Ensayo

Historia de un despropósito: Zapatero, el organizador de derrotas

Joaquín Leguina

21 marzo, 2014 01:00

Temas de Hoy. Barcelona, 2014. 288 pp. 19'90 e. Ebook: 12'99 e.

Veterano militante socialista, presidente de la Comunidad de Madrid durante doce años y diputado hasta 2008, Joaquín Leguina se ocupa en Historia de un despropósito de la andadura de España durante los años de gobierno de Zapatero y los primeros de Rajoy. Su perspectiva es muy crítica e incluso autocrítica, en la medida en que se centra en los errores, incluso los despropósitos, como explicita el título, de su propio partido. Si se abre al azar cualquiera de sus páginas es fácil encontrarse con una observación atinada.

No creo que muchos españoles duden de que José Luis Rodríguez Zapatero fuera un gobernante que no estuvo a la altura de las difíciles circunstancias en que se encontró ni de que dejó una pesada herencia a su país y a su partido. Conforme van saliendo a la luz los problemas de fondo de la España que iba bien o era gobernada con buen talante, la imagen de quienes nos gobernaron se ha ido deteriorando: ahora comprendemos que Aznar dejó que se inflara la burbuja inmobiliaria y financiera y que Zapatero la dejó estallar, que Aznar no supo afrontar el complejo problema catalán y que Zapatero lo agravó con alegre inconsciencia. Tampoco habrá muchos lectores que disientan de Leguina cuando éste afirma que el PP ganó las últimas elecciones con un programa que no respondía a las reales dificultades de España y que ha venido incumpliéndolo desde el primer día, o que los gobernantes alemanes han demostrado una escasa altura de miras frente a los problemas de una Europa en que Alemania juega un papel crucial. Creo sin embargo que la obsesión de Leguina con el gran país centroeuropeo, compartida sin duda por muchos españoles, es excesiva: no veo necesario calificar a la señora Merkel de "estricta gobernanta" (¡vaya imagen manida!) o al señor Weidman, presidente del Bundesbank de "dueño del calabozo". Pero el problema principal de Historia de un despropósito, y de muchos libros semejantes escritos al filo de la actualidad, es que el todo es peor que las partes. Le falta una estructura pensada de antemano y el resultado es que algunos temas se repiten y otros apenas son abordados, en unos casos se aportan argumentos y en otros no, mientras que en ocasiones una mera lista de acontecimientos fechados sustituye al análisis.

Una pieza a mi juicio brillante es el diagnóstico de los problemas de España que Leguina escribió en vísperas de las elecciones de 2011, en forma de carta al futuro jefe de gobierno, aquí reproducida en diez páginas (205 a 214). En ella se alude a la politización de la judicatura, a un sistema de promoción en los partidos que prima a quienes son mediocres pero fieles, o a la necesidad de una reforma fiscal que evite que los impuestos graven sobre todo a las rentas del trabajo. Pero hay temas cruciales que Leguina apenas aborda Sus alusiones a los mercados, los inversores o los especuladores son superficiales, no hay alusión del papel que pudiera jugar la economía española en un entorno internacional cada vez más competitivo y ni siquiera se plantea la cuestión de por qué el nivel español de desempleo es tan altísimo.