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La psicóloga Ana M. Ángel Esteban sobre las procesiones: "La Semana Santa no solo habla de religión, sino de la mente"

La especialista toledana afirma que el silencio o la estética favorecen estados cercanos a la meditación, la introspección y la conexión emocional.

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En pleno apogeo emocional de la Semana Santa, entre el recogimiento de las calles y la solemnidad de las procesiones, para muchas personas la fe emerge no solo como expresión religiosa, sino como algo más.

La psicóloga toledana Ana M. Ángel Esteban destaca que estas celebraciones van mucho más allá de lo espiritual y responden a necesidades profundas del ser humano como el sentido, la pertenencia y la gestión emocional ante la incertidumbre.

En su consultorio psicológico para EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha, asegura que "la fe no es solo una creencia religiosa, sino una forma de interpretar el mundo", subrayando que en momentos de dificultad "nos da estructura, esperanza y una explicación que ayuda a dar sentido a lo inexplicable".

En este contexto, explica que las procesiones funcionan como "rituales colectivos que refuerzan una identidad compartida", en los que elementos como la música solemne, el silencio o la estética favorecen estados cercanos a la meditación, la introspección y la conexión emocional.

Esteban lo explica respondiendo a cuatro preguntas clave

¿Es la fe realmente una convicción o una necesidad emocional?
Desde la psicología, la fe podemos encuadrarla como un mecanismo que ayuda a las personas a gestionar la incertidumbre. No siempre implica una creencia firme, sino una forma de sostenerse ante lo desconocido. En este sentido, la fe funciona como un refugio mental.
Seguimos necesitando rituales y un ejemplo son las procesiones
Las procesiones no son solo actos religiosos: son rituales colectivos que estructuran emociones. La repetición, la música, el silencio… todo contribuye a generar un estado mental compartido.
La estética de la representación en las procesiones
Hay personas que van a las procesiones a ver un espectáculo, una representación que no la sienten como religiosa pero sí como estética y de conexión con lo emocional, la tranquilidad, la belleza de la puesta en escena que creo que hasta el más ateo es capaz de apreciar en su belleza. Esta estética no representa una experiencia vacía porque doy por hecho que quien está allí, cerca, se conmueve de alguna manera.
¿Vivimos la Semana Santa o necesitamos vivirla?
Tal vez esta sea la cuestión clave. Más allá de lo religioso, la Semana Santa ofrece algo escaso hoy, y es un espacio para sentir colectivamente sin explicitar, o sin posicionarse públicamente en un grupo determinado. Es un espacio abierto donde cada uno se conecta con lo que en ese momento le sale, siente o experimenta como novedoso y en la privacidad de su interior.

La psicóloga concluye que "la Semana Santa no solo habla de religión, sino de la mente humana", ya que responde a "una necesidad de sentido, de comunidad y de emoción compartida", lo que explica que incluso quienes no creen "van, admiran y sienten".