Un grupo de migrantes pasa ante un comercio de Ceuta.

Un grupo de migrantes pasa ante un comercio de Ceuta. Julia César Ruiz

España

Los comercios ceutíes abren a cuentagotas tras un caos que ha dejado en vilo a los empresarios: "Hay un 50% de cancelaciones"

Los negocios de la ciudad llevan sin abrir días, después de que comenzaran a entrar a nado miles de marroquíes.

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Las claves

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La crisis migratoria en Ceuta ha provocado el cierre masivo de comercios y la cancelación de más del 50% de las reservas hoteleras.

La imagen de la ciudad se ha visto gravemente afectada, frenando proyectos empresariales y asustando a inversores que planeaban asentarse en Ceuta.

Muchos trabajadores y feriantes han perdido ingresos por la cancelación de actividades y la falta de comercios abiertos, enfrentando dificultades para abastecerse.

La Cámara de Comercio pide garantías de seguridad y ayudas directas para los empresarios afectados, mientras algunos comercios reabren con precaución.

La crisis migratoria de Ceuta ha puesto al límite las costuras de la ciudad.

60.000 marroquíes en situación irregular campando a sus anchas por las calles sin que ni cuerpos de seguridad ni vecinos pudieran hacer nada.

La situación desembocó en miedo, y este obligó a los vecinos a actuar sobre la marcha para hacer frente a lo desconocido.

La primera reacción de muchos de ellos fue cerrar a cal y canto sus comercios “por lo que pudiera pasar”.

Aún no hay un balance de las pérdidas económicas que han supuesto la crisis, sin embargo, Karim Boulaix, presidente de la Cámara de Comercio de Ceuta, asegura a EL ESPAÑOL que "ha sido un gran varapalo".

La mitad de las reservas canceladas

"Más del 50% de las reservas de los hoteles" han sido canceladas desde que estalló todo. "Algunas se dieron cuando los turistas ya estaban aquí y otras antes de llegar".

Además, la situación "ha afectado a la imagen que el exterior tiene de la ciudad".

Los empresarios ceutíes llevan años trabajando en una estrategia para relanzar su imagen y recuperar la confianza de inversores. Ahora, parece que todo se ha venido abajo.

Concretamente, en estos últimos cuatro años se ha trabajado en "un nuevo modelo de navegación que se aleja del comercio usual con Marruecos para acercarse a la industria tecnológica". Prueba de ello es que "el 99% de las empresas del juego online se han venido a Ceuta".

Lenovo o Templus, que levantará en la ciudad autónoma "el primer Data Center de África con legislación europea" son algunos de los ejemplos.

Sin embargo, en apenas 72 horas "se ha perdido en torno al 50% de lo conseguido".

Empresas que dan marcha atrás

Es más, tal y como Boulaix declara a este digital, le consta que "hay empresas que estaban pensando en asentarse" en la ciudad pero que "no lo van a hacer por lo sucedido", puesto que, incide, "una situación así, derivada de conflictos entre dos países, asusta a los inversores".

A pesar de este horizonte, el presidente de la Cámara ceutí es "muy optimista". Estima que "en unos seis meses todo haya vuelto a la normalidad".

No obstante, para lograrlo, relata cuáles son los pasos a seguir ahora. El primero de todos, "garantizar la seguridad de los comerciantes de la ciudad, que se sientan cómodos a la hora de abrir sus negocios".

Luego llegará el momento de pedir "medidas de fiscalización, subvenciones directas a aquellos empresarios que se han visto afectados directamente por la situación y estrategias para fortalecer y mejorar el nombre de Ceuta a nivel publicitario en España y en circuitos económicos".

Para ello, desde la Cámara ya están en contacto con el Ministerio de Consumo.

Lo sucedido ha sido un "varapalo" para la economía ceutí.

El pasado viernes, el organismo empresarial emitió un comunicado en el que pedía a los comerciantes que abrieran sus negocios para "abastecer a la ciudad", aunque la seguridad aún "no estuviera completamente garantizada". A su juicio, lo correcto era mantener la actividad "a menos de que se declare el estado de alarma".

Tras el llamamiento de la Cámara, este sábado, aunque recelosas y a cuentagotas, las primeras persianas se empezaron a levantar.

Aunque la normalidad aún no está completamente restablecida (unos 2.000 marroquíes continúan en Ceuta intentando zafarse de las autoridades y permanecer en territorio español) la sociedad ceutí "está hecha de otra pasta".

Comercios cerrados

Es una población acostumbrada a convivir con la incertidumbre que, incluso en medio de este caos, "ha sabido encontrar el lado positivo".

Estos días atrás, el panorama de la ciudad era el siguiente: ceutíes, trabajadores y migrantes sin poder comprar nada porque no había ni un solo negocio abierto.

María y su farmacia eran la excepción. No ha cerrado ningún día, ha estado atendiendo a migrantes desde que comenzó la crisis, la mayoría de ellos con cortes. "No hemos recibido a ningún ceutí, nadie ha venido", asegura.

Lo de estos días han sido "todo pérdidas", ni un solo ingreso.

Lo mismo le ha ocurrido a Miguel, dueño de un estanco del centro que este sábado se ha atrevido a retomar la actividad "porque hay que comer". Ahora espera "que todo esto no vuelva a ocurrir".

Dinero han perdido también los trabajadores llegados desde diferentes partes de la península para despachar la feria de Ceuta, una festividad que tuvo que ser cancelada por la gravedad de la situación.

A la suspensión del evento hay que sumarle todos los gastos que ha supuesto "llegar, montar y vivir aquí". Todo ello, sin ningún sitio donde reponer provisiones.

Así las cosas, feriantes como Fran o Daniel han tenido que subsistir con lo poco que traían en sus camiones o gracias a personas como Manolo.

Este ceutí tiene su bar en el recinto ferial y está siendo el encargado de abastecer a feriantes y periodistas.

Según cuenta a EL ESPAÑOL, está “abriendo con precaución”. Puertas cerradas y ventanas prácticamente igual, lo justo y necesario para ventilar la estancia.

En torno a las 10:00 horas, el comerciante avisa a los trabajadores de la feria de que ya pueden venir a desayunar y estos últimos salen en banda a por la primera comida del día.

Llevamos tres días sin poder comprar nada. Ni pan”, asegura Fran, que junto a sus compañeros de faena vigila que ningún migrante se meta en los bajos del camión para poder cruzar a la península.

Tras horas sentados en una butaca de playa sin más compañía que ellos mismos, con la convocatoria de Manolo comienzan a iluminárseles sus caras.

A la espera del aviso de las autoridades

Daniel viene desde Lucena (Córdoba) para trabajar en la feria de Ceuta, "una de las mejores", pero este año no podrá ser.

Lleva junto al recinto desde el miércoles, siendo testigo en primera persona de cómo se iba desbordando la situación. "Hasta el agua del desagüe se han bebido", relata.

Ahora, tanto él como sus padres -quienes lo acompañan- esperan a que las autoridades le confirmen cuando podrán salir de la ciudad. Tienen que hacerlo de forma controlada y progresiva para no colapsar el puerto, nada que ver con la estampida que los días anteriores llegó a la ciudad.