Image: La soledad del Rey

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Ensayo

La soledad del Rey

José García-Abad

12 febrero, 2004 01:00

José García-Abad. Foto: Fernando Moreno

La Esfera de los Libros. Madrid, 2004. 490 páginas, 20 euros

El título hace referencia a varias cuestiones que van desde la función institucional de la Corona y su consolidación a día de hoy, a la trayectoria del actual titular en el modo de desarrollar su tarea de árbitro y moderador en el escenario político, la dimensión y el peso de su actividad privada en la imagen pública de la Corona, hasta llegar a las perspectivas de futuro que plantea la sucesión en la persona del Príncipe Felipe.

Como el autor enfoca la obra a través de la pregunta que se formula en el subtítulo (¿Está la Monarquía consolidada veinticinco años después de la Constitución?), obviamente el contenido tiene una índole crítica, de tal modo que los aspecto negativos, aunque de escaso rango, resultan magnificados por un contexto de acumulación. Sin embargo, no parece haber oportunismo con objeto de rentabilizar la venta de una imagen poco positiva de la Corona si se repara en que José García Abad considera que en el desarrollo de su papel institucional, que es lo sustantivo, el Rey ha tenido una actitud intachable.

Efectivamente, su labor en la Transición como puente para que la sociedad española pasara de un régimen autoritario a dotarse de un sistema de libertades es impagable. Y más aún en el 23-F, cuando don Juan Carlos se jugó todo para salvar la democracia y preservar la convivencia. Sobre estos y otros hechos, a mi juicio de suma importancia, el autor hace muy poco énfasis si se tiene en cuenta el conjunto de la obra, pero es necesario tenerlos muy presentes a la hora de enjuiciar la figura del Rey, especialmente si se pretende mantener un punto de vista equilibrado.

En lo que se refiere a las trazas más conflictivas del libro, los asuntos privados del Rey o la elección de sus amistades, las pruebas que aporta el periodista no resultan lo suficientemente sólidas como para que un historiador profesional les pudiera dar validez inequívoca. Demasiadas anécdotas de segunda y tercera mano, y fuentes secundarias cuyo origen es parcial o claramente interesado. Y, sin embargo, el mismo García Abad, que centra el libro en lo discutible, no hurta al lector el contraste de la información, supuesto aquí representado por el conocido buen carácter del Rey, persona bondadosa y confiada en el trato, lo que explica que hubiera posibilidad de que algunos truhanes utilizasen la cercanía para aprovecharse, algo que ahora es impracticable tras la experiencia de la década de los años noventa.

Dejando a un lado la parte más morbosa, el libro de José García Abad revela aspectos tan interesantes como el código de señales que emplea el Rey para hacerse entender, la relación mantenida con cada uno de los cuatro presidentes de gobierno de la democracia (Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González y José María Aznar) y, sobre todo, lo central, que tiene que ver tanto con la propia concepción de este libro como con la percepción pública de la institución: el tratamiento que han de dar los medios a los miembros de la Casa Real. Dando por supuesto el derecho a la libertad de expresión, la respuesta más adecuada a esta cuestión, tan espinosa en la actual vorágine de basura amarillo-rosácea que invade el ambiente mediático, la proporciona uno de los entrevistados: "la prensa debe aplicar el sentido común, observar respeto institucional y responsabilidad política y social". Resumiendo, autocontención.

Del texto de José García Abad surgen otras relevantes conclusiones de cara a la mejora de la imagen de la Monarquía: la intensificación del contacto con la realidad española y la de los distintos pueblos que la forman, la prevención radical ante aquello que se preste a fomentar una visión frívola u ociosa, la trasparencia de los gastos de la Casa Real y, lo que es la suma de todo, la constatación de que la Monarquía se ha de consolidar día a día, por lo que, según sostiene el autor, tiene que demostrar en todo momento su utilidad a la sociedad española, algo en lo que Juan Carlos I es un maestro consumado.