Un primer plano de un lobo gris.

Un primer plano de un lobo gris. iStock

Historias

El regreso del lobo a Europa sigue en estado "desfavorable": 333 manadas en España y más de 1.500 abatidos en Francia

Tres décadas después de su regreso, la presión política, la falta de datos y las decisiones controvertidas marcan el futuro de la especie.

Más información: Cantabria, Asturias, Galicia y Castilla y León recurren la prohibición de la caza del lobo ibérico

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En Europa occidental hay más lobos que hace apenas tres décadas, pero su supervivencia sigue lejos de estar garantizada. España alberga 333 manadas de lobo ibérico, según el último censo del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) 2021-2024.

Mientras tanto, Francia cuenta con 1.082 ejemplares en invierno de 2024-2025 de acuerdo a la Oficina Francesa para la Biodiversidad y Alemania con alrededor de 1.600 individuos, según muestra el Centro Federal de Documentación y Asesoramiento sobre el Lobo.

Sin embargo, estas cifras esconden una realidad. Y es que ninguno de los tres países ha alcanzado un estado de conservación favorable, tal y como concluye el análisis de la Comisión Europea en el marco de la Directiva de Hábitats.

El contraste entre recuperación biológica y gestión política es evidente. Francia ha autorizado la muerte de más de 1.500 lobos desde 2014, con cuotas anuales que alcanzan hasta el 20% de su población.

Alemania, por su parte, se encamina en 2026 hacia una normativa que permitiría abatimientos preventivos incluso sin daños previos al ganado. Mientras tanto, España oscila entre la protección reforzada y la reapertura parcial de la caza, en un escenario de fuerte tensión territorial.

Y es que la historia reciente del lobo en Europa es la de una reaparición tras la extinción. Erradicado en países como Francia en los años 30 o en Alemania hacia 1900, regresó de forma natural en los años 90 gracias a la expansión de poblaciones italianas y del este de Europa, según estudio de Biology Insights, la European Wilderness Society y el programa Life Wolfaps EU.

Tres décadas después, su presencia vuelve a ser significativa, pero su futuro sigue en disputa.

El caso español

España concentra la mayor población de lobos de Europa occidental, pero también uno de los debates más intensos. En 2021, el Gobierno incluyó al lobo en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPE), prohibiendo su caza en todo el país.

Esta decisión supuso un giro histórico tras décadas en las que el abatimiento era legal al norte del río Duero.

El equilibrio se rompió en 2025, cuando el Congreso aprobó la Ley 1/2025, que reintroducía la caza controlada en esas regiones. Sin embargo, el giro político encontró un freno judicial inmediato.

Retrato de un lobo.

Retrato de un lobo. iStock

En febrero de 2026, el Tribunal Supremo dictó una sentencia clave que establece que el sacrificio de lobos solo puede autorizarse como último recurso.

El fallo exige que las administraciones demuestren "la necesidad, la proporcionalidad y la ausencia de alternativas razonables", además de garantizar que cualquier control letal es compatible con el mantenimiento de la especie en un estado de conservación favorable.

Esta doctrina refuerza la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que ya había advertido que no se puede permitir la caza cuando la especie no se encuentra en un estado favorable.

Sobre el terreno, la mortalidad del lobo sigue marcada por factores humanos. Informes de comunidades autónomas como Castilla y León, Asturias, Cantabria y Galicia señalan que las principales causas de muerte no natural son las matanzas ilegales, el envenenamiento y los atropellos.

A ello se suma un problema estructural, y es que España carece de una base de datos nacional unificada sobre mortalidad, lo que limita la capacidad de evaluar con precisión el impacto real de estas causas.

El conflicto con la ganadería continúa siendo el principal foco de tensión. De hecho, en las regiones del norte, donde se concentra la mayor parte de la población, registran también los niveles más altos de mortalidad asociada a estos conflictos.

Mientras, las subpoblaciones del sur siguen siendo pequeñas, aisladas y vulnerables, lo que impide una recuperación homogénea.

Francia, estancada

El caso francés evidencia cómo las políticas de control pueden condicionar la recuperación de la especie. Pues, desde su regreso en 1992 en el Parque Nacional de Mercatour, el lobo ha experimentado una expansión progresiva, pero en los últimos años ese crecimiento se ha frenado.

El país aplica un sistema de cuotasplafond de prélèvement— que autoriza la muerte de un número fijo de lobos cada año.

Estas cuotas han aumentado de forma constante situándose entre 100 y 200 ejemplares anuales, con un límite cercano a los 200 lobos en 2026, lo que representa aproximadamente el 20% de la población nacional.

Según la Oficina Francesa para la Biodiversidad, la tasa de supervivencia anual estimada es del 66%, umbral mínimo necesario para mantener la población. Por debajo de ese nivel, el riesgo es significativo.

Dos lobos euroasiáticos.

Dos lobos euroasiáticos. iStock

En ese sentido, un modelo de simulación desarrollado junto al Museo Nacional de Historia Natural francés concluye que con una tasa de eliminación del 19% existe un 56% de probabilidad de disminución poblacional, que podría aumentar hasta el 61-66% con las cuotas previstas para 2026.

A pesar de estas evidencias, Francia prevé mantener el nivel de capturas. Sin embargo, el resultado no es otro que un estancamiento, ya que la población, estimada en 1.082 ejemplares en 2024-2025, no ha mostrado crecimiento desde invierno de 2021-2022.

De ahí que la evaluación oficial bajo la Directiva de Hábitats clasifica al lobo en Francia como "desfavorable-inadecuado", lo que confirma que, pese a décadas de recolonización, la especie no ha alcanzado una situación estable.

La política alemana

Alemania, por su parte, ilustra la tensión entre evidencia científica y decisiones políticas en la gestión del lobo.

Aunque la especie está catalogada como "en peligro" por la Agencia Federal para la Conservación de la Naturaleza, el Gobierno federal ha defendido en informes recientes que se acerca a un estado de conservación favorable.

Sin embargo, fuentes técnicas señalan que el borrador original del informe del artículo 17 —elaborado por la propia agencia junto a expertos regionales— concluía lo contrario: el estado del lobo era "desfavorable-malo".

Ese documento no fue publicado y, en su lugar, se presentó una versión adaptada con una metodología distinta ante la Comisión Europea.

Los datos de mortalidad reflejan una presión constante. Entre 1991 y 2026 se han registrado 1.381 lobos muertos, principalmente por accidentes de tráfico (1.031), pero también por caza ilegal (128) y causas no esclarecidas, muchas veces asociadas posteriormente a actividades ilícitas.

A ello se suma un nuevo giro legislativo. En abril de 2026 está prevista la entrada en vigor de una Ley Federal de Caza que permitirá abatimientos de lobos entre julio y octubre, incluso sin daños previos al ganado y sin protección específica para animales reproductores.

Los estados federados podrán establecer zonas libres de lobos y gestionar la población mediante controles letales.

Este enfoque contrasta con la evidencia sobre medidas preventivas. En 2023, más de 350 pastos protegidos con cerca de 400 kilómetros de vallado disuasorio no registraron ataques de lobos.

Lobo gris (Canis Lupus), también conocido como lobo de madera.

Lobo gris (Canis Lupus), también conocido como lobo de madera. iStock

En ese sentido, la Federación Alemana de Bienestar Animal concluyó en 2025 que "la población de lobos del país se encuentra todavía en una fase de recuperación" y que no existen pruebas científicas que justifiquen una reducción de su nivel de protección.

Así, tres décadas después de su regreso, el lobo sigue siendo un símbolo de la recuperación ecológica europea, pero también de sus límites dado que la especie aún no ha alcanzado un estado favorable en ningún país.

La política, sin embargo, avanza en direcciones divergentes. Entre cuotas de caza, sentencias judiciales y reformas legislativas, el futuro de esta especie en Europa sigue dependiendo de un equilibrio que todavía no se ha conseguido.