Image: Modelo austro-húngaro y brote de naciones en España

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Ensayo

Modelo austro-húngaro y brote de naciones en España

Francisco Sosa Wagner e Igor Sosa Mayor

12 abril, 2007 02:00

Foto: J. M. Lopez

Prólogo de J. Leguina. Trotta / Fundación Martín Escudero. Madrid, 2006. 220 páginas. 24 e.

Pocas veces se podría encontrar un ejemplo más palmario del acierto de aquella frase de Benedetto Croce, según la cual "toda la historia es siempre historia contemporánea", sobre todo si, como ocurre en este apasionante libro, la mayor parte de lo que aquí se cuenta corresponde, además, a la época contemporánea, entendida ésta como la historia de los dos últimos siglos, a partir del gran periodo revolucionario desencadenado en 1789.

La frase de Croce, sin embargo, alude a que la historia siempre responde a preguntas del hombre de hoy y, en ese sentido, pocos ensayos podrían ser más oportunos que éste, en el que se reflexiona sobre el Imperio de los Habsburgo y sobre los posibles paralelos que podría brindar a la España de hoy, sacudida por las exigencias nacionalistas. De ahí que el libro se abra con un largo epígrafe dedicado a las características del Imperio de los Habsburgo, una empresa familiar (Hausmacht) que se originó en el siglo XIII y cimentó su poder tanto en los recursos políticos y militares como en una acertada política matrimonial. Todos esos elementos hicieron que, a finales del XIX, fuese aún una gran potencia que se extendía por todo el sureste de Europa y tenía una población que superaba los cuarenta millones. El régimen se había articulado, sobre todo a partir de 1867, sobre una serie de compromisos, empezando por el que se alcanzó entre Austria y Hungría, que trataba de dar respuesta a las apetencias de los diversos grupos nacionalistas. Para entonces, sin embargo, parecía haberse ya iniciado el largo declive que precedería a la caída de 1918, por utilizar la misma secuencia de hechos que Gibbon aplicara al Imperio Romano en 1776.

Francisco Sosa Wagner, que es un conocido catedrático de Derecho Administrativo que desborda, con humor y gran calidad literaria, las áridas fronteras de su disciplina, ha depositado una mirada inteligente y benévola sobre lo que fue aquel Imperio austro-húngaro que algunos pretenden ofrecernos como modelo. En la tarea ha contado con la puntual colaboración de su hijo Igor, que se revela como un excelente conocedor de la historia y la cultura del Imperio de los Habsburgo.

Las reflexiones de los autores sobre las respuestas que los Habsburgo dieron al cada vez más complicado pleito de la docena larga de grupos nacionales que se englobaban dentro del imperio, con las correspondientes batallas en torno a unas lenguas que pasaron de ser referencias patrióticas a trincheras desde las que sostener posiciones conseguidas, se siguen en este libro con un cierto vértigo, que procede de la sensación de asistir a situaciones esperpénticas que suenan como desalentadoramente cercanas. El conocimiento de los resultados de aquel proceso no hace sino incrementar la angustia de algunos lectores.

El autor toma pie de esas reflexiones para negar las insinuaciones "austracistas" de algunos autores y, sin empantanarse excesivamente en los detalles técnicos y jurídicos, realizar unas reflexiones muy necesarias sobre las verdaderas exigencias del federalismo, el carácter regresivo de algunos supuestos derechos históricos que aún se airean, la perversión de ciertas políticas lingöísticas y, sobre todo, los pésimos resultados que cabe esperar del concepto de bilateralidad que se ha abierto camino en algunas reformas estatutarias. Las últimas páginas del ensayo contienen los mayores elementos de esperanza de todo el volumen, al sitúar estos planteamientos nacionalistas en un escenario en el que difícilmente resultarían viables, habida cuenta de que los Estados actuales empiezan a no ser suficientes para cubrir algunas de las funciones básicas (defensa, economía) que hasta ahora les venían siendo asignadas. Lo que no significa que no haya que incrementar la vigilancia contra la amenaza totalitaria que anida en el seno de cualquier nacionalismo.

El libro va precedido de un muy explícito prólogo de Leguina en el que se alude al divorcio entre la clase política y los ciudadanos en torno a unas reformas estatutarias que, según el prologuista, han sido abordadas por algunos gobernantes con la mentalidad "adánica" de quien parece empeñado en prescindir de todo lo que se había conseguido anteriormente, a la vez que han decidido cerrar los ojos ante unos nacionalismos que han ido siempre a un programa de máximos. Unas opiniones que nunca parecen llegar a los debates internos del partido en el gobierno.