Carla Rivas posa junto al cartel de entrada a su pueblo, Almuniente, durante una de sus grabaciones.

Carla Rivas posa junto al cartel de entrada a su pueblo, Almuniente, durante una de sus grabaciones. Cedida

Historias

Redes sociales, la nueva herramienta para reivindicar la España rural: "La gente ya no se avergüenza de ser de pueblo"

Cada vez hay más creadores de contenido que muestran los pueblos como proyectos de vida aspiracional contra el estereotipo de territorio muerto.

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La España rural siempre se ha visto como ese sitio del que hay que salir porque no permite tener futuro. Generaciones enteras han crecido con la idea de que quedarse en el pueblo a construir su vida es un fracaso o, en el mejor de los casos, conformismo.

Durante mucho tiempo, ha triunfado la imagen de la España vaciada, casi muerta. Algo que ha cogido fuerza debido al abandono progresivo que sufren estas zonas desde las últimas décadas. Pueblos a los que no llega el transporte, en los que cierran escuelas y que tienen médico de cabecera solo una vez a la semana.

Sus instituciones, por el contrario, defienden lo opuesto: "Nuestros pueblos son espacios vivos, con talento, con iniciativa y con oportunidades reales", señala el presidente de la Diputación de Huesca, Isaac Claver.

Para demostrarlo, parece que las redes sociales están empezando a cambiar esa imagen negativa. Los nuevos influencers rurales están demostrando que el pueblo puede ser un proyecto de vida aspiracional, alejándose de los estereotipos que durante décadas han marcado a sus habitantes.

"Con las redes sociales, muchas personas estamos consiguiendo apropiarnos del relato, de nuestra historia", asegura Carla Rivas, creadora de contenido sobre el medio rural. Para ella, es una forma de "dar información de primera mano, resultar más cercanos y despertar mayor empatía en el medio urbano".

La joven, oriunda de Almuniente (Huesca), vivió varios años en Madrid, pero decidió abandonar la ciudad porque no estaba consiguiendo desarrollar esa carrera con la que había soñado toda la vida. "Se supone que las oportunidades estaban en la capital, pero yo no sabía cómo acceder a ellas", expone.

Finalmente, se decidió a volver a su pueblo y está lejos de arrepentirse. "Ahora esos problemas se han solucionado en cierta manera y estoy muy contenta con la decisión", celebra.

Juan García, más conocido como Viento de Pueblo en redes, es otro de los nombres de esta lista que cada vez es más larga. Él es de Belalcázar (Córdoba), empezó con la cuenta en 2024 y ahora ven sus vídeos más de 100.000 personas. La mayoría son de personas mayores del mundo rural contando sus historias.

Una suerte de retrato humano de la última generación que custodia los saberes tradicionales. Lo hace precisamente por eso. Él lo describe como "la continuación natural" de algo que ya había empezado.

Llevaba años recogiendo los testimonios de vida de sus abuelos, grabando sus historias, sus anécdotas, su forma de ver el mundo porque creía que merecían ser guardados. Para él, su trabajo en redes es lo mismo, pero de forma pública. "Es sentarse en el brasero a escuchar, pero con la puerta abierta para que pueda entrar quien quiera".

Ambos han participado recientemente en el V Congreso Nacional de Desarrollo Rural y Despoblación de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) celebrado en Boltaña (Huesca).

Claver coincide con ellos. Desde la Diputación de Huesca afirman que las nuevas narrativas digitales se han convertido en "una herramienta clave para reivindicar la España rural desde una mirada más justa, moderna y ajustada a la realidad".

El político aragonés reconoce que estas nuevas narrativas no sustituyen a las políticas públicas necesarias para impulsar el medio rural. Sí contribuyen a abrir una puerta decisiva: la de cambiar la percepción. "Nadie cuenta mejor un pueblo que quien lo vive cada día".

Un pequeño ayuntamiento o un pueblo no necesita inventarse una identidad nueva, sino saber explicar qué lo hace diferente, cuáles son sus atractivos para nuevos pobladores y para quienes ya residen allí, contar historias reales y cuidar de forma constante sus canales digitales, subraya.

El pueblo está de moda

Parece que lo rural se está poniendo de moda, dice Rivas. "Siento que se nos está empezando a hacer caso, estamos ante un cambio de tendencia", agrega. La onubense señala que este entorno y su gente ocupan cada vez más espacios, lo que también se ve reflejado en las redes.

No obstante, no cree que esto pudiera haber ocurrido sin cierto cambio en la mentalidad de su generación. "Los jóvenes actuales que nos hemos criado en el medio rural cada vez compramos menos ese discurso pesimista y esa ansia de ir a la ciudad, que es cada vez más insostenible".

García, por su parte, no entiende por qué hay que cuestionar a quienes hacen vídeos desde estas zonas: "Siempre ha habido creadores de contenido en las ciudades". Sin embargo, coincide con Rivas en esa variación en la mentalidad de muchos. "La gente ya no se avergüenza de ser de pueblo".

Esto último era algo bastante común hasta hace no tanto, sostiene el joven. Antes, asegura, era algo que se disimulaba, sobre todo entre los jóvenes. Ahora ya no y eso favorece que se extiendan mensajes como el suyo o el de la joven de Almuniente. "Cuando alguien deja de esconderse y cuenta su vida con honestidad, la gente conecta".

Romantización y limitaciones

Eso sí, la vida que han escogido no es sencilla, ya que las zonas rurales siguen repletas de carencias, reconocen. La comarca de García, el Valle de los Pedroches y el Valle del Guadiato, se quedó recientemente sin agua potable. Cerca de 80.000 personas tenían que ir con garrafas a camiones cisterna para poder beber, lavar los alimentos o cocinar.

"Eso no es una anécdota, es lo que le ha pasado a mucha gente que vive en pueblos de España en el siglo XXI", lamenta el cordobés. Para él, es imposible atraer o retener población si ni siquiera se cuenta con los servicios básicos.

Si cierran el colegio de la zona y los niños tienen que ir a otro a una hora en autobús, si el agua está contaminada, si no hay médico o si el tren pasa, pero no para, no se puede hacer nada. "La gente no se va porque no quiera quedarse, se va porque no le dan otra opción", dice tajante.

Para que la España vacía deje de estarlo es primordial que las instituciones aborden todos estos problemas. "No hace falta romantizar nada ni lanzar campañas de imagen. Hace falta que vivir en un pueblo no sea un acto de resistencia constante".

Rivas, por su parte, cree que se podría emplear la romantización en favor de estas zonas. Es un factor que ahora está presente en casi todos los ámbitos, defiende. De hecho, a ella la han acusado de ello en sus vídeos. "No hay habitante rural que no sea consciente de los problemas y limitaciones presentes, pero prefiero quedarme con lo bueno".

Para ella, esa parte es elegir el ritmo de vida, el valor de la comunidad y poder vivir cerca de la naturaleza y su familia. "Hacer a los pueblos lugares aspiracionales puede ser un punto de partida muy interesante y eso requiere cierta romantización", concluye.