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La sexóloga Ana M. Ángel Esteban: "¿Buscas pareja o que por fin te elijan? ¿Influyen las necesidades de la infancia?"

"A veces lo que intentamos es solo "cerrar cosas pendientes como sentirnos vistos, elegidos, suficientes o seguros".

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La psicóloga y sexóloga toledana Ana M. Ángel Esteban vuelve con una nueva entrega de su consultorio en EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha, un espacio en el que trata cuestiones sobre la mente, las emociones y la sexualidad.

"A veces me dicen en consulta: no entiendo por qué necesito tanto que me demuestre que me quiere. Casi siempre aparece la misma pregunta. ¿Es a esta persona a quien necesito o es a alguien de mi pasado que nunca me dio lo que estoy pidiendo ahora? ¿Alguien de la infancia?"

La experta analiza esta cuestión y explica que a veces buscamos pareja para "cerrar cosas pendientes como sentirnos vistos, elegidos, suficientes o seguros". "Cuando esa tarea se la encargamos al amor romántico, el amor empieza a tambalearse", ha explicado.

¿Por qué el amor de pareja se convierte en terapia sin que nos demos cuenta?

Porque el vínculo romántico es el que más se parece a aquel primer vínculo que tuvimos en la infancia con quien nos cuidó: cercanía física, dependencia emocional, posibilidad de sentirnos completamente vistos o completamente ignorados.

Ese parecido hace que el cerebro active los mismos circuitos de aprendizaje que se formaron en la infancia: cómo se pide ayuda, cuánto se puede confiar, qué pasa si me alejo o si me acerco demasiado.

No elegimos pareja desde cero, elegimos, desde lo que ya hemos aprendido a hacer con el amor desde pequeños.

¿Significa esto que toda atracción es, en realidad, una herida disfrazada?

No, reducir el amor a una herida es tan injusto como negar que la herida existe. Atracciones hay muchas y algunas nacen del deseo, la admiración y la pura química.

Pero cuando la misma historia se repite con personas distintas, así "siempre acabas con quien hace dudar de si importas, siempre eliges a quien tienes que conquistar una y otra vez…".

Ahí sí hay un patrón que hay que atender. No es que el amor sea sacrificarse y luchar, sino que sin saberlo buscas que alguien resuelva una antigua pregunta: ¿soy digno de tenerlo sin tener que ganármelo o sin esfuerzo?

¿Tiene esto que ver con cómo nos criaron, sin que eso signifique culpar a nuestra familia?

Tiene que ver, pero no viéndolo desde la perspectiva de que tus padres lo hicieron mal. La mayoría de las familias hacen lo que pueden, lo que incluso ellas aprendieron. Y ningún cuidado es perfecto, pero las ausencias físicas y emocionales convierten a un niño en alguien que aprendió a adaptarse, pedir menos, portarse bien para no estorbar y desconfiar de la calma porque nunca duraba.

Esa adaptación fue inteligente entonces y con los mínimos recursos de una persona que está "fabricándose".

El problema aparece cuando treinta años después seguimos usando la misma estrategia con alguien que ya no es nuestro padre ni nuestra madre, sino la persona con la que compartimos la cama.

¿Por qué nos enamoramos justo de quien repite el patrón y no de quien nos cuida bien?

Porque lo conocido, aunque duela y sea patológico, se siente más seguro que lo desconocido.

Una persona disponible, estable, que no genera intriga, puede resultarnos extrañamente aburrida, no porque no nos convenga, sino porque no activa la alarma que confundimos con pasión.

En cambio, quien nos hace esperar, dudar, demostrar que merecemos su atención, despierta esa mezcla de ansiedad y deseo que ya conocíamos. No es que el cuerpo se equivoque, es que está buscando algo familiar, no necesariamente bueno.

¿Puede una pareja sana curar esa herida o es una tarea que nadie más puede hacer por nosotros?

Una pareja sana puede ayudarnos a vivir experiencias correctoras que nuestro sistema nervioso no conocía. Alguien que está, aunque haya conflicto y te entiende, que no castiga la vulnerabilidad, no se aprovecha de ella y cumple lo que promete.

Eso repara, y mucho. Pero la cura completa no llega de fuera, llega cuando empezamos a darnos a nosotros mismos lo que durante años esperamos que alguien más nos diera primero. Una pareja está para confirmar que merecemos amor.

La pregunta que conviene hacerse

¿Necesitamos pedirle a un adulto que nos quiera? Y que, además, lo haga como debieron hacerlo de niños. ¿Seguimos con el patrón de sacrificio para obtener amor?

Ese cambio interno, aunque empiece en terapia o en un artículo como este, también tiene que hacerse en soledad, con una decisión muy simple y muy difícil a la vez: elegirnos primero, para poder elegir bien después.