WATERLOO. Lord Byron y John William Polidori, su médico y secretario, recorrieron a caballo en mayo de 1816 los campos de Waterloo. No había pasado todavía un año desde la derrota del ejército francés ante las tropas aliadas en esa región belga, lo que significó el final de Napoleón y de su imperio.

La descripción de ese recorrido es uno de los mejores pasajes de Mi viaje con Byron, el diario de Polidori, publicado, con traducción de Javier Fernández Rubio, por El Desvelo Ediciones & Malentendido. El texto es el editado por primera vez por William Michael Rossetti en 1911.

Byron y Polidori, siempre a la greña, se dirigían en ese viaje hacia Ginebra, donde, en Cologny, a orillas del lago Leman, alquilaron la ya inmortal Villa Diodati para pasar el verano.

En esa mansión se reunieron con sus vecinos, Percy Bysshe Shelley y Mary Wollstonecraft, luego universalmente conocida, tras contraer matrimonio con el poeta, como Mary Shelley. En unos días oscuros de frío, lluvia y tormentas, Byron propuso a sus amigos escribir un relato de fantasmas.

El siempre alterado Percy no escribió nada. Byron dejó empezado un cuento que no terminó y que sirvió de base a El vampiro (1819) de Polidori, considerada la primera narración vampírica moderna y romántica. Y Mary Shelley, que tenía entonces 18 años, inició la redacción de Frankenstein o el moderno Prometeo (1818). Gonzalo Suárez recreó libérrimamente estas jornadas en Remando al viento (1988), visible en FlixOlé.

Polidori recoge en 'Mi viaje con Byron' los días en Villa Diodati en los que surgieron 'Frankenstein' y 'El vampiro'

ROSSETTI. Por desgracia, Polidori, en Mi viaje con Byron, apenas da noticia de la gestación de El vampiro y de Frankenstein. La información, muy detallada, nos llega gracias a la introducción y las exhaustivas notas a pie de página del mencionado William Michael Rossetti, a la sazón sobrino de Polidori y hermano del poeta y pintor prerrafaelita Dante Gabriel Rossetti. ¡Menuda familia!

Es preciso advertir que la lectura de Mi viaje con Byron no es precisamente cómoda. Polidori alterna descripciones y fragmentos narrativos de valor literario con muchas anotaciones sinópticas con las que solo pretendía dejar constancia de con quién había estado y qué había hecho cada día.

No obstante, el libro es finalmente gratificante por muchos motivos: las anécdotas y los retratos que bosqueja sobre el insoportable Byron, los Shelley y otros personajes relevantes; la narración del largo viaje hasta Suiza pasando por ciudades –solo citaré algunas– como Ostende, Brujas, Amberes, Bruselas, Lovaina, Aquisgrán, Colonia, Coblenza o Berna; sus observaciones sobre estas ciudades y sus habitantes, los paisajes campestres y los paisanos y sus costumbres; sus juicios sobre los museos, templos y teatros que iban visitando; las peripecias buenas y malas del mismo viaje –posadas, comidas, incidentes, diversiones, enfermedades– y de su estancia en Villa Diodati y, posteriormente, una vez despedido por Byron, de su incursión en Italia –origen de su asfixiante padre– y, en particular, su larga estancia en Milán, antes de recalar en Módena, Florencia, Pisa...

SONAMBULISMO. El londinense John William Polidori (1795-1821) tenía 19 años cuando se doctoró precozmente en Medicina en la Universidad de Edimburgo con una tesis sobre el sonambulismo, después de estudiar en un exclusivo colegio de benedictinos, donde llegó a pensar en hacerse monje. La medicina no le interesaba lo suficiente y escribió teatro y ensayos sin demasiada fortuna. Byron, durante el viaje, se burlaba de él, lo humillaba y despreciaba sus dotes de escritor.

Lo gordo vino cuando se publicó con gran éxito El vampiro, pero atribuido por error a Byron y firmado, por tanto, por él. El poeta dijo que la idea y el arranque eran suyos, pero reconoció que el autor definitivo había sido Polidori. No le sirvió de mucho. Desquiciado, perdió pie, se dedicó compulsivamente al juego y contrajo muchas deudas. Deprimido, se suicidó ingiriendo cianuro en casa de su padre. Tenía 25 años.