Toni Comín, en Bruselas en una foto de archivo.

Toni Comín, en Bruselas en una foto de archivo. STEPHANIE LECOCQ Agencia EFE

España CATALUÑA

El voto 66 de Comín deja a Puigdemont sin excusa para desbloquear la investidura

Toni Comín (ERC) pide delegar el voto por lo que JxCat y ERC ya no dependen de la CUP para elegir a un nuevo president. 

Carles Puigdemont tiene en su mano acabar con la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña, desbloquear la investidura de un nuevo president y pasar página de una de las peores páginas de la historia de Cataluña y el resto de España. Algo en apariencia tan poco relevante como la petición de delegación de voto de Toni Comín, ex conseller de Salud y parte de las listas de ERC, cambia la aritmética del Parlament de forma potencialmente decisiva. 

ERC presentó este lunes un escrito en el Parlament en el que solicitaba la delegación de voto de su diputado, que en estos momentos está bajo custodia judicial en Bélgica mientras se resuelve la orden de entrega a España cursada por el Tribunal Supremo. Al igual que Puigdemont, el otro diputado huido de la justicia española, ambos pueden ejercer su voto en el Parlament en cualquier pleno. De hecho, Puigdemont ya lo ha ejercido, pero Comín aún no lo había solicitado. 

Declaraciones de Toni Comín

Una vez que la Mesa del Parlament apruebe la delegación de voto de Comín, todos los diputados en el Parlament podrán votar. La correlación de fuerzas será la determinada por las urnas y que ahora no podía articularse por la situación de prófugos de la justicia española de varios de ellos, los que no renunciaron a su acta para centrarse en su defensa legal.

JxCAT+ERC=66

Junts per Catalunya y ERC sumarán 66 diputados. Los que rechazan un president independentista (Ciudadanos, PSC y PP) o al menos de JxCat (Catalunya En Comú Podem), 65. La CUP logró cuatro escaños. Que Comín pueda votar junto a su grupo deshace el empate que había hasta ahora entre JxCAT y ERC y los no independentistas. Los que han gobernado Cataluña desde hace dos años podrían volver a hacerlo sin depender de la CUP, a diferencia de la legislatura pasada, en la que los antisistema forzaron la caída de Artur Mas y encumbraron a Puigdemont. 

Nunca en varios años JxCat y ERC tuvieron tanta autonomía para investir a un presidente sin depender de terceros y poner en marcha el reparto de cargos que hace semanas que está ultimado. 

Ya sólo depende de Puigdemont. Hasta ahora, los partidos independentistas han insistido en su figura como president legítimo, pero también han quemado a varios candidatos como Jordi Sànchez, y Jordi Turull a sabiendas de que no podrían ser elegidos. La primera votación de Turull fue malograda por la CUP y la segunda no se llegó a celebrar por su entrada en prisión, aunque en aquel momento tampoco habría sido elegido por los votos que no podían ejercerse. 

Los dirigentes independentistas pasan de puntillas

Cataluña podría tener un president de la Generalitat de JxCat si el grupo parlamentario propone, de acuerdo con ERC, a uno de los 30 diputados (de 34) que no están en prisión ni bajo tutela judicial en Bélgica y Alemania. 

Este lunes, día de Sant Jordi, la mayoría de dirigentes independentistas participaron en entrevistas y coloquios en distintos medios de comunicación, como El Nacional, con motivo del día de Sant Jordi, pero ninguno quiso mojarse. El presidente del Parlament, Roger Torrent, pidió que no se repitan las elecciones, algo a lo que según algunos estaría jugando el propio Puigdemont para ampliar ventaja con ERC. 

Un nuevo presidente puede ser una mala noticia para Puigdemont, sobre todo si no es él y no depende de la CUP. En el Parlament se da por hecho que un nuevo president no tomará medidas que puedan implicar persecución penal y que tendrá que conformarse con cumplir la ley, máxime si no necesita a la CUP para que sus decisiones salgan adelante. Y si Cataluña vuelve a tener Gobierno y gobernantes, la figura de Puigdemont podría ir difuminándose. 

En ese sentido, Puigdemont tendrá que decidir si, en esta ocasión, merece la pena tratar de ser investido a toda costa, aun de forma ilegal y a riesgo de acarrerar consecuencias penales para sus compañeros de partido o Parlament. Eso podría ocurrir si el Parlament tramita una reforma exprés y sin garantías de la ley de la Presidencia, en este momento en trámite.