Los Días de la Región son acontecimientos telúricos donde se mueven los cimientos de la comunidad echando la vista atrás y contemplando el camino recorrido. Es una jornada de reencuentros, saludos y abrazos porque si algo tiene Castilla-La Mancha es un anchurón cósmico que abarca el centro de España y kilómetros de una punta a otra. Si uno va de Talavera a Hellín es como si fuese a la playa dos veces y volviera. Por eso hay personas que no ves más que los 31 de mayo o, si acaso, en Fitur cuando comienza el año. Ayer Cuenca lucía bellísima, con ese sol casi de verano que le sienta tan bien. La orilla del Huécar corría a los pies del Auditorio José Luis Perales, uno de los conquenses universales al que conocí precisamente otro día de la región en Guadalajara.

Ayer fue día de emociones, sensaciones y mensajes políticos, claro. Page mandó uno bien alto a los policías, jueces y guardias civiles que investigan la corrupción y les dijo que estaba con ellos. En Ferraz le van a poner una alarma a la entrada para que no pase. Y reivindicó la Transición como ejemplo de lo mejor de España en los últimos tiempos. Se sorprendió de que el medio siglo que ahora hace de aquella época no sea recordado como merece. Para eso ya está el Gobierno de España, que se acuerda de la Guerra Civil y la República, y parece traerle más cuenta. Pero dio en el clavo con el silencio y sordina que se ha puesto a los cincuenta años de la Transición. Lo que no interesa o despista del mensaje principal, ni se celebra ni se recuerda. Ahora viene bien la agitación de diseño y el enfrentamiento generalizado. Pasó algo parecido con el Bicentenario de la Guerra de la Independencia. Nadie echó cuentas salvo Esperanza Aguirre.

Eran los tiempos de Zapatero y el robobo de la jojoya que fue el Estatut. Todo lo que oliera a una sola nación española se tapó y se le sigue echando arena encima. Un abuelo fusilado resucitó la caja de los truenos mientras al país, la izquierda lo volvía a partir en dos. Lo que ahora vivimos no es más que continuación de aquello. Y Page quiere apartarse de radicalismos y pasear por la centralidad. Veremos si lo consigue y su partido lo deja. Dijo una frase sensacional de Teresa de Calcuta, que remachaba que el principal error en la vida era hundirse. Y parece que Page no está dispuesto a hacerlo por más que no mandase sus barcos a luchar contra los elementos.

Lo más hermoso de la gala, sin duda, fue el sincero y emocionante discurso de Sara Carbonero a sus paisanos. Los que la vimos siempre como la reina del cuento de hadas, se nos partió el corazón con el desgarro que sus palabras traslucían. Lo ha pasado mal, muy mal… Una época de la vida nada tranquila y con contratiempos sobrevenidos terribles. Como ella muy bien decía, que la Medalla de Oro llegue ahora quizá sea una señal del destino precisamente para no rendirse. El Moro, Morientes, también elaboró otro parlamento sensacional, en el que triunfó y conquistó todos los corazones femeninos con la declaración de amor profundo y admiración que realizó a su esposa. El amor redime al hombre de cualquier circunstancia y la capacidad de trascender las dificultades radica y reside ahí. O, como decía Sara en su discurso, volver al pueblo y contemplar uno solo el atardecer de tu infancia. Igual que el suyo, en Corral de Almaguer. Nos hizo llorar como magdalenas. Como mi compañero Óscar San Martín, quien recibió el título de hijo adoptivo y no pudo contener las lágrimas. Óscar ha dado tanto a la radio y la profesión que su recuerdo es imborrable. Otro 31 que nos llevamos prendidos al corazón.