Los méritos de García Robayo son múltiples. No hay cuento que no emocione, ni personaje que no trastorne. Que además los relatos sean vasos comunicantes le imprime al conjunto un estimulante sentido de unidad. Y que su autora tenga 30 años es la guinda del pastel: convendrá seguirla de cerca.
Los méritos de García Robayo son múltiples. No hay cuento que no emocione, ni personaje que no trastorne. Que además los relatos sean vasos comunicantes le imprime al conjunto un estimulante sentido de unidad. Y que su autora tenga 30 años es la guinda del pastel: convendrá seguirla de cerca.