entornos insalubres.

"Respétalas, no les temas en exceso: se han adaptado a vivir en nuestras ciudades y merecen que las tratemos con cierta amabilidad", afirman desde el colectivo.

Las palomas son animales muy adaptables, que han sido históricamente mensajeras y usadas incluso en contextos de guerra, y que, según la literatura científica disponible, no suponen un riesgo mayor para tu salud que muchos otros animales con los que convivimos a diario, siempre que haya unas mínimas condiciones de higiene.