Imagen del Peñón de Gibraltar.

Imagen del Peñón de Gibraltar. Europa Press

Historias

Gibraltar contamina el Mediterráneo: vierte cada día al mar las aguas residuales sin tratar de 40.000 personas

Más información: El alga asiática invasora: así es el organismo que ha destrozado entre el 50% y el 100% de la pesca en el Mediterráneo

La ciudad inglesa no cuenta con una planta de tratamiento de los efluentes y pone en peligro a las especies que habitan el ecosistema.

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El mar Mediterráneo recibe cada día las aguas residuales sin tratar procedentes de Gibraltar, que cuenta con 40.000 habitantes más las personas que cruzan la frontera cada día para trabajar.

Llegan al entorno marino desde Europa Point, al extremo sur de la península, y es algo que ha ocurrido siempre porque el territorio británico de ultramar no tiene una planta de tratamiento de aguas residuales, como ha contado recientemente The Guardian.

El gobierno de Gibraltar ha negado que sea un problema y ha afirmado al medio británico que existen "altos niveles de dispersión natural" cuando los contaminantes llegan al agua.

A pesar de lo que aseguran las autoridades gibraltareñas, los expertos advierten de que la contaminación de estos residuos puede hacer que proliferen algas tóxicas que agotan el oxígeno presente en el agua.

También afecta peces y otras especies quedan expuestos a químicos y plásticos que pueden afectar tanto a su reproducción como a su salud. Asimismo, pone en riesgo a las personas al propagar patógenos y genes resistentes a los antibióticos.

El mito de la dispersión natural

Las autoridades de Gibraltar hablan de dispersión natural. Sin embargo, este método "ha quedado superado desde mediados de los años sesenta", explica Ignacio Moreno, Científico Titular del CSIC en el Instituto de ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN-CSIC). "El mar diluye, gracias a su enorme volumen, pero los organismos acumulan".

En esos residuos hay contaminantes que se van acumulando en las microalgas. Estas sirven de alimento a los pequeños crustáceos y otros filtradores. Así, estos animales quedan expuestos a concentraciones mayores de sustancias que las que se encuentran disueltas en el agua.

El problema va avanzando y puede contaminar la red trófica, ya que esos ejemplares serán, a su vez, comidos por otros peces. "Quien sigue aludiendo a la teoría de la dilución lo hace en contra de toda evidencia científica y por motivos claramente políticos o económicos", sostiene Moreno.

Por otra parte, un gran porcentaje de los tóxicos tirados al mar van al sedimento marino, "que sirve de sumidero, pero también de fuente de estos contaminantes". Los organismos que viven en el fondo pueden verse muy afectados y servir también de vía para la incorporación de estos contaminantes en las redes tróficas.

Nautilus Proyect, una ONG ambiental, denunció a The Guardian que, aunque se trata de una zona protegida para la vida silvestre, es frecuente encontrar toallitas húmedas y contaminación plástica enredadas en las algas y por todas las rocas.

La denuncia no sorprende a Moreno. "Hay una contaminación visible, principalmente de plásticos y otros residuos sólidos, que se hace patente para cualquiera que haya buceado en la Bahía de Algeciras", se queja.

El experto del ICMAN-CSIC, teoriza que parte de esa basura procede de Gibraltar, aunque reconoce que no se puede afirmar que todo lo que se encuentra en esa bahía proceda del territorio británico.

Los riesgos

Tanto los plásticos degradados (microplásticos y nanoplásticos) como otros tipos de basura pueden viajar al Mediterráneo, en aguas superficiales, y hacia el Atlántico, por aguas más profundas, agrega el investigador.

ENCLAVE ODS ha intentado ponerse en contacto con el Gobierno de Gibraltar para conocer su posición al respecto, pero a fecha de publicación de este artículo no ha recibido ninguna respuesta por su parte.

Todos los vertidos, sin importar de donde procedan, pueden suponer siempre un riesgo para los ecosistemas marinos. Las aguas residuales pueden arrastrar plásticos que acumulan fármacos –como las estatinas, letales para microcrustáceos–. Estas sustancias pueden alterar el crecimiento o los ciclos reproductivos de distintas especies, advierte Moreno.

Además de los contaminantes clásicos (metales, tensioactivos, compuestos derivados del petróleo o pesticidas), también existen los llamados "emergentes". El problema es que para estos, en ocasiones, no hay una normativa clara aún.

Todavía se están estudiando los efectos de nanopartículas (utilizadas en pinturas, prendas de ropa, procesos industriales, etc), diversos fármacos, e incluso de tierras raras (como el Lantano, Neodimio, Gadolinio) presentes en los residuos electrónicos, informa el experto del ICMAN-CSIC.

A pesar de estos riesgos, las autoridades gibraltareñas aseguraron a The Guardian que las playas de su zona está en "excelente calidad para el baño" y cuentan con mediciones de calidad rutinarias que lo respaldan.

No obstante, las autoridades europeas no parecían estar de acuerdo. En 2017, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea sentenció que el Reino Unido estaba incumpliendo la legislación sobre aguas residuales con lo que ocurría en Gibraltar.

Una decisión que quedó en nada porque, tras el Brexit, la Comisión Europea perdió toda potestad para emprender acciones legales contra Inglaterra.

Han intentado solucionar el problema y construir una planta de tratamiento de aguas residuales, pero siempre han acabado en proyectos fallidos. Una de las mayores dificultades, según los gobernantes de la ciudad, es que su alcantarillado emplea agua salada procedente del mar. Algo que plantea complicaciones que no tienen otras plantas en el mundo.

Ahora, vuelve a existir esa posibilidad en el horizonte, aunque el proceso se encuentra en fases preliminares.

Para Moreno, si se quiere acabar con problemáticas como esta, es crucial concienciar a la ciudadanía. Es muy necesario que esté al tanto de qué contaminantes son los más frecuentes en las costas, cómo evitar que lleguen allí o por qué son peligrosos, entre otras cuestiones.

Solo así podrán exigir a sus representantes que velen por la gestión racional de los residuos. Las consecuencias de no hacerlo, apunta, se reflejarán no solo en la salud de la población, sino también en la actividad pesquera o la turística. "Tarde o temprano nos tienen que hacer caso a los científicos", apunta.