PARÍS. Eros y Tánatos. La pulsión de vida y la pulsión de muerte, el deseo sexual y el horizonte trágico se enfrentan y van de la mano en Fiesta en la vorágine juerguista, alcohólica y taurina de los Sanfermines, a los que acuden unos desnortados expatriados que chapotean en el París bohemio.

La bella divorciada y aristócrata británica Lady Brett Ashley, aunque comprometida con el borrachín Mike Campbell, gira cual veleta y enciende el deseo de dos escritores principiantes –Jake Barnes y Robert Cohn, acompañados del también escritor Bill Gorton– y del joven matador Pedro Romero, al tiempo que, entre música, baile y bebida abundantes, la muerte asoma su testuz en el encierro y la corrida.

Jake y Lady Brett están unidos desde tiempo atrás por el alambre, candente y helado a la vez, de un enamoramiento que no puede consumarse por la impotencia postbélica de Jake, alter ego del autor.

Ernest Hemingway (1899-1961), corresponsal del Toronto Star en París desde 1920 y apenas conocido todavía por sus cuentos, había visitado las fiestas de Pamplona entre 1923 y 1926 –volvería cinco veces más– y deslumbró con Fiesta (1926), su primera novela.

Con ella acreditó su moderno estilo directo, de raíz periodística, hecho de muy visuales descripciones, frases cortas y abundantes diálogos, con sitio para la fugaz reflexión, el resplandor poético y el trasfondo simbólico.

Hemingway estaba picado porque sus amigos Francis Scott Fitzgerald y John Dos Passos le habían tomado la delantera

Hemingway tenía 27 años cuando Maxwell Perkins publicó Fiesta en la neoyorquina Charles Scribner’s Sons en octubre de 1926. Henry King la llevó al cine sin inspiración en 1957 con Tyrone Power, Ava Gardner, Errol Flynn y Mel Ferrer.

Siempre se ha dicho que Hemingway estaba picado porque sus amigos, tres años mayores, Francis Scott Fitzgerald y John Dos Passos le habían tomado la delantera con sus libros, notoria y respectivamente con El gran Gatsby (1925) y Manhattan Transfer (1925).

GENERACIÓN. Esta tríada novelesca fue el cortahielos que abrió paso a la llamada Generación Perdida, término impulsado por el propio Hemingway al colocar en el inicio de Fiesta una frase atribuida a la mecenas y escritora Gertrude Stein: "Sois una generación perdida".

En París era una fiesta –publicado tres años después del suicidio del escritor en 1961 con su escopeta de caza en su casa de Ketchum (Idaho)–, Hemingway explica que su amiga Stein le mencionó esa sentencia, alusiva a la desubicación de los jóvenes norteamericanos varados en París tras la Gran Guerra.

Hasta casi la mitad de la novela la acción transcurre en París. Hemingway barajó iniciar su relato en las fiestas de Pamplona. Además de presentar a los personajes, ¿quería sentar en París las bases de su estado de desconcierto, de su condición de perdedores o perdidos?

No encontrará el lector que, tras el paradisíaco intermedio pesquero en Burguete y el Pirineo navarro, las cosas mejoren en el excitado clima sanferminero. Al contrario. Sin asomo de moralina, la bebida y el desordenado carrusel erótico vivido en las fiestas desencuadernan más si cabe a los personajes, sumidos en una inestabilidad permanente con brotes frecuentes de violencia.

CORRIDAS. Tenemos ocasión de pensar si Fiesta quiso ser un provisional manifiesto o testimonio generacional o, sencillamente, un relato sobre los encuentros y desencuentros de un grupo de amigos y amantes al borde del naufragio entre el vendaval de unos días orgiásticos.

Todo ello sin olvidar que asistir a las corridas de toros de Pamplona era el objetivo básico de los viajes del escritor a la capital navarra como el texto demuestra.

Esa oportunidad nos llega ahora con la nueva y crucial traducción de Fiesta de Miguel Temprano García en Lumen, con un excelente y detallado prólogo del novelista norteamericano Amor Towles.

Ni la imagen de portada ni el texto de la contra aluden a Pamplona y Sanfermines. “Los amigos viajan a España para asistir a las corridas de toros...”, se dice. ¿Curioso?