El ataque debe ser proporcional a la ofensa y eso lo sabe Emiliano. Ayer el antiguo Convento de San Gil vivió una de esas noches donde se escuchaba hasta el vuelo de una mosca y el aleteo de un espíritu ya invocado con anterioridad por el socialismo castellanomanchego. Aquel que entronca directamente con la resistencia, el aguante y la capacidad de no callarse y decir las cosas por más que a los tuyos duela. Eso hizo Page, con el rictus serio, la cabeza fría y consciente de hallarse ante el peor momento del PSOE en democracia, como él mismo dijo por la mañana. Alguien que lo conoce bien me indicó un día que Emiliano tiene una toma tierra bestial.

No hace falta que lo jure. Uno se acerca, lo nota y lo palpa hasta cuando te da un abrazo o te aprieta cariñosamente la mano. Está preocupado, no puede ocultarlo. En dos días han saltado e ido juntos dos de los grandes vencedores que ha tenido el socialismo en los últimos cuarenta años, Felipe y Page. Y los dos pidiendo lo mismo, elecciones. Esto no hay quien lo aguante ya. Zapatero y sus joyas, con Gertrudis al fondo limpiando plata, han dado para mucho. Los memes se suben por las paredes y las coronas votivas de Recesvinto se hacen poco ante lo que parece la madre de todos los engaños. Quién lo hubiera dicho de Zapatero. Y sin embargo estaba ahí, como el dinosaurio de Monterroso o las bifurcaciones del amado Borges, que recordó Pedro Jota el domingo.

Emiliano está serio y no lo puede ocultar. Ha luchado dentro y fuera de su partido por lo que él siempre consideró justo y necesario. Y ahora no va a cejar en el empeño, por duras que suban las olas y el mar se encrespe hasta el abatimiento. Pero una cosa debe saber la infantería también. No pueden dejar solo al banderín de enganche ni al niño que dice y cuenta que el emperador está desnudo. La tragedia se masca y se siente y la desazón de los socialistas es grande.

Deben hablar, tomar la palabra y provocar la reacción de Sánchez. Pero han de hacerlo todos esos alcaldes que aguantaron en el 23 y son sanchistas por dentro y por fuera. Van al degolladero y no pueden esquivar la sentencia que acecha. Que alcen la voz y lo expresen. Porque Emiliano poco puede hacer ya. Basta con que él lo diga, para que Pedro haga lo contrario. Y es que, al fondo, un silencio ahuyenta y congela el alma. Unas joyas que tintinean. Y lo peor, que dijo también Page ante un fastuoso Latorre, que va cada día a más. Lo que queda por saberse.