Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, junto a su ministra de Defensa, Margarita Robles, en el Congreso.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, junto a su ministra de Defensa, Margarita Robles, en el Congreso. EP

Política GUERRA EN IRÁN

España se borra de la cumbre para abrir Ormuz: alega que hay "Consejo en Bruselas" pese a que las dos citas son compatibles

Londres y París mueven buques para asegurar las rutas comerciales, mientras España limita su papel a la diplomacia. Otros 21 países de la UE están convocados a la cumbre del Ormuz que pone Robles como excusa.

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Las claves

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España no participará en la cumbre internacional para asegurar la reapertura del estrecho de Ormuz, alegando coincidencia con el Consejo de la UE en Bruselas, aunque ambas reuniones son compatibles.

El Gobierno español mantiene su postura de solo apoyar políticamente la coalición internacional, rechazando cualquier participación militar sin mandato de la ONU.

Mientras otros países europeos envían buques y recursos militares, España limita su contribución a la diplomacia y coordinación desde Bruselas.

La coalición multinacional liderada por Francia y Reino Unido busca garantizar la seguridad en Ormuz, vital para el comercio mundial de petróleo y gas, pero España se mantiene en un papel secundario.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, no acudirá este martes a la convocatoria de la cumbre que coordinará las aportaciones de los "más de 40 países" firmantes de la coalición internacional para asegurar la reapertura del estrecho de Ormuz.

Según fuentes oficiales del Ministerio, Robles se excusa ante los convocantes, sus colegas británico y francés, en la celebración del Consejo de la UE en Bruselas, a pesar de que ambas reuniones son compatibles.

La cita de la coalición, convocada por el secretario de Defensa de Reino Unido, John Healey, y la ministra gala, Catherine Vautrin se celebra el mismo día que el Consejo de la UE, por mera eficiencia, ya que el orden del día de la reunión de ministros de la UE también contempla.

Ya coincidieron estas reuniones, por ejemplo, el 25 de marzo, justo antes de un Consejo de Exteriores, centrado precisamente en asuntos de Comercio.

Además, al menos otros 21 de los 44 países comprometidos en aportar capacidades militares a la coalición son, a la vez, socios de la UE. Esos gobiernos no tienen previsto ausentarse del Consejo de Defensa por la reunión de Ormuz.

Primero, porque la cita convocada por Londres y París es telemática. Y segundo, porque los asuntos de Oriente Próximo y seguridad marítima también se abordarán en Bruselas, según el orden del día del Consejo.

"No a la guerra"

Desde el inicio de los bombardeos de EEUU e Israel contra Irán, el Gobierno de Pedro Sánchez condenó las operaciones bélicas como "ilegales", denegó el uso de las bases militares y posteriormente, del espacio aéreo. El presidente resumió su postura en el lema "no a la guerra", equiparándola con la de Irak, en 2003.

Posteriormente, rechazó unirse a la coalición por la reapertura de Ormuz, al no estar amparada por Naciones Unidas y se negó a que la fragata española, que escoltaba al portaaviones francés Charles de Gaulle en Chipre, lo acompañara al Golfo Pérsico.

Pero el Gobierno de España sí se sumó políticamente a la coalición a partir del alto el fuego entre Washington y Teherán, decretado el pasado 8 de abril. Pero ha decidido no sentar a su ministra de Defensa en la reunión de este martes, ni siquiera como gesto de alineamiento con el núcleo franco‑británico.

Moncloa insiste en que la única salida debe ser diplomática, con un alto el fuego incondicional, el "respeto al derecho internacional" y sin abrir un frente español en el estrecho de Ormuz.

Mientras tanto, Exteriores intentó ganar tiempo. José Manuel Albares subrayó durante días que no había llegado ninguna petición formal para que España se uniera a una misión en Ormuz y reiteró que el Gobierno no participaría "en ninguna operación militar vinculada a la guerra de Irán".

Exteriores y Defensa mantienen una posición tajante. Desde el inicio de la crisis, el Ejecutivo citó exclusivamente a Naciones Unidas como único mandato multilateral bajo el que España se podría replantear su posición, sabedores de que ni Israel ni EEUU aceptarán someterse a esa autoridad... y que ni en la OTAN ni en la UE hay consenso para coordinar la misión.

Eso sí, con los cañones callados, Sánchez empezó a ceder a las presiones de socios y aliados, para hablar ya de la necesidad de "reabrir el estrecho de Ormuz" y proteger el comercio mundial, condicionando la posible participación española a que la operación se desarrollara "bajo el paraguas de la ONU".

Destructor británico a Ormuz

En paralelo, París y Londres aceleraron el diseño de la misión multinacional para despejar minas, escoltar el tráfico mercante y garantizar la libertad de navegación una vez consolidado el alto el fuego, dejando claro que sería distinta de las operaciones bélicas de Estados Unidos.

Esa propuesta cristalizó en una coalición de más de cuarenta países, nunca explicitados uno a uno, con 22 socios de la UE dispuestos a aportar capacidades militares de distinto tipo.

Francia ofreció el portaaviones Charles de Gaulle y varios escoltas; Reino Unido, por su parte, ha empezado a posicionar el destructor HMS Dragon rumbo a la zona para formar el núcleo inicial del dispositivo. Y España decidió quedarse fuera, ofreciendo sólo apoyo en la parte "diplomática y política".

Mientras varios socios europeos anuncian envíos de buques, helicópteros o equipos especializados. Y la implicación se concentra en los comunicados, en las discusiones sobre el marco jurídico en la ONU y en los debates internos de la UE sobre cómo debe articularse la seguridad marítima en la región.

El Reino Unido sigue siendo el más explícito en la parte militar. Según la planificación oficial del Gobierno británico, el HMS Dragon, un destructor de tipo 45, será el primer buque en liderar el dispositivo para proteger los convoyes comerciales ya antes de verano.

Francia, por su lado, ve la misión como una prolongación natural de su despliegue en el Mediterráneo oriental. El Charles de Gaulle servirá de plataforma aérea y de mando para coordinar las patrullas, en un esquema que recuerda a las operaciones de seguridad marítima en el Índico y el Golfo de Adén.

En el último escalón

Sobre la mesa, los países participantes discutirán fórmulas de contribución graduada.

Algunos pondrán buques y aviones, otros se sumarán a la estructura de mando, al intercambio de inteligencia o a la financiación de capacidades de desminado, y un tercer grupo se quedará en el terreno del respaldo político. España ha elegido, de momento, este último escalón.

Moncloa insiste en que no habrá presencia militar hasta que la ONU no consolide un marco claro y que el papel español se centra en defender el derecho a la libre navegación, impulsar soluciones diplomáticas y coordinar, desde Bruselas, la respuesta europea a la crisis.

Más de cuarenta países se coordinan para proteger unas rutas por las que transita alrededor del 20% del petróleo mundial y cerca de una cuarta parte del comercio global del gas natural.

España, entretanto, confía en que la bandera enarbolada globalmente del "no a la guerra" siga rindiéndole beneficios de imagen pública y no le pase factura en la confianza de sus socios y aliados a la hora de defender los intereses del país.