Image: El silencio de los peces

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Poesía

El silencio de los peces

Jacobo Llano

23 junio, 2017 02:00

Jacobo Llano. Foto: Archivo

Premio Jaime Gil de Biedma. Visor. Madrid, 2016. 60 páginas, 12 €

Jacobo Llano (Madrid, 1971) publicó No sabemos, su primer libro de versos, en 2013. Obtuvo el premio Jaime Gil de Biedma con su segundo poemario, El silencio de los peces.

La obra se compone de veinte poemas. El autor medita sobre las relaciones complejas, con frecuencia intrincadas, entre padres e hijos. Con escritura clara menciona el laberinto de Creta. Para reflejar la experiencia íntima, el autor coloca un espejo paralelo en "La familia Roulin": Vincent Van Gogh retrata la soledad de un funcionario de correos. El artista pinta otras cuatro islas humanas: los tres hijos y la esposa del cartero. La figura paterna es enfocada desde ángulos variados. A veces el hombre observado deslumbra por su estatura social y potencia. Parece un dios doméstico. A menudo se detiene en la frontera que separa euforia y desencanto. La tensión crece en el texto "Autoridad". Cuando el padre intenta responder con violencia física a la provocación filial, el poeta se fija en unos ojos que nunca engañan y se enfrenta a la culpa: "Como en una combustión espontánea, / en esa mirada triste de pájaro indefenso y herido / ardió la soberbia de mi juventud". Al final, el progenitor declina. Lo vemos disminuido por el desgaste del tiempo y las enfermedades. Se desplaza en una silla de ruedas. Es un ser que resiste contra las sentencias médicas y se apaga en una muerte lenta.

La obra dibuja el recorrido de un aprendizaje. Al lado de su padre, Jacobo Llano se encamina hacia la comprensión. El conocimiento está formado por horas de silencio, insomnio, escenas triviales (un paseo en automóvil, una jornada de pesca), anécdotas hospitalarias. Junto a nombres de ciudades extranjeras (Nueva York, Southampton, Newark), el itinerario incluye una inscripción amarga: "Tú y yo nunca nos dimos un abrazo". Poco a poco, padre e hijo se aproximan a la meta: su entendimiento compasivo. El libro termina de manera contundente: "El tiempo no lo cura todo. El tiempo es la herida".

La hondura de El silencio de los peces nace de una verdad personal. Los versos impresionan por su valentía. Son anzuelos que rozan "pozos inconfesables". Y la belleza sosegada de las páginas de Jacobo Llano tiene un maestro: Luis Cernuda, mencionado en el último poema.