Otra imagen del futuro Palacio de la Ópera de Málaga.
La primera gran batalla técnica del Auditorio de Málaga: excavar 30 metros junto al mar antes de levantar el edificio
La obra del futuro equipamiento de San Andrés comenzará con una compleja fase de excavación y cimentación antes de que empiece a emerger el edificio diseñado por Federico Soriano y Agustín Benedicto.
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El futuro Auditorio de la Música de Málaga empezará a construirse mucho antes de que los malagueños puedan reconocer su característica silueta azul junto al mar.
La primera gran batalla de la obra estará bajo tierra. Antes de que el edificio diseñado por Federico Soriano y Agustín Benedicto comience a elevarse sobre la dársena de San Andrés será necesario ejecutar una compleja operación de excavación y cimentación que llevará la construcción hasta unos 30 metros de profundidad.
Es uno de los elementos que mejor permite entender la dimensión real del proyecto que ahora ha entrado en fase de contratación. El complejo superará los 30.000 metros cuadrados y tendrá capacidad para cerca de 2.000 espectadores.
El contrato engloba el edificio del Auditorio, el aparcamiento subterráneo, los accesos, la urbanización del entorno y el desvío de los servicios afectados, además de toda la complejidad propia de un equipamiento escénico de estas características.
La primera parte del Auditorio será precisamente la que nadie llegará a ver. La construcción tendrá que afrontar una importante fase de excavación y cimentación antes de que el edificio pueda empezar a emerger sobre el terreno.
La profundidad prevista, de alrededor de 30 metros, da una idea de la dimensión de la operación y de las condiciones que debe resolver el proyecto para levantar un equipamiento de estas características junto al litoral.
La cimentación será la encargada de transmitir al terreno las cargas de la estructura y garantizar su estabilidad. Pero la complejidad no termina ahí.
La parcela se encuentra en un entorno próximo al mar, lo que obliga a prestar especial atención a las condiciones del terreno, la presencia de agua, la durabilidad de los materiales y la protección de los elementos constructivos.
Es decir, antes de que aparezca el característico azul del Auditorio habrá una larga fase de obra prácticamente invisible. Después, la estructura empezará a crecer hacia arriba hasta convertir las cotas enterradas en el edificio que finalmente verá Málaga.
Su envolvente azul
La fachada no será simplemente un recurso estético. La piel exterior tendrá que cumplir simultáneamente varias funciones: proteger el edificio, controlar las condiciones ambientales de su interior y resistir la exposición de un inmueble situado junto al mar.
La envolvente adquiere así una importancia especial. El proyecto arquitectónico plantea un edificio que no pretende comportarse como una pieza aislada, sino establecer una relación directa con el frente marítimo y con el paisaje urbano de Málaga.
El Auditorio se incorpora a una zona de la ciudad en transformación y busca construir una nueva referencia en el extremo oeste del centro urbano. De ahí que la relación visual con Málaga tenga un peso importante en la concepción arquitectónica.
Detrás de la imagen hay también una cuestión mucho más práctica: el comportamiento energético del edificio.
El proyecto contempla soluciones destinadas a controlar la radiación solar y las condiciones térmicas interiores. En un edificio de esta escala, reducir la entrada de calor no es una cuestión menor: afecta directamente a las necesidades de climatización y, por tanto, al consumo energético durante décadas.
La envolvente tendrá que trabajar junto al resto de instalaciones para mantener unas condiciones adecuadas en espacios muy diferentes: desde grandes vestíbulos y zonas públicas hasta las salas de conciertos, camerinos, espacios técnicos y áreas de trabajo.
La piel exterior será la primera barrera de un edificio que tendrá que controlar constantemente temperatura, humedad, ventilación y calidad ambiental interior.
Y también tendrá que sobrevivir al mar. La ubicación añade otro condicionante. Construir junto al Mediterráneo significa exponer fachadas, estructuras, elementos metálicos y otros componentes a un ambiente marítimo. La selección de materiales y los sistemas de protección adquieren por ello una importancia especial.
Ese es uno de los motivos por los que los materiales y sistemas constructivos adquieren tanta importancia en un proyecto que, por su propia naturaleza, tendrá además un mantenimiento especialmente complejo.
Dos salas dentro de una gran máquina cultural
El corazón del edificio estará en su interior. El Auditorio Principal tendrá capacidad para alrededor de 1.900 espectadores, mientras que el proyecto incorpora además una Sala de Cámara con una escala mucho menor.
La idea permite que el edificio pueda albergar actividades de diferentes dimensiones y características sin depender siempre de la gran sala.
A ello se añaden espacios de ensayo, camerinos, zonas de administración, áreas de servicio, espacios técnicos, vestíbulos y zonas destinadas al público.
Por detrás del escenario se encuentra otra de las grandes infraestructuras del proyecto. La maquinaria escénica permitirá mover elementos, preparar los espectáculos y adaptar el escenario a las necesidades de cada producción. A ella se sumarán los sistemas de iluminación, sonido, instalaciones eléctricas y climatización.
La dimensión económica de estas instalaciones da una idea de su importancia. La maquinaria escénica representa una de las partidas singulares del proyecto, con un presupuesto de ejecución material superior a 20 millones de euros, mientras que las instalaciones de electricidad e iluminación superan los 11 millones.
La acústica también se construye
Hay otro elemento que será prácticamente invisible cuando el edificio abra sus puertas: la acústica. En un Auditorio, las paredes, techos, revestimientos y volúmenes interiores no se eligen únicamente por razones estéticas. Su geometría y sus materiales condicionan cómo viaja el sonido por la sala.
El proyecto tiene que conseguir que la música llegue al público con las condiciones adecuadas y, al mismo tiempo, evitar que los sonidos del exterior o de otras zonas del edificio interfieran en la experiencia.
Eso obliga a trabajar con sistemas de aislamiento, absorción y difusión acústica integrados en la propia arquitectura.
La misma lógica se aplica a las instalaciones. El futuro edificio tendrá que mantener unas condiciones ambientales muy diferentes según el espacio. No necesita el mismo tratamiento una sala llena de espectadores que un camerino, un espacio de ensayo, un almacén o una zona técnica.
La climatización, ventilación, electricidad, iluminación y protección contra incendios tendrán que integrarse en un edificio donde cada centímetro está condicionado por la acústica y la actividad escénica.
Los vestíbulos y espacios de circulación tendrán además una función importante: serán la transición entre la ciudad y las salas.
El Auditorio incorpora espacios de encuentro, circulación y estancia que forman parte de la experiencia del edificio. Un edificio que tiene que funcionar cuando entren 1.905 personas
Y ahí aparece otro reto menos visible: mover a miles de personas dentro del edificio. Los recorridos de espectadores, artistas, trabajadores y mercancías tienen que estar organizados para evitar interferencias.
El público tendrá sus itinerarios de acceso y evacuación. Los artistas necesitarán acceder a camerinos y escenarios. Los equipos técnicos tendrán que entrar y salir de las zonas de carga y descarga. Y todo ello deberá funcionar simultáneamente durante un espectáculo.
Del Auditorio a la ciudad
El contrato incluye los accesos, la urbanización del entorno, el aparcamiento y las actuaciones necesarias sobre los servicios existentes. El proyecto contempla además diferentes conexiones con el exterior y actuaciones vinculadas al paseo Antonio Machado.
Es la última pieza del viaje: sacar el Auditorio de sus propias paredes y conectarlo con Málaga. Porque una de las ideas centrales del proyecto es precisamente esa relación con la ciudad.
El edificio no aparecerá como una pieza independiente junto al mar. Su posición, su volumen y sus espacios exteriores están pensados para incorporarse a un frente urbano en el que Málaga lleva años buscando nuevas conexiones entre el centro y el litoral.
Y ahí vuelven a aparecer las referencias arquitectónicas que utilizan los propios autores del proyecto para explicar su concepción de la ciudad: la Catedral, la Alcazaba, el Teatro Romano y otros hitos del paisaje urbano malagueño sirven como referencias para entender una arquitectura que pretende convertirse, a su vez, en un nuevo elemento reconocible del perfil de Málaga.