Cumple estos días Iberdrola ciento veinticinco años de historia, desde que un grupo de empresarios vascos decidiera crear su propia empresa eléctrica para garantizar el suministro de la industria incipiente que se gestaba en torno al Nervión. Ha pasado siglo y cuarto desde entonces y el desarrollo ha sido asombroso. No sólo es que creasen una potente red de desarrollo para Euskadi, sino que desde ahí al resto del mundo han tejido una malla de inversiones que cruza el planeta de principio a fin.
Las cifras que ofrece la compañía hoy son mareantes y deberán ser aprobadas a finales de semana en Bilbao durante la junta general de accionistas. Como muestra, un botón. Entre 2024 y 2028, Iberdrola ha previsto una inversión de cincuenta y ocho mil millones de euros. Y esa macroinversión se pilota desde España, con un potente y sólido equipo de dirección que preside un viejo lobo de mar, salmantino forjado en la excelencia jesuítica e ingenieril, que las ha visto de todos los colores y que ha hecho del trabajo constante y superación personal, un hábito diario.
Ignacio Sánchez Galán es madrugador en los cinco continentes donde tiene bandera su compañía, estando siempre atento a los entornos geoestratégicos de cada momento. Dice haber superado ya más de cinco crisis globales que le han pasado de cerca sin rozar el rumbo firme y el éxito contrastado de la compañía. Dirige la gestión de una empresa de casi cincuenta mil trabajadores, con presencia en treinta y cinco países, que incluye inversiones estratégicas de sectores punteros por los que hace unos años nadie apostaba.
Ha sido su tesón y amplitud de miras lo que ha colocado a la compañía en el nivel que ahora se encuentra. De él dicen que es un trabajador visionario obsesionado por la excelencia. Desde que entró a la presidencia, el valor en bolsa de la compañía se ha multiplicado por once. Algo así como el milagro de los panes y los peces o las bodas de Caná, sólo que en lugar de vino, Galán lo hace con sol, viento y agua. Y, sobre todo, con la extensión de la kilométrica red de distribución.
Después de tanto tiempo en Toledo, guardo muchas y viejas relaciones con personas que han trabajado o continúan desarrollando su labor en esta empresa centenaria. Soy hijo de eléctrico, en los tiempos de la Feba de Ciudad Real, donde mi padre laboriosamente pudo sacar adelante a sus tres hijos a base de esfuerzo, sacrificio y tesón.
Por eso conozco el paño y sé lo duro que es, por fácil que parezca, que sólo tocando un interruptor nos cambie la vida. Querámoslo o no, Iberdrola es la muestra eficiente de la ingeniería puesta al servicio de la sociedad. Algunas de sus obras o desarrollos tecnológicos provocan sensaciones y emociones encontradas. Maravillas como las presas de Azután, en la región, u otras en Alcántara (Extremadura) o Aldeadávila (Castilla y León), hacen que uno suspire viendo dónde ha llegado el talento de nuestra tierra, España.
Tras el apagón de hace un año, que muy probablemente vino por la deficiente gestión y programación del mix energético de Red Eléctrica Española, pudimos comprobar que hubo capacidad de reacción. Fue precisamente la rapidez de compañías hidroeléctricas como Iberdrola las que procuraron la vuelta del fluido eléctrico en mucho menos tiempo del que cabe esperar tras un cero energético.
Los accionistas celebrarán esta semana su junta general ordinaria y darán palmas con las orejas viendo los dividendos que reporta la compañía. Sin embargo, para mí lo más importante es la filosofía y los valores que he ido viendo a lo largo del tiempo en amigos que tengo en esa casa. Iberdrola, por ejemplo, fue una de las primeras empresas que apostó claramente por la conciliación laboral y familiar. Una reciente encuesta de Sigma Dos, la sitúa como la preferida para trabajar en Euskadi y la quinta en España.
Esta vieja centenaria fue la primera gran firma en su apuesta por la igualdad, promocionando el deporte entre las mujeres, acompañándolas en volandas a ganar el primer Mundial femenino de fútbol. Para los que disfrutamos Toledo, es un orgullo contar aquí con el Centro de Operaciones de Energías renovables, Core, desde el que se controla cualquier incidencia que sucede en el mundo. Un servicio que sirvió incluso de improvisado hotel durante la Filomena para trabajadores que no dejaron su puesto un minuto.
Si es bueno que las personas cumplamos años, no lo es menos que empresas que son marca España cumplan siglos. Es de necios valorar las cosas buenas de fuera y no enorgullecernos de las propias.