De historia familiar, del encuentro, en suma, con el escenario que guarda todo lo vivido, trataba ya El mirador del valle (1995), una obra en la que Miguel Aranguren (1970) -autor de Desde un tren africano o Hijos del paraíso- recuperaba intimidad, recuerdos de adolescencia y descubrimientos ligados al lugar que, en esa etapa, marcó su iniciación a la vida adulta. De esa idea, revisada y reelaborada, nace esta nueva versión convertida en un relato novelesco en el que la memoria de lo sucedido a un joven de quince años se funde con el contexto familiar que descubre, por primera vez, Aquel verano.
Su argumento, diseñado con el modelo de los clásicos del realismo, confiado a un estilo que rinde expreso homenaje a la prosa de Azorín, marcada por el tono evocador, a veces lírico, de su protagonista, contiene los ingredientes de una aventura de este tipo: Rodrigo Gárate, hijo de un importante hombre de empresa, huérfano de madre desde niño, vive sometido a una educación "formalista y aséptica" en colegios de Francia, Gran Bretaña y Alemania, pero carece de referencias sobre los lugares y las personas que componen los recuerdos de una vida de la que su padre huye a través del trabajo y a fuerza de silencios. Ese hueco, que a sus quince años se manifiesta lleno de preguntas que hallarán respuestas con la improvisada ocasión de pasar el verano junto a su abuela en un caserío del País Vasco, es el eje central de la novela, lo que hace trascender un contenido ameno y reflexivo. Porque allí, además de encontrarse con una galería de tipos que ambientan el relato a la vez que prestan testimonio sobre el peso social de la familia en la vida de un pueblo aferrado a sus tradiciones, descubre su historia. Descubre su mundo emocional y, sobre todo, aprende el secreto de poseer un marco de referencias tan hondas y seguras, una herencia del todo inesperada.
Su argumento, diseñado con el modelo de los clásicos del realismo, confiado a un estilo que rinde expreso homenaje a la prosa de Azorín, marcada por el tono evocador, a veces lírico, de su protagonista, contiene los ingredientes de una aventura de este tipo: Rodrigo Gárate, hijo de un importante hombre de empresa, huérfano de madre desde niño, vive sometido a una educación "formalista y aséptica" en colegios de Francia, Gran Bretaña y Alemania, pero carece de referencias sobre los lugares y las personas que componen los recuerdos de una vida de la que su padre huye a través del trabajo y a fuerza de silencios. Ese hueco, que a sus quince años se manifiesta lleno de preguntas que hallarán respuestas con la improvisada ocasión de pasar el verano junto a su abuela en un caserío del País Vasco, es el eje central de la novela, lo que hace trascender un contenido ameno y reflexivo. Porque allí, además de encontrarse con una galería de tipos que ambientan el relato a la vez que prestan testimonio sobre el peso social de la familia en la vida de un pueblo aferrado a sus tradiciones, descubre su historia. Descubre su mundo emocional y, sobre todo, aprende el secreto de poseer un marco de referencias tan hondas y seguras, una herencia del todo inesperada.