La presidenta en funciones de Extremadura, en una reciente reunión de trabajo para aprobar un decreto de medidas sociales.

La presidenta en funciones de Extremadura, en una reciente reunión de trabajo para aprobar un decreto de medidas sociales. EP

Política

La posición común para salvar Almaraz, clave en el pacto de PP y Vox para la investidura de Guardiola en Extremadura

Los populares defendían en febrero una vía fiscal gradual para asegurar el futuro de la central, mientras Vox exigía "impuestos cero" y blindar por ley su continuidad.

La guerra en Irán, el gran apagón de 2025 y los audios conocidos ante su inminente aniversario, refuerzan el giro hacia una mayor presencia nuclear en el mix eléctrico que reclaman PP y Vox.

Más información: PP y Vox cierran un preacuerdo en Extremadura para investir a María Guardiola sin abordar todavía el reparto de cargos.

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Las claves

PP y Vox han alcanzado una posición común para evitar el cierre de la central nuclear de Almaraz, convirtiendo este tema en eje principal de su preacuerdo para la investidura en Extremadura.

Ambos partidos incluyen la defensa de Almaraz como cláusula política, comprometiéndose a revisar la fiscalidad y a emplear todas las herramientas jurídicas posibles para mantener la central operativa.

La crisis energética y el reciente apagón en España han reforzado el discurso a favor de mantener una base nuclear fuerte, situando a Almaraz en el centro del debate nacional sobre el equilibrio entre renovables y nuclear.

La investidura de María Guardiola y el acuerdo PP-Vox en Extremadura posicionan a la región como pionera en el nuevo equilibrio energético, con Almaraz como símbolo político y estratégico.

La central nuclear de Almaraz ha pasado en pocas semanas de ser el principal obstáculo en las conversaciones a convertirse en una de las claves principales para aproximar a PP y Vox en Extremadura.

La posición común para intentar evitar su cierre, previsto en el calendario pactado por el Gobierno de Pedro Sánchez, es hoy el eje político y simbólico del principio de preacuerdo que encarrila la investidura de María Guardiola.

Ambas formaciones han asumido que sin una señal nítida sobre Almaraz no habría pacto posible ni relato que justificar ante su electorado. Por eso han convertido la defensa de la central en una cláusula política de su entendimiento, a la espera de concretar el reparto de cargos y la letra pequeña programática.

El punto de partida era muy distinto en febrero, cuando las conversaciones encallaron tras la celebración de los comicios en Aragón, donde Vox se envalentonó, y a la espera de los de Castilla y León, donde los resultados no terminaron de satisfacer sus expectativas.

Los de Santiago Abascal reclamaban entonces "impuestos cero" para Almaraz, la eliminación de todos los tributos autonómicos y una batería de compromisos explícitos contra el cierre.

Los de Alberto Núñez Feijóo se movían en una posición más prudente, centrada en aliviar la carga fiscal sin romper puentes con el Gobierno central ni con las eléctricas.

Los populares sostenían que Extremadura debía defender la continuidad de la central, pero evitando un choque frontal que pudiera dejar a la Junta sin capacidad de influencia en la negociación estatal sobre el calendario nuclear.

Vox, en cambio, hacía de la ruptura con esa hoja de ruta su seña de identidad y advertía de que no apoyaría la investidura sin un blindaje político y normativo mucho más contundente.

Desde entonces, la correlación de fuerzas y el contexto han cambiado. Es más, hace pocos días el Gobierno en funciones de la región anunció un acuerdo con Vox para la aprobación de un decreto de medidas sociales "urgente para salvar la administración".

PP y Vox han ido acercando posiciones hasta asumir un marco común: oposición explícita al cierre en la fecha prevista, compromiso de revisar toda la fiscalidad autonómica que grava a la central y voluntad de convertir a la Junta en ariete político frente a Moncloa en defensa de la nuclear.

El preacuerdo de este miércoles, en todo caso, no es un seguro de investidura. De momento, ambos partidos están de acuerdo en que quieren formar Gobierno, pero falta el cómo.

Lo que ambas partes han querido sellar de inmediato es el mensaje: Extremadura tendrá un Gobierno alineado en la defensa de Almaraz y dispuesto a utilizar todas las herramientas jurídicas y regulatorias a su alcance para mantenerla operativa.

Crisis energética y apagón

En paralelo, la crisis energética abierta por la guerra en Irán ha reforzado el argumento de quienes defienden una base nuclear fuerte en el sistema eléctrico español.

La volatilidad de los precios, la tensión en los mercados de gas y petróleo y la necesidad de garantizar un suministro suficiente, estable, barato y descarbonizado han devuelto al centro del debate político el papel de centrales como Almaraz.

Ese giro se produce, además, cuando está a punto de cumplirse un año del gran apagón del 28 de abril de 2025.

La investigación impulsada por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha concluido que el colapso se debió a "una cadena de errores".

Entre ellos, destacó la falta de una fuente de generación estable en los días previos y en la propia jornada, en un sistema donde las nucleares estaban desconectadas y el mix tenía una prevalencia muy alta de renovables, mucho más intermitentes.

Los audios internos de Red Eléctrica difundidos esta semana, con responsables del centro de control describiendo en tiempo real cómo "se iba todo desconectando" y cómo "se nos ha ido" la red, han puesto voz al estrés de una red sometida a una combinación explosiva de errores operativos y falta de respaldo estable.

En ese clima, la apuesta conjunta de PP y Vox por mantener Almaraz se presenta como algo más que una batalla local.

Es también una forma de intervenir en el debate nacional sobre el cierre escalonado del parque nuclear y sobre el papel que debe jugar esta tecnología en un sistema cada vez más electrificado y más dependiente de factores externos.

La investidura de Guardiola, si el acuerdo se cierra en los próximos días, convertirá a Extremadura en uno de los territorios en los que primero se va a medir ese nuevo equilibrio entre renovables y nuclear.

Y fijará a Almaraz como símbolo de una alianza política que ha aprendido que, en plena crisis energética y con el recuerdo reciente del gran apagón, la seguridad de suministro puede decidir tanto un pacto de gobierno como una legislatura.