Pedro Sánchez junto con Magdalena Andersson, cuando fue primera ministra de Suecia en 2022.

Pedro Sánchez junto con Magdalena Andersson, cuando fue primera ministra de Suecia en 2022. La Moncloa

Política

Sánchez felicita a los socialistas suecos, aunque sus recetas para la inmigración las califica en España de "extrema derecha"

Los socialdemócratas suecos proponen endurecer la política de asilo y limitar la búsqueda de trabajadores fuera de la UE.

Más información: Sánchez, cada vez más aislado en Europa: la izquierda también endurece la política migratoria en Reino Unido y Dinamarca

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Las claves
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Pedro Sánchez felicita a los socialdemócratas suecos tras su victoria electoral, a pesar de que sus políticas migratorias serían consideradas de "extrema derecha" en España.

La nueva primera ministra sueca, Magdalena Andersson, mantendrá la política migratoria restrictiva: menos asilos, requisitos más exigentes para la nacionalidad y expulsiones de delincuentes graves.

El endurecimiento de la política migratoria en Suecia y Dinamarca ha frenado el avance de la extrema derecha y se vincula a la sostenibilidad del Estado del bienestar.

En contraste, el Gobierno de Sánchez ha relajado los controles migratorios en España y regularizado a más de un millón de inmigrantes en los últimos años.

La fórmula de la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, para afrontar la inmigración está siendo imitada en otros países del norte de Europa. El último: Suecia.

Los socialdemócratas han ganado las elecciones tras un agónico recuento. La fórmula tiene claras resonancias danesas: abjurar de la política de asilo previa a 2015.

Y a los suecos les ha funcionado igual que a los daneses.

La formación de extrema derecha Demócratas Suecos ha perdido tres puntos hasta quedarse con un 17%, pese a que el contexto europeo le era favorable tras el reciente triunfo de los radicales en Sajonia y las encuestas favorables en Francia, que les sitúan a las puertas del Elíseo.

Con estos resultados, Sánchez sacaba pecho y felicitaba a los socialdemócratas suecos por frenar a la "ultraderecha".

Pero, casi a la vez, la próxima primera ministra, Magdalena Andersson, prometía que no cambiará la política migratoria de sus antecesores de derechas. Es decir: pocos permisos de asilo y un modelo de prestaciones más limitado.

Una política que, en España, Sánchez calificaría de "extrema derecha". Ya lo hizo cuando, por ejemplo, el PP pidió elevar las exigencias lingüísticas y culturales para obtener la nacionalidad o cuando Santiago Abascal vincula la inmigración ilegal con el aumento de determinados delitos.

La que ya fue primera ministra sueca no lo oculta. "Somos mucho más estrictos con la inmigración y con el crimen que antes", reconoció en un acto del Partido de los Socialistas Europeos.

Andersson incluso ha admitido que la política de antes de 2015, cuando llegaron a aceptar en cuatro años 235.000 solicitudes de asilo, fue un error al que no se debe volver. Su programa incluso habla ahora de una "política migratoria estricta y sostenible".

Incluso hablan de introducir una cláusula para dar prioridad a los desempleados residentes. Esto implicaría que, cuando se pida mano de obra en terceros países fuera del espacio Schengen, se comprobará si realmente se necesita esa mano de obra. El objetivo es evitar que bajen los salarios de las clases más bajas.

Esto se limitaría a trabajos de baja cualificación, mientras que en los sectores tecnológico o sanitario apuestan por programas de atracción de talento.

También han aceptado requisitos más exigentes para acceder a la nacionalidad o a la hora de conseguir un permiso de residencia. Para ello, piden reforzar el conocimiento del sueco y de la sociedad.

También hablan de "aumentar el retorno" de aquellos a los que se les rechace la solicitud de asilo y de la expulsión de los delincuentes "graves".

En lo que se diferencian de los conservadores es en el apartado de integración. Andersson recalca que hay que fomentar la integración y propone una gran inversión en barrios "segregados" para acabar con la "vulnerabilidad".

Esto les ha permitido ganar en zonas de alta densidad inmigratoria.

Además, han respaldado la mayor parte de las medidas en materia de inmigración del actual Gobierno. La última: para obtener un permiso de trabajo se exigirá que el umbral del salario mínimo sea equivalente al 90% de la media sueca, que en la actualidad está en unos 3.350 euros mensuales.

Lo que se busca es atajar el paro entre los residentes.

Aunque el giro de Andersson no es nuevo. Desde 2016, cuando aprobaron una estricta ley de asilo, los socialdemócratas suecos han ido volviéndose más duros en materia de inmigración, pero vinculándolo con la sostenibilidad del Estado del bienestar.

Incluso durante su Gobierno, su ministro de Integración planteó limitar la concentración de personas de origen no nórdico en determinados barrios.

"No queremos ver Chinatowns, Somalitown o Little Italy en Suecia", remarcó Andersson en toda una declaración de principios en contra del multiculturalismo.

Modelo danés

Eso sí, en materia restrictiva Dinamarca lleva la voz cantante con menos concesiones de asilo, más expulsiones y más restricciones a la reagrupación familiar. El llamado "modelo danés" se extiende por la UE.

Además, ha endurecido las condiciones para acceder a la nacionalidad: se excluye a todos los que hayan recibido una condena, aunque sea condicional, antes de la obtención de la nacionalidad.

Dinamarca tiene las condiciones más duras de Europa ya que, además de un duro examen de ciudadanía y danés que suspende más de la mitad de los que se presentan, exigen ser económicamente autosuficiente y haber trabajado los 4 años previos a la solicitud.

Una política totalmente opuesta a la de Pedro Sánchez, que en los últimos años ha relajado los controles.

Según datos oficiales, en seis años se ha pasado de los 5,23 millones de enero de 2020 a los 7,24 millones de enero de 2026.

Además, la población nacida en el extranjero ya supera los 10 millones.

A ello se suma la regularización extraordinaria impulsada por el Gobierno: el Ejecutivo calculaba inicialmente unos 500.000 potenciales beneficiarios, pero el proceso terminó con 1.174.978 solicitudes.

De amigos a enemigos

Pocos recuerdan ya que Frederiksen y Sánchez hicieron juntos en 2022 su primera visita a Kiev tras la invasión de Rusia. Querían exhibir ante Zelenski el apoyo de dos Gobiernos socialdemócratas europeos.

Cuatro años después, Frederiksen y Sánchez no se pueden ver.

El contraste ha llegado este verano a su máxima expresión. Frederiksen firmó junto a Giorgia Meloni una carta contra la "inmigración descontrolada hacia Europa" en la que reclamaban más deportaciones y centros de repatriación en terceros países.

En la misiva piden una política de inmigración más dura y la creación de centros de deportación de ilegales en terceros países.

Ambas también fueron las primeras en pedir la suspensión temporal de España del espacio Schengen tras la invasión de Ceuta

Los socialistas españoles critican a la líder nórdica por adoptar "el marco de la derecha radical". El giro danés resulta especialmente llamativo porque se produce mientras la extrema derecha ha perdido buena parte del terreno que llegó a ocupar. El Dansk Folkeparti pasó del 21,1% y 37 escaños en 2015 al 2,6% y cinco escaños en las últimas elecciones.