Kate Manne, doctorada en Filosofía por el MIT.

Kate Manne, doctorada en Filosofía por el MIT. Cedida

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La filósofa Kate Manne, contra la gordofobia: "La sociedad mide el estatus de un hombre en el físico de su pareja"

En 'Irreductibles. Cómo hacer frente a la gordofobia', la australiana profundiza en cómo el estigma se entrelaza con racismo, machismo y capacitismo.

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"Aviso de contenido. Téngase en cuenta que este libro hace referencia de forma explícita a la gordofobia en su intersección con el racismo, el machismo, el capacitismo, la transfobia, etc., y que también habla de las dietas, los trastornos alimenticios y las normas corporales, lo que podría resultar angustioso para algunas de las personas que nos lean".

Así arranca Kate Manne (Cottles Bridge, Australia, 1983) su última publicación Irreductibles. Cómo hacer frente a la gordofobia (Capitán Swing, 2026), donde aborda, entre otras cuestiones, cómo el rechazo a los diferentes tipos de cuerpos se traduce en diferencias salariales, negligencias médicas y malos resultados educativos.

Y es que en España, por ejemplo, tres de cada cuatro adultos con obesidad se sienten discriminados a causa de su peso, tal y como desprende una encuesta realizada por la Sociedad Española de Obesidad en 2023.

Un 74% de las personas entrevistadas está totalmente o bastante de acuerdo con que la población discrimina a las personas con sobrepeso u obesidad. De hecho, un 40% de ellas no lo considera una enfermedad, sino producto de la falta de control.

La encuesta pone de manifiesto que el 22% de los encuestados llevaría mal tener un jefe con sobrepeso u obesidad, y un 25% no votaría a un político con esta característica. Además, el 30% declara que nunca o difícilmente podría llegar a enamorarse de una persona con sobrepeso u obesidad, frente al 35,3% cree que podría llegar a hacerlo.

Y quizás, por estos motivos, es por lo que Manne ha querido ser siempre más delgada. Asegura que puede decirte cuánto pesaba en cualquier ocasión importante de su vida, como en el día de su boda o en el que nació su hija, y confiesa que ha sufrido acoso y menosprecio por su tamaño, lo que la ha llevado a someterse a dietas extremas.

Fotograma de 'Dietland' (2018), donde se muestra la realidad de una sociedad obsesionada y limitada por los estándares de belleza.

Fotograma de 'Dietland' (2018), donde se muestra la realidad de una sociedad obsesionada y limitada por los estándares de belleza.

La filósofa —doctora por el MIT y profesora asociada en la Universidad de Cornell en Nueva York— no oculta que escribir el libro también ha sido una forma de exponerse. Por eso decidió empezar con una advertencia al lector, porque, como explica, "es una forma educada de permitirles interactuar más plenamente con el material".

En cualquier caso, insiste en que el objetivo "no es evitar los temas conflictivos, sino que cada persona pueda elegir cómo enfrentarse a ellos", consciente de que para muchos la experiencia corporal es íntima y, en ocasiones, dolorosa.

La gordofobia

En España, los datos dibujan un contexto que da sentido a esa cautela. La encuesta de la Sociedad Española de Obesidad revela que casi un tercio de los padres con hijos con sobrepeso cree que estos sufren acoso por esta razón.

Tres de cada diez personas reconocen haber sentido algún tipo de prejuicio o rechazo hacia alguien con obesidad, y un 12% considera que están menos capacitadas para ocupar cargos directivos o públicos. La discriminación, por tanto, no se limita al ámbito simbólico: condiciona expectativas, relaciones y oportunidades.

Manne sostiene, además, que este tipo de prejuicio ha evolucionado de manera distinta a otros. "Cada vez hay más estereotipos de que las personas gordas son menos dignas moralmente, perezosas o malos pacientes", afirma.

Y es que la apariencia física, añade, sigue funcionando como un atajo para juzgar el carácter. "No tenemos un control estricto de nuestro peso y, aun así, sacamos conclusiones sobre la inteligencia o la fortaleza de una persona".

Tanto es así que en Irreductibles recoge investigaciones que apuntan a consecuencias concretas. "Muchos estudios muestran que los profesores consideran a los estudiantes gordos menos capaces y menos diligentes", señala.

También ocurre en la vida adulta. "En el mercado de las citas muchas interacciones se producen en secreto, porque algunos hombres buscan capital social sin reconocer públicamente a sus parejas", asegura.

La explicación, apunta, tiene un componente emocional profundo. "Cuando los cuerpos gordos provocan asco, confundimos el asco físico con el moral", sostiene. Esa reacción visceral se interpreta como una señal de mala conducta, cuando en realidad el peso corporal depende de múltiples factores.

Kate Manne ha publicado 'Irreductibles. Cómo hacer frente a la gordofobia' (Capitan Swing, 2026).

Kate Manne ha publicado 'Irreductibles. Cómo hacer frente a la gordofobia' (Capitan Swing, 2026). Cedida

"La genética explica hasta un 70% u 80% de la variación de la masa corporal. También influyen la medicación, la enfermedad, la discapacidad o el entorno social", subraya.

La apelación a la salud aparece con frecuencia en el debate público, pero la autora cree que a menudo se utiliza como argumento legitimador. "Lo emplean como arma contra las personas gordas", afirma.

Sin embargo, en su opinión, no suele haber una preocupación médica real: "Cuando alguien dice en redes sociales que una persona va a morir de diabetes, no intenta que esté más sana; intenta intimidarla".

Cuestión social

La presión estética, además, recae de manera desigual. "La pareja femenina de un hombre suele interpretarse como indicador de su estatus social y sexual", explica. En cambio, la situación inversa apenas afecta a la valoración pública de la mujer. El cuerpo, así, continúa operando como capital simbólico.

La cultura visual actual tampoco parece ajena a esta lógica. El regreso de los pantalones de cintura baja o la popularización de medicamentos para adelgazar —como el ya famoso Ozempic— evocan, según Manne, ideales de extrema delgadez.

"Estamos viendo celebraciones de huesos visibles muy similares a los años noventa", apunta. Y las redes sociales no hacen más que amplificar esta tensión: "Pueden servir para un proyecto de liberación corporal o para glorificar la delgadez, depende del contenido que consuma cada usuario".

Tras preguntarle por la posibilidad de una aceptación plena, la filósofa se muestra escéptica. Recuerda una idea de la socióloga Tracy McMillan Cottom: "Para coaccionar, la belleza debe excluir".

Y es que los estándares, dice, no fallan al dejar fuera a muchas personas; funcionan precisamente así. "En cuanto clasificamos a las personas como mejores o peores por su apariencia, entramos en un sistema coercitivo".

De este modo, el ensayo de la australiana no propone soluciones simples, pero sí un cambio de perspectiva: cuestionar para quién existen los cuerpos. En su opinión, la respuesta debería ser sencilla, aunque no lo sea en la práctica. Estos solo pertenecen a quienes los habitan.

Mientras tanto, los datos sugieren que la gordofobia continúa siendo una de las discriminaciones socialmente más normalizadas, una que atraviesa la educación, la consulta médica y la vida cotidiana sin necesidad de pronunciarse en voz alta.