El Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes junto al Rey Felipe VI.

El Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes junto al Rey Felipe VI. Efe

Tribunales

Lesmes se despide con una encendida defensa de la Constitución y los jueces frente a quienes buscan "impunidad"

El presidente del Tribunal Supremo, que ha pronunciado su ultimo discurso de inicio de curso judicial, afirma que "la desobediencia a la Constitución es la máxima expresión de la arbitrariedad".

“Si la Constitución es la expresión democrática del poder político, resulta una contradicción insuperable que ese poder, en alguna de sus formas, pretenda subvertir la norma que legitima su ejercicio”, ha dicho este lunes el presidente del Poder Judicial. Carlos Lesmes, en inequívoca referencia al independentismo catalán durante el acto de apertura del curso judicial celebrado ante el rey en el Tribunal Supremo. "La desobediencia a la Constitución es la máxima expresión de la arbitrariedad”, ha dicho.

En su último discurso en esta solemne ceremonia anual, ya que terminará su mandato el próximo diciembre, Lesmes ha realizado una vehemente defensa de la Constitución. “Fuera de sus premisas, la libertad y los derechos se debilitarían", ha dicho el presidente del Poder Judicial, que ha subrayado que la democracia “no existe sin reglas, sin Derecho, ni puede construirse sobre andamiajes que dividen a la sociedad”.

Por ello, ha alertado de los riesgos que para la existencia del Estado constitucional suponen “los movimientos populistas y los planteamientos identitarios excluyentes”. En este sentido, ha recordado el peligro de "identificar la ley con la voluntad del gobernante, pues tal proceder dejaría a los ciudadanos indefensos ante las arbitrariedades del poder".

Queja sobre Bélgica y Alemania 

En referencia a las dificultades que han encontrado las euroórdenes cursadas por el juez Pablo Llarena -presente en el acto- para la entrega de los políticos catalanes que se encuentran prófugos de la Justicia, Lesmes ha lamentado la “grave incertidumbre” que "esas decisiones judiciales de otros Estados de la Unión Europea han generado al interpretar de forma unilateral conceptos jurídicos autónomos del denominado espacio europeo de libertad, seguridad y justicia".

A su juicio, las respuestas negativas dadas por Bélgica y Alemania a las peticiones de entrega cursada por el Supremo han rovocado “la generalizada percepción de una irremisible pérdida de virtualidad de ciertos instrumentos de cooperación judicial” basados en la confianza mutua.

Lesmes también se ha referido a la denominada 'judicialización’ de los asuntos políticos, señalando que "aunque solo principalmente a través de la acción política pueden realizarse cambios significativos en la sociedad o aportarse soluciones a los más graves conflictos, es evidente que el respeto al Derecho es irrenunciable".

Jueces y  voluntad popular

Esta precisa "se desconoce cuando desde determinados poderes públicos, en lugar de preservar ese Derecho en el marco de una sociedad inclusiva, se alimenta la desafección del ciudadano respecto del Poder Judicial -nuevamente, sobre la desenfocada visión de que ningún juez puede decidir en contra de la voluntad popular- demostrando una absoluta ignorancia de la dimensión y del significado del Estado de Derecho”.

"El Estado democrático de Derecho no admite disgregaciones entre ley y democracia ni entre democracia y Poder Judicial”, y que esos intentos de disgregación, “lejos de debilitar a los jueces, reafirman, por el contrario, su operatividad para responder con eficacia y absoluta independencia a las embestidas contra el marco amalgamador que representa la Constitución”.

“Frente a la posverdad, que persigue la impunidad bajo el cobijo aparente de la voluntad popular, los ciudadanos han de percatarse de que la respuesta del Poder Judicial se encamina a evitar el daño que supone desarbolar ni más ni menos que todo un pacto de convivencia intergeneracional, pues, si tal respuesta no se produjese, el efecto sería demoledor y el sistema de libertades quedaría fatalmente debilitado”, ha concluido.