Política ELECCIONES VASCAS

El candidato de Bildu ha dado todos sus mítines a menos de 500 metros de lugares donde ETA asesinó

Pello Otxandiano ha celebrado siete actos en calles cercanas a donde la banda terrorista asesinó a 33 personas. Desde ahí, recuerda a los presos. 

14 abril, 2024 03:18
Diego Rodríguez Veiga Jose R. Pérez (Diseño)

ETA mató tanto y durante tanto tiempo que es prácticamente imposible celebrar un mitin para las elecciones del País Vasco sin hacerlo cerca del lugar de un atentado. Si no, que se lo pregunten a Bildu. Su candidato a lehendakari, Pello Otxandiano, ha dado todos sus mitines de la campaña del 21-A a menos de 500 metros de distintos lugares donde ETA asesinó.

La diferencia entre Bildu y otros partidos que están en una situación similar es que la formación liderada por Arnaldo Otegi no ha condenado la violencia sin ambages. Además, en sus mítines, defiende a los presos de ETA, que son considerados "presos políticos", y pide que tengan beneficios penitenciarios.

El candidato a lehendakari de Bildu ha celebrado seis mítines desde el pasado 4 de abril. Según ha podido comprobar EL ESPAÑOL usando el Mapa del terror de Covite, la asociación liderada por Consuelo Ordóñez, esos actos han tenido lugar a menos de 500 metros de donde ETA mató a nada menos que 33 personas.

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"Con 850 muertos no es tan difícil que se dé esta situación", explica en conversación con este diario el historiador experto en la banda terrorista Gaizka Fernández Soldevilla. "Creo que todo esto no tiene tanto que ver con que haya una voluntad expresa de Bildu para hacerlo de esta forma. Es más bien una cuestión de ignorancia", añade.

"Es pura indiferencia. Que hayan matado a gente cerca no es algo que les importe demasiado y los de Bildu no están teniendo en cuenta el lugar en el que hacen sus mítines", apuntala.

Esta semana se conoció que, el pasado lunes, Otxandiano celebró un mitin en la localidad de Andoáin (Guipúzcoa), a 200 metros de donde ETA mató en mayo del año 2000 al periodista e intelectual José Luis López de Lacalle. Desde allí, el candidato a lehendakari mandó "un abrazo" a los presos de ETA.

Este sábado hizo lo mismo en Tolosa (Guipúzcoa). El partido organizó un acto, al que acudió el propio Arnaldo Otegi, en el mismo frontón en el que dos meses después del asesinato de Lacalle, ETA mató a su amigo José María Jáuregui. Su mujer, Maixabel Lasa, conocida por la película que lleva su nombre, censuró el acto en conversación con este diario.

Pero Jáuregui y Lacalle no son las únicas víctimas con las que está pasando esto. En 200 metros a la redonda del Frontón de Tolosa, ETA mató a otras seis personas entre 1979 y 1997.

Tres de ellos eran Ignacio Ibarguchi y los hermanos Juan Manuel y Pedro Conrado Martínez. Eran comerciales que vendían libros a domicilio y ETA les asesinó en 1981, al confundirlos con agentes de la Policía. La banda terrorista no quiso reconocer el atentado en un inicio, aunque sí lo hizo después y dijo que se trataba de "un error".

Los valores no cambian

Sin embargo, el lugar en el que más presente está este fenómeno es Guecho (Vizcaya). El candidato de Bildu celebró el pasado 5 de abril un acto en la plaza de Telletxe de la localidad. A menos de 500 metros a la redonda, ETA acabó con la vida de nueve personas entre 1978 y 2001.

Una de esas personas fue el comisario de la Policía Nacional Antonio Mesa. En el año 1979, la banda terrorista atentó contra él en la misma plaza en la que Otxandiano dio el mitin el viernes de la semana pasada. Se encontraba yendo a su casa a comer, cuando varios etarras le ametrallaron al pararse en un semáforo.

La mayoría de los 33 asesinatos perpetrados en las inmediaciones de los mítines de Bildu tuvieron lugar en la década de los 80. No es casualidad. Según explica Fernández Soldevilla, "en la Transición, el objetivo de ETA era matar a policías, guardias civiles y militares".

"Buscaban que un golpe de Estado por parte de los militares fuera creíble. No porque lo desearan, sino porque el Gobierno se arriesgaba a ello, al no negociar con la banda. De hecho, en el 23-F, una de las excusas de los golpistas fue la de ETA", explica el historiador.

"Después del 23-F, ETA ve que no es capaz de doblegar al Estado y empiezan a hacer campañas contra supuestos narcotraficantes, contra los que consideraban chivatos, que para ellos era cualquiera que tuviera relación con los policías. También empezaría a usar coches bomba a partir de 1975 y, a partir de 1995, van a por políticos, intelectuales y periodistas", añade.

¿Qué papel desempeñó Arnaldo Otegi en esos años duros?

Otegi entra en ETA en 1977 y es detenido 10 años después, en 1987. Hasta el 87 era un miembro activo de la banda y, desde entonces, pasó a ser un preso de ETA. Le condenaron por un secuestro, pero en 10 años es seguro que hizo más que un solo secuestro, aunque no le hayan condenado por ello.

¿Bildu ha renegado de todo aquello?

Yo creo que los valores no han cambiado. Basta con mirar las cuentas en redes sociales y los homenajes que hacen a los etarras cuando salen de la cárcel. No hay un corte real con el pasado. Sí lo hay de cara a la galería en algunos discursos públicos. Pero el núcleo duro permanece. La herencia es una cosa que les importa y que, a nivel electoral, no quieren perder. Ello, aunque también vayan a por un electorado joven que no es independentista.

El amigo de Abascal

Volviendo al mapa del terror, el candidato de Bildu a lehendakari dio el pasado 7 de abril un mitin en la localidad de Amurrio (Álava). Ese es el pueblo de Santiago Abascal, líder de Vox. A 94 metros de la plaza de San Antón en la que se celebró el acto, ETA mató en 1985 al cartero Estanislao Galíndez.

Estanis, como le conocían, era amigo personal del padre de Santiago Abascal. Le mataron entre tres y ETA reivindicó el atentado asegurando que era un colaborador de la Guardia Civil. Prácticamente todos los vecinos del pueblo acudieron al funeral, porque era un personaje muy querido, y Abascal comentó que su muerte fue la que le impulsó a meterse en política.

Cuatro años antes del asesinato de Galíndez, ETA también había matado a uno de sus hermanos, Félix, que era comercial de una inmobiliaria. La acusación fue la misma que urdieron para Estanislao, la de colaboracionismo [con la Policía]. El mitin de Bildu en Amurrio del pasado 7 de abril tuvo lugar a 79 metros del sitio en el que mataron a Félix.

Desde estos mítines, Bildu sigue considerando a los presos de ETA como "presos políticos", según se refleja en su programa electoral para el 21-A. La formación celebra el "fin de la dispersión aplicada a los presos por motivos políticos" y reivindica que deben tener mayores facilidades para acceder al tercer grado y que, una vez hayan salido de prisión, se les debe ayudar a encontrar trabajo.

"El de las víctimas es un colectivo muy plural y no tiene una sola voz. Lo que sí está claro es que las víctimas suelen pedir que la izquierda abertzale dé pasos reales, no sólo cosméticos, y que se ayude a esclarecer los delitos que quedan por resolver", explica Gaizka Fernández Soldevilla.

"No les vale con que, de vez en cuando, pronuncien un discurso táctico, sino que quieren que hagan autocrítica y que haya un corte real con la herencia", añade.

Buenos resultados

A pesar de todo ello, Bildu está creciendo en el País Vasco y el próximo 21-A podría ganar las elecciones, desbancando por primera vez al PNV. El CIS de esta semana le otorga entre el 34,2% y el 35,1% de la intención de voto, colocándose como la primera fuerza política, por delante del PNV.

Este crecimiento, evidentemente, no se debe sólo al voto de la herencia de ese espectro político, sino a que Bildu también está sabiendo captar nuevos votantes jóvenes y está recogiendo a una parte de aquellos que apostaron en el pasado por partidos de corte más social, como Podemos o Sumar.

"Tienen un doble discurso que les ha funcionado", cuenta Fernández Soldevilla. "Por un lado, está el discurso de Madrid, más moderno. Se ve en los logos, en cómo se visten y cómo hablan. Eso les ha servido para acercarse a un electorado joven y nuevo", añade.

"Pero en los pueblos no tienen ese discurso moderno. No hay más que ver los ongi etorri, las bienvenidas que hacen a los etarras que salen de la cárcel", sigue. "Bildu está en esa dicotomía. Si sólo lees lo que se publica en Madrid, tienes la imagen moderna. Si estás en un pueblo, tienes la imagen de toda la vida. Por dentro permanece el viejo núcleo duro y los líderes reales son los mismos", apuntala.

¿Y quiénes son esos líderes?

Hombre, Arnaldo Otegi es uno de ellos.