El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su llegada a una cumbre informal de líderes de la UE en el castillo de Alden Biesen (Bilzen).

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su llegada a una cumbre informal de líderes de la UE en el castillo de Alden Biesen (Bilzen). Europa Press

Política

España recrimina a la Italia de Meloni por excluir a Sánchez de la minicumbre económica de los grandes líderes europeos

Sánchez protesta por la cita, impulsada por Alemania e Italia, semanas después de que Berlín le incluyera en su núcleo duro de la Europa a dos velocidades.

Más información: Sánchez se queda fuera de la minicumbre económica de la UE organizada por Alemania, Italia y Bélgica

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Las claves

España critica a Italia por excluir a Pedro Sánchez de una minicumbre económica con grandes líderes europeos.

El encuentro, impulsado por Alemania, Italia y Bélgica, reunió a 19 países, dejando fuera a España pese a su papel en anteriores formatos de liderazgo.

La Moncloa considera que este tipo de reuniones restringidas minan los principios básicos de la Unión Europea.

El Gobierno español teme quedar relegado a una 'Europa lenta' mientras otros países coordinan posiciones en foros cerrados.

España recrimina a la Italia de Meloni por excluir a Sánchez de la minicumbre económica de los grandes líderes europeos.

Fuentes de Moncloa lo niegan con cuidado de jurista. "No hemos pedido estar en esa reunión; hemos expresado nuestra opinión".

La frase es la respuesta oficial de Presidencia a la polémica minicumbre económica celebrada este jueves en un hotel cercano al castillo de Alden Biesen.

Allí se han coordinado una veintena de líderes de la UE antes del retiro informal sobre competitividad convocado por António Costa.

La queja de España no es tanto por la foto sin Pedro Sánchez como por la forma.

El mensaje que el Gobierno ha trasladado a Italia es que este tipo de citas paralelas "minan los principios básicos de la Unión" en lugar de acercar soluciones.

Un reducido grupo

Roma, Berlín y Bruselas han organizado el encuentro previo.

La iniciativa partió del canciller alemán Friedrich Merz, la primera ministra italiana Giorgia Meloni y el primer ministro belga Bart De Wever.

Se trata de un formato ad hoc, limitado y muy político. Un club de 19 países que se coordinan antes de hablar a 27 sobre mercado único, regulación y respuesta industrial frente a Estados Unidos y China.

España no está invitada a ese grupo reducido. Es el único gran país que no aparece en la lista de convocados, pese a que sí participa en la cumbre formal de Costa.

En La Moncloa se esfuerzan en matizar. "No es que hayamos pedido entrar ni que nos hayamos quejado por no estar; lo que hemos hecho es trasladar que creemos que estas reuniones van contra el espíritu comunitario", explican las fuentes.

La acusación de fondo es que se reabre la vieja Europa a dos velocidades por la puerta de atrás.

Y que se hace desde el eje Berlín–Roma, dejando fuera a un socio que hasta hace unas semanas estaba sentado en la mesa de los "grandes" que debían tirar del carro.

Porque el contraste es evidente.

Fue el propio Merz quien relanzó a finales de enero la idea de una Europa de dos velocidades en economía y defensa, con un núcleo de seis grandes economías en el que sí estaba España.

Ese formato, conocido ya en Bruselas como E6, incluía a Alemania, Francia, Italia, Polonia, Países Bajos y España.

Su objetivo: avanzar más rápido en competitividad, inversión y gasto en defensa sin esperar siempre a los 27.

El plan alemán se presentó como una vanguardia abierta.

Un mecanismo por el que el núcleo duro asumía más compromisos, tiraba de la integración y dejaba la puerta abierta a que el resto se sumara más tarde.

Moncloa leyó entonces esa propuesta como un reconocimiento de peso.

España aparecía en el mapa de los que cuentan cuando se habla de fiscalidad, deuda, industria, defensa y poder geopolítico.

La imagen de hoy, otra historia

La foto de este jueves en Bélgica cuenta otra historia.

La primera reunión en la práctica de ese "formato reducido" —aunque no se llame E6, sino que agrupe a 19— se celebra sin Sánchez.

Y la cita la impulsa, además, una de las principales rivales ideológicas de La Moncloa.

Meloni capitaliza la coordinación previa, se sienta con Merz y De Wever y coloca a su Italia en el centro de la escenografía de la nueva Europa competitiva.

España queda fuera de esa escena. Ni en la sala ni en la foto ni en la construcción del relato previo a la discusión a 27.

De puertas afuera, el Ejecutivo intenta rebajar el choque. Insiste en que la prioridad es el retiro convocado por António Costa, donde sí estarán todos los líderes y donde se debatirá el grueso de las reformas del mercado único.

Costa ha llamado a los jefes de Estado y de Gobierno a una “tormenta de ideas estratégica” sobre cómo reforzar la competitividad europea.

Sobre la mesa están los informes de Mario Draghi y Enrico Letta y la posibilidad de nuevas herramientas fiscales y regulatorias.

Pero la política europea también se juega en los pasillos y en los grupos previos.

Y en ese terreno, Alemania e Italia han decidido moverse ya en lógica de “club”, con agendas coordinadas y posiciones comunes antes de llegar al plenario. Ahí es donde España siente el golpe.

Porque el país que Merz colocó en su núcleo duro de la Europa a dos velocidades se descubre ahora fuera de la primera cimentación política de ese proyecto.

La paradoja es evidente para los diplomáticos que siguen el dossier.

¿Encajado en una Europa lenta?

España, que había defendido un “buy European” y se mostraba abierta a una integración a distintas velocidades cuando le beneficiaba, denuncia ahora que se materialice esa dinámica sin contar con ella.

La queja a Italia, en forma de “opinión” transmitida por los canales habituales, busca marcar una línea roja.

Moncloa no quiere que se normalice que las grandes decisiones sobre la competitividad de la UE se cocinen en foros cerrados en los que no está.

El riesgo para Sánchez es quedar encajado en la Europa lenta.

Que el eje de decisiones reales se desplace a formatos reducidos, pilotados por Merz y Meloni, mientras España sólo participa en la escenografía formal.

Por eso el Gobierno subraya, en cada respuesta, que la legitimidad reside en el Consejo Europeo y en el retiro de Costa.

Pero la batalla por el relato de quién lidera la respuesta a la crisis de competitividad se va librando, reunión a reunión, en salones de hotel donde este jueves no había silla para España.