Aficionados antes de uno de los partidos de la fase de grupos del Mundial de fútbol 2026.

Aficionados antes de uno de los partidos de la fase de grupos del Mundial de fútbol 2026. Ronald Wittek EFE

Historias

Un mundial de fútbol con los derechos en duda avergüenza a la opinión pública: "[La FIFA] Ha preferido mirar hacia otro lado"

La inestabilidad geopolítica internacional y los distintos conflictos armados que hay en todo el mundo están afectando al desarrollo de la competición.

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El Mundial de fútbol vuelve a estar salpicado por la polémica. La edición de 2026 es la primera que se celebra en tres países distintos –México, Estados Unidos y Canadá– y está siendo señalada por culpa de los segundos y el trato que están recibiendo algunas selecciones por su parte.

La controversia empezó antes incluso que la propia competición. Días antes se conocieron las quejas de la selección iraní por las dificultades que les estaba imponiendo la administración de Trump o la deportación del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan tras 11 horas de entrevistas con las autoridades migratorias en Miami.

En el caso de la potencia de Oriente Medio, sus jugadores recibieron permiso para entrar en el país para el torneo, pero solo un día antes de los partidos que jueguen en territorio. Muchos de sus aficionados no han tenido esa suerte y no han podido obtener el visado para apoyar a su selección, como le ha ocurrido a Haití.

Mientras Estados Unidos recibía a los futbolistas con minuciosos, y excesivos, controles nada más bajar del avión, y a pie de pista, México les daba la bienvenida con un despliegue masivo de fiesta y folclore, con actuación de mariachis incluida. Dos imágenes casi contrapuestas que conviven en uno de los macro-eventos deportivos más importantes del mundo.

Prohibiciones discriminatorias

Carlos de las Heras, responsable de deporte y derechos humanos en Amnistía Internacional, lamenta que la inestabilidad geopolítica internacional y los distintos conflictos armados que hay en todo el mundo, especialmente el de Oriente Medio, están afectando al normal desarrollo de la competición.

Él mismo subraya que tampoco se ha permitido acceder al país gobernado por Donald Trump a miembros de la afición de Marruecos y a periodistas de África e Irán. "Nos preocupa profundamente que estas y otras denegaciones puedan ser ejemplos de políticas altamente restrictivas y discriminatorias".

El experto recuerda, además, que las políticas migratorias que están afectando a las selecciones no solo afectan a quienes quieren entrar a Estados Unidos. La crisis interna que ha provocado esta normativa se traduce también en el temor en varias comunidades a acudir a los estadios ante el riesgo de ser detenidas o deportadas por el famoso ICE.

Desde Amnistía Internacional se han pronunciado reiteradamente contra las políticas migratorias y las prohibiciones de viaje "racistas y discriminatorias" de la administración de Donald Trump, dice de las Heras.

"Tememos que se estén limitando libertades fundamentales de quienes critican la política estadounidense y otros asuntos relevantes en los que Estados Unidos ha estado involucrado".

El portavoz de Amnistía Internacional entiende que el derecho internacional ampare las restricciones a cuestiones relacionadas con inmigración, y otras causas, en defensa de la seguridad nacional. No obstante, esos casos deben estar justificados y no usarse como norma aceptada.

En un marco como el actual en Estados Unidos con el mundial, cuando se trata a las personas como sospechosas solo por su nacionalidad, origen o apariencia es cuando se traspasa la línea. "Termina esa seguridad nacional y empieza la discriminación".

El papel de la FIFA

Ante este panorama, cabe preguntarse qué papel juega la FIFA en todo esto, como la máxima autoridad organizadora, legal y comercial del Mundial. Lo primero que hay que saber es que la FIFA exige a los candidatos a albergar la competición el cumplimiento de las garantías de libre entrada.

Un requisito que, al parecer, con Estados Unidos se ha quedado en papel mojado, como denuncia Juan Antonio Simón, profesor de Historia del Deporte en el Centro Deportivo INEF de la Universidad Politécnica de Madrid (INEF-UPM).

"Son sólo una ficción, pero en realidad no lo deberían ser". Si esas condiciones no se respetan, la FIFA puede reclamar a las Federaciones Nacionales y los organizadores su responsabilidad e, incluso, retirar la candidatura, agrega el profesor del INEF-UPM.

El alto organismo del fútbol mundial tiene un poder real de negociación si quiere ejercitarlo, recuerda Simón. No obstante, parece que no va a ocurrir, que no se van a enfrentar a Estados Unidos y exigir el cumplimiento de las garantías de libre entrada . "[La FIFA] Ha preferido mirar hacia otro lado frente a la vergüenza de la opinión pública internacional".

La organización se empeña en mantener una estricta política de neutralidad. Por eso se prohíben todo tipo de mensajes políticos en los estadios. Si embargo, es imposible separar política de deporte. Entre otras cosas, porque la primera ha estado presente muchas veces en el nacimiento de los organismos internacionales que regulan los segundos, apunta Simón.

"El fútbol, como cualquier otro elemento cultural y social está influido por la política, y no siempre tiene que ser una relación obligatoriamente negativa", añade.

Los equipos que participan en el Mundial representan a países, con sus himnos y banderas, y están acompañados de sus líderes políticos. El elemento político siempre ha estado presente y seguirá estando. "Cuanto más se repite este dogma, más vacío suena", expone el profesor del INEF-UPM.

Segunda Guerra Fría

Por su parte, Simón habla de "una Segunda Guerra Fría del Deporte". Esta disciplina, explica, sigue siendo un instrumento dentro de las estrategias de política interior y exterior, tanto en los países democráticos, como en países con gobiernos populistas o autoritarios.

A la vez, los mega-eventos, como este, pueden tener un importante impacto en la imagen internacional si se gestionan adecuadamente y se insertan dentro de una estrategia más global.

Estas citas siempre han tenido, a la vez, la capacidad de unir y separar. No sería la primera vez que se boicotea un evento deportivo –amenaza que lanzó Irán antes del comienzo de la competición– o que se veta a determinados países por motivos políticos, dice el experto en Historia del Deporte.

Sin embargo, estos eventos también pueden servir de catalizadores que faciliten un primer paso para mejorar las relaciones diplomáticas, transformar la imagen internacional y atraer inversiones económicas.

Para Simón, lo raro, y sorprendente, en esta ocasión es que todas las potencias ya habían aceptado previamente los criterios que impone la FIFA para los organizadores. Aun así, el gobierno de Estados Unidos ha decidido no respetarlos de forma unilateral y la FIFA "parece que no ha puesto muchos impedimentos".

Este tipo de comportamiento por parte del organismo internacional del fútbol "debilita severamente su credibilidad", afirma el experto. Lamentablemente, no se puede decir que sea la primera vez que ocurre algo así en su historia. Ya han tenido que afrontar situaciones conflictivas por casos de corrupción u organización de mundiales bajo regímenes dictatoriales (como el caso de Argentina en 1978), entre otros.