Image: La casa de los momos

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Novela

La casa de los momos

Javier Gómez de Liaño

Publicada

Javier Gómez de Liaño

Planeta. Barcelona, 2002. 278 páginas, 18 euros

Tras una larga carrera judicial, Gómez de Liaño vive entregado al ejercicio de la abogacía y a la escritura, tarea que se extiende a títulos en los que vuelca conocimiento y experiencia.

Pero lo de ahora es distinto, no en lo que atañe al tema sino en la horma escogida para tratar del asunto. Y esa horma es la novela, la narración de unos hechos "ficticios", y de lo acontecido en un lugar que sí pertenece al mundo real: La casa de los momos, así llamada "en homenaje al dios de la locura, la burla y la risa", antiguo Palacio de Justicia de Zamora, donde residían todos los funcionarios judiciales, jueces, fiscales, secretarios, médicos, como en "un pueblo".

Ese territorio que aquí recrea con un estilo llano y directo, heredero de su admiración por el realismo barojiano, es el contexto que sirve de marco al caso que procede a relatar el narrador: un supuesto notario, hijo de un juez de "la casa de los momos", a quien su padre confía en testamento el deber moral de hacer justicia. Su misión consiste en reconstruir lo sucedido, en 1964, a "Amador Crespo", el mejor amigo de su infancia. Tarea que afronta 25 años después de la "injusta condena" sufrida por éste tras ser acusado, sin pruebas, del "aborto y asesinato de su novia".

Acuciado por todo el legado de datos que componen la documentación, el testimonio más evidente sobre la historia de un hombre a quien "la injusticia hizo perder el sentido de la justicia", no duda en rescatar la verdad y en revelar que la justicia no siempre está en manos de quienes la representan. Ese es el objetivo del narrador que cumple su papel con rigor notarial y ofrece del caso un relato preciso y ameno. ése es su mérito. Pero en su contra actúa una actitud maniqueísta que resta matices a los personajes y reduce el mundo de un relato minuciosamente planeado a un enfrentamiento poco sutil entre el poder de los "malos" y la abnegación de los "buenos". Y esto no lo hace desestimable, pero sí actúa en su contra.