El trabajo periodístico de María Mérida se reparte por numerosos títulos ensayísticos en los que ha ido vertiendo su interés por asuntos políticos y sociales. A propósito de la pasión y extrañeza que en ella despierta el sur de la geografía española este primer relato de ficción: una historia que busca atenerse al subtítulo, "novela". Una historia sobre ese sur "hondo, difícil y desconocido donde se conjugan tradiciones populares y creencias atávicas que marcaron un estilo de vida sorprendente e ignorado".
En ella "cuenta" el sur de finales del siglo XIX y principios del XX, el que vive suspendido entre el peso de su historia, sus miedos, su moral y sus leyendas. Intención y argumento se alían así a través de una trama que gira en torno a la peripecia vital de una poderosa saga familiar, los Martos, marcada "por un suceso turbio y desgarrado que todos silencian". A ese sur, resumido en el nombre de Benalcasar, una aldea "recóndita y solitaria", llega Luis Zalduendo en busca de la "verdad de una historia en la que tal vez se hallaban ocultas sus propias raíces y sus señas de identidad". Tras el desalentador resultado de sus pesquisas encuentra a un testigo de excepción, un viejo pastor. Sobre ese esquema argumental la autora retrata personajes y costumbres y logra un retablo creado con perfiles algo esquemáticos que desajustan, en alguna medida, el empeño novelesco que, a pesar de todo, resulta ameno y logra mantener viva la atención. Además, acierta con el tono y los recursos empleados, y logra atraer con esa idea del paisaje "sureño" lleno de sombras, y su inevitable proyección en quienes lo habitan.
En ella "cuenta" el sur de finales del siglo XIX y principios del XX, el que vive suspendido entre el peso de su historia, sus miedos, su moral y sus leyendas. Intención y argumento se alían así a través de una trama que gira en torno a la peripecia vital de una poderosa saga familiar, los Martos, marcada "por un suceso turbio y desgarrado que todos silencian". A ese sur, resumido en el nombre de Benalcasar, una aldea "recóndita y solitaria", llega Luis Zalduendo en busca de la "verdad de una historia en la que tal vez se hallaban ocultas sus propias raíces y sus señas de identidad". Tras el desalentador resultado de sus pesquisas encuentra a un testigo de excepción, un viejo pastor. Sobre ese esquema argumental la autora retrata personajes y costumbres y logra un retablo creado con perfiles algo esquemáticos que desajustan, en alguna medida, el empeño novelesco que, a pesar de todo, resulta ameno y logra mantener viva la atención. Además, acierta con el tono y los recursos empleados, y logra atraer con esa idea del paisaje "sureño" lleno de sombras, y su inevitable proyección en quienes lo habitan.