Sosteniendo un cuenco de ensalada de pollo.

Sosteniendo un cuenco de ensalada de pollo. iStock

Historias

La 'dieta climática' que mejora la salud pública y previene de los incendios: solo hay que cambiar la gestión del territorio

Las organizaciones ecologistas e incluso la Junta de Andalucía tienen su recetario para prevenir los grandes fuegos… y es la cocina tradicional.

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Existe un tipo de alimentación que puede ayudar a reducir los grandes incendios que arrasan nuestro país cada verano. No es una dieta milagro, porque obviamente influyen más elementos, pero tampoco es un invento revolucionario.

Es la dieta mediterránea. O al menos una alimentación adaptada a nuestras necesidades actuales que se parece más a la que cocinaban nuestras abuelas (o bisabuelas, según el caso) que a la keto, la paleo o cualquier otra.

Una cuestión que no tiene tanto que ver con que vayamos a estar más sanos (que también) como con la gestión del territorio que implicaba un tipo de consumo alimentario u otro.

"Se ha demostrado mediante evidencia científica que abandonar el modelo de dieta mediterránea, que la generación de nuestras abuelas y abuelos mantenían con total normalidad, ha sido peor para el medioambiente", explica Andrés Muñoz, responsable de Soberanía Alimentaria de Amigos de la Tierra y uno de los coordinadores de la Guía para una dieta climática editada por dicha organización.

La guía no defiende abiertamente la dieta mediterránea o la cocina tradicional, ni está pensada específicamente para la prevención de incendios, pero son dos consecuencias lógicas de sus principios. Por ejemplo, comer menos carne pero de mejor calidad, que tiene un efecto evidente en la salud ya que su consumo excesivo incide en cánceres y otros tipos de enfermedades, pero también en el territorio.

"La producción de carne industrial está ligada a la de monocultivos, mayoritariamente en terceros países con la producción de soja y maíz transgénico. Eso genera deforestación, lo que a su vez conlleva un impacto climático", explica Muñoz.

Al incentivarse su consumo, se ha reducido la ganadería extensiva, la más beneficiosa para el ecosistema y, en concreto, para el monte, con su pastoreo tradicional.

Fábrica para la producción de alimentos a partir de carne.

Fábrica para la producción de alimentos a partir de carne. iStock

"Cada vez los ganaderos van teniendo menos posibilidades de ganarse la vida con esa actividad, y se van abandonando más las zonas rurales. Eso es uno de los factores que favorece la proliferación de incendios durante los veranos", añade el ecologista.

Otro cambio está en una de las bases de la cocina tradicional: las legumbres. Amigas de la Tierra aboga por aumentar su consumo, pero además hacerlo de cercanía.

"En los últimos estudios que hemos publicado analizamos la capacidad productiva de nuestro país y cómo habría quetransitar a un sistema agroecológico", explica Andrés Muñoz.

"Una de las claves pasa por el aumento de la producción de leguminosas, que son muy beneficiosas para la salud humana, pero también para el medioambiente y la gestión del territorio. Generan fertilidad en el suelo, abonan, producen un abono natural en el suelo y tienen enormes ventajas para la biodiversidad".

Es algo que tanto su organización como otras han tratado en las campañas sobre los llamados "alimentos kilométricos". Y es que siendo España un país de tradición en el consumo de legumbres, con numerosos platos de los de "toda la vida" basados en las mismas, la mayor parte de las que comemos actualmente son importadas de terceros países.

Los ecologistas abogan por recuperarlas para la dieta, pero también por fomentar que los agricultores puedan cultivarlas con rentabilidad y de manera accesible para el ciudadano medio, mediante políticas públicas. "Si queremos volver a consumirlas como sucedía en el pasado, tenemos que volver a producirlas y tener soberanía alimentaria", advierte Muñoz.

Desde Amigos de la Tierra quieren dejar claro que las peticiones de su "dieta climática", aunque dan consejos de cocina individuales, van dirigidas a las administraciones públicas, tanto españolas como de la Unión Europea.

"Cuando hablamos de temas de alimentación no queremos poner el foco en lo individual porque entendemos que el margen es muy reducido para poder elegir desde la tienda o el supermercado", señala.

En la misma medida, "en la actividad agrícola no se puede responsabilizar a todo un sector de poner en juego su rentabilidad apostando a ciegas, sobre todo cuando miles de agricultores y agricultoras se enfrentan a un sistema que avanza hacia la intensificación de la producción", añade Muñoz.

Legumbres variadas en sacos de arpillera.

Legumbres variadas en sacos de arpillera. iStock

Por eso señalan a herramientas como la Política Agraria Común (PAC) de la UE o la compra pública alimentaria, que, tal y como opina el ecologista, "tienen un papel fundamental".

"Los centros escolares, las residencias de ancianos y los hospitales que hacen compra pública podrían, por ejemplo, aumentar el consumo de legumbres de producción local. Sería más sano para quienes las comiesen y mejor para el medioambiente", insiste.

Recetas contra el fuego

Otra vía de las recetas contra los incendios son las que previenen las famosas chispas, que en meses de calor y sequía en según qué zonas de España bastan para provocar fuegos incontrolados. En ese sentido, destacan iniciativas como las 'Recetas contra el fuego' del Grupo Ecologista Mediterráneo (GEM), con sede en Almería, que las desarrolla desde 2013.

¿En qué consisten? En recetas frías para el verano de abuela, de manual. La guía o recetario del GEM va desde la pipirrana de pulpo con tomates secos en aceite hasta el salmorejo de manzanas con virutas de jamón.

La propuesta surgió "de la necesidad de extremar las precauciones en la batalla contra los incendios forestales", explican desde el GEM. "El dato de que el 57% de los fuegos tiene su origen en negligencias o en descuidos es suficientemente elocuente", añaden.

Ha tenido tanto éxito que incluso la Junta de Andalucía tiene su particular conjunto de 'Recetario y consejos prácticos para comer en el campo y prevenir los incendios forestales'.