Grupo de estudiantes diversos alrededor de la mesa.

Grupo de estudiantes diversos alrededor de la mesa. iStock

Historias

Lo que los expertos dicen del 'retorno' de las humanidades: "Hay un interés renovado en la Filosofía. Vivimos en crisis"

Mundo académico y empresas tecnológicas predicen una mayor demanda de filósofos o expertos en ética que lidien con la inteligencia artificial.

Más información: Sonia Díez, psicóloga, sobre la educación en España: "El modelo actual fue diseñado por un mundo que ya no existe"

Publicada

La teoría suena y muchos artículos la defienden como algo que ya está ocurriendo: el auge de la inteligencia artificial traerá aparejado un repunte de las llamadas Humanidades, disciplinas que la máquina no puede remedar y cuyo dominio las empresas ya están demandando.

Filosofía, ética. Dominio del lenguaje en términos humanos, capacidad de comunicación, empatía. Todo eso que ChatGPT como mucho imita.

La idea se refuerza cuando existe Amanda Askell, la "filósofa de Claude", que asesora en la ética del diseño del modelo de la empresa Anthropic y es una figura conocida por el gran público y de prestigio académico. Pero ese presunto retorno de las humanidades, ¿es real?

Como siempre, depende. En Estados Unidos, donde el discurso de "el retorno de las Humanidades gracias a la IA" ha tomado más fuerza los últimos años, los titulados en carreras de Humanidades alcanzaron su mínimo histórico desde 1950 el pasado 2024, en datos de la American Academy of Arts & Sciences.

En la Unión Europea, con números de Eurostat en la mano (que considera humanidades también los idiomas, el periodismo o la arquitectura), lideran países como Italia con un 19,8% de sus matriculados en la universidad en especialidades del ramo, mientras en otros como Países Bajos se sitúan en el 6,9%.

En España, donde la asignatura de Filosofía ya es, como mucho, una optativa en Secundaria en la mayoría de comunidades autónomas, los matriculados en el grado universitario han subido un 33% desde 2018, pero solo quiere decir que ahora superan apenas los 25.000. El resto de titulaciones se estanca o desciende, como viene siendo habitual desde hace décadas.

Pensamiento crítico

"El interés renovado en las humanidades, y en concreto en la Filosofía, es real, y creo que tiene que ver con este momento de crisis a todos los niveles y de nuestra relación compleja con una tecnología como es la IA", opina Txetxu Ausín, investigador científico y director del Instituto de Filosofía del CSIC —porque sí, el CSIC también tiene centros de humanidades y ciencias sociales—.

El filósofo explica a ENCLAVE que "en España hay poca cultura de contratación de perfiles de ciencias sociales en las empresas, pero en el mundo anglosajón es más común. Muchos problemas de la IA derivan de que es una tecnología, aunque se llame artificial, demasiado humana, con muchos de nuestros sesgos".

Automatización robótica de procesos y análisis de datos.

Automatización robótica de procesos y análisis de datos. iStock

También apunta que las habilidades que desarrollan las Humanidades, como el pensamiento crítico, "son útiles en un contexto como, por ejemplo, el del impacto de las redes sociales en los más jóvenes. En lugar de caer en pánicos morales sobre si deben tener o no acceso a determinadas tecnologías, sería más efectivo darles las herramientas para manejarlas".

Como bien apunta Ausín, la discusión se encuentra algo más en el mundo anglosajón y llega al resto por contagio. Allí, investigadoras como Christine Henseler han señalado la dificultad de recopilar datos "medibles" en el sentido tradicional sobre la necesidad de las humanidades.

Según ella, las empresas tecnológicas se habrían centrado tradicionalmente en las llamadas disciplinas STEM  —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés—, dejando de lado consideraciones éticas necesarias para su desarrollo.

Por contraste, instituciones como el King's College de Londres han desarrollado la iniciativa SHAPE —ciencias sociales, humanidades y arte para la gente y la economía, de nuevo por sus siglas en inglés—, cuyo objetivo es fomentar la innovación y la investigación en dichas especialidades.

Este optimismo voluntarioso contrasta con artículos apocalípticos como el que firmaba la periodista Rose Horowitch en The Atlantic, donde anunciaba que 'The End of Reading is Here' (El Fin de la Lectura está aquí)… y cualquiera diría que, en España, resultados como los del más reciente informe PISA le dan la razón.

No hay "saberes superiores"

Para la investigadora y filósofa Gabriela Arriagada, profesora del Instituto de Éticas Aplicadas de la Pontificia Universidad Católica de Chile y experta en ética e inteligencia artificial, los desajustes en la percepción se deben a que "el repunte existe pero no aplica a todos los contextos de las humanidades. Hay perfiles que se han formado en ellas y desde un enfoque crítico se están incorporando a espacios de desarrollo tecnológico".

A preguntas de ENCLAVE, la investigadora se muestra más cercana a planteamientos optimistas a medio plazo y afirma que estos pueden ser "el impulso necesario para dejar de ver el mundo en blanco y negro, con 'las ciencias', 'las humanidades' y 'las artes' como si fuesen algo inconexo".

Para ella "no tiene sentido la inteligencia artificial sin la aplicación de los conocimientos que aportan las humanidades. Sin lingüística, no hay modelos de lenguaje como los que han permitido la adopción masiva de la IA generativa".

También pide "dejar de pensar que hay saberes superiores a otros, mejores, o que sean más convenientes o priorizables porque 'son productivos'. Más que un regreso a las humanidades, creo que vamos a ver una restitución justa, el reconocimiento de un lugar clave en el avance de la sociedad que siempre han tenido. La necesidad está en que no dejemos que la privatización del conocimiento y los intereses económicos dicten cuándo las humanidades, ciencias sociales, artes, e incluso las ciencias fundamentales dejan de importar".

En lo que coinciden casi todos los expertos es que la universidad puede ser incluso un momento tardío, y que ese "repunte" no puede basarse solo en más matriculados por una demanda de las empresas que no está claro que se esté produciendo —ni en la esfera anglosajona ni en ninguna otra—. Si de verdad se producirá un "renacimiento" de disciplinas como el Arte, la Filosofía o las Ciencias Sociales, debe ser desde la escuela.

Arte para todos

"Hay muchos elementos positivos en la IA o en incorporar la tecnología a la educación, pero lo que nosotros reivindicamos es que, sea en niños, adolescentes o adultos, hay una serie de capacidades que solo se pueden desarrollar a través de la filosofía o, en nuestro caso, las artes", explica a ENCLAVE la catedrática Marián López Fernández Cao, fundadora de la Sociedad por la Educación Artística —nacida de la plataforma #EducaciónNoSinArtes en protesta por los recortes en los programas escolares— y miembro de la comisión de expertos en cultura de la Organización de Estados Iberoamericanos, desde donde ha estudiado el papel de la educación artística y cultural como garantía de los derechos humanos.

"Las artes ayudan a desarrollar el pensamiento crítico porque enseñan a relacionarse con el tiempo", asegura. "La formulación de preguntas profundas que tienen que ver con el juicio moral o con el desarrollo de la creatividad en el sentido de ser capaz de cambiar el propio punto de vista. Es algo que se crea a través de procesos largos y que no buscan tanto llegar a unos resultados concretos o inmediatos como generar capacidades. Manejar tiempos largos, la paciencia, la capacidad de frustración al enfrentarse a una obra artística. Es algo que te da antes dedicarte a la cerámica que charlar con una IA".

López Fernández Cao recuerda a ENCLAVE que para tocar con cierta soltura un instrumento o dibujar medianamente bien "necesitas 10.000 horas de práctica, ni más ni menos, que es casi una carrera de Bellas Artes. Hay un tipo de pensamiento corporal, de forma de relacionarse con el mundo, que no cabe en un Excel ni en cierto tipo de disciplinas más que en las artísticas".

El elemento de riesgo, claro, es que estas actividades queden relegadas a una élite mientras desaparecen para el resto. "Es una cuestión pertinente, porque las consecuencias de la inteligencia artificial traen una nueva brecha de clase", apunta el filósofo Txetxu Ausín.

"Por un lado, por su propio acceso, su uso para el desarrollo económico, que es muy desigual. Por otro, con el extractivismo, se alimenta de conocimiento generado por otros a los que arrebata ese valor. Y tercero, con crear una nueva élite que puede permitirse quizá cultivar otro tipo de conocimiento y de reflexión, que además le va a permitir todavía explotar mejor la tecnología".

Por eso, concluye: "Está muy bien hablar de la importancia y el repunte del interés por las humanidades, pero eso se tiene que acompañar de hechos, ¿no? Y uno tiene que ser garantizar el acceso a este tipo de disciplinas y de conocimiento a toda la población, y no solo a una parte".