No conozco a nadie que celebre el aborto. Sí a algunas personas que consideran que su práctica debe estar regulada, incluso como derecho. O que creen que es un mal menor. Defender el aborto se parece a justificar la violencia: hay quien lo acepta como último recurso, pero no irías a manifestarte por su uso indiscriminado.

Les cuento esto porque este sábado, en Toledo, coinciden dos marchas. Una tiene como objetivo la defensa de la vida humana. Los fondos recaudados irán destinados al Proyecto Mater, una iniciativa de la Iglesia de Toledo para ayudar a mujeres en riesgo de aborto o postaborto. Desde 2015, ha logrado salvar 149 vidas.

Ciento cuarenta y nueve. Conviene detenerse ahí.

A la misma hora, una asociación llamada Unión Popular de Estudiantes ha convocado una concentración para reclamar "el derecho al aborto" y protestar contra la marcha provida. "Defendamos nuestros derechos frente a la reacción, ni un paso atrás", rezan (perdón) sus carteles.

¿Y qué pasa con las madres, que ya lo son cuando tienen ante sí el dilema del aborto? La inmensa mayoría atraviesa situaciones muy difíciles y presentarles una única opción es dramático y dice muy poco de nuestra sociedad. Es más barato abortar que invertir en políticas de familia, es más fácil quitarse de encima el problema en vez de ir a la raíz. Es profundamente machista abocar a esas mujeres al aborto. Y además con mentiras: se les dice que son 15 minutitos en el quirófano y que enseguida te mandan a casa, cuando son innumerables los testimonios de mujeres que arrastran esa herida el resto de su vida.

Es curioso que defender el derecho de los no nacidos cause tanta indignación. En España se abortan cada año a más de 100.000 personas. Más allá del fanatismo ideológico de algunos, es inconcebible seguir defendiendo que esos niños son poco más o menos que un grano. Científicamente hace mucho que sabemos que la vida humana nace con la concepción.

Con esos datos sobre la mesa, qué quieren que les diga. Yo tengo muy claro a qué manifestación asistir. Porque, además, en una se busca la confrontación, en otra el diálogo; en una se antepone la ideología; en otra la compasión.