Image: La revolución del siglo XX

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Ensayo

La revolución del siglo XX

Gabriel Tortella

14 febrero, 2001 01:00

Taurus. Madrid, 2000. 429 páginas, 2.700 pesetas

Para el autor, la revolución del siglo XX es la construcción de la sociedad liberal y democrática en Occidente en la cual el desarrollo del Estado de Bienestar y el crecimiento económico han procurado una elevación sin precedentes de la esperanza de vida

Gabriel Tortella es uno de los maestros relevantes de una especialidad científica -la historia económica- que cuenta en España con una trayectoria temporal relativamente corta. Los primeros historiadores de la economía española, como V. Vives o Carande, realizaron la mayor parte de su obra después de 1940. Pertenece Tortella a la segunda generación, la que se forma en la universidad en los 50. Años más tarde, este historiador se especializó en EE.UU., donde también comenzó su actividad docente.

La labor investigadora de Tortella, acorde con la influencia anglosajona en la historia económica, se caracteriza por su carácter cuantitativo, con una sólida fundamentación en el análisis teórico-económico y con frecuente recurso a la contrastación estadística y a la utilización de modelos econométricos. Sin embargo, La revolución del siglo XX es un ensayo de naturaleza diferente. No contiene una sola fórmula, ni siquiera un simple cuadro numérico ni un apéndice con cifras. En realidad, se trata de un libro con información económica rigurosa, claramente expuesta y comprensible para cualquier lector, pero que rebasa los límites de esa especialidad para adentrarse en cuestiones políticas y sociales. Como dice el autor en el prólogo, su intento es el de responder a una serie de preguntas sobre el siglo XX "sin respetar las fronteras entre historia política e historia económica" (pág. 12). No se trata exactamente de una historia socioeconómica del siglo XX, sino de un análisis de las principales interrrelaciones existentes entre la política y la economía en el mundo de los últimos cien años. Aunque la formación de Tortella es básicamente de economista, él mismo advierte que no entiende la economía -al modo del materialismo histórico- como un deus ex machina que contribuye a explicar el resto de la sociedad contemporánea. Así, la política a corto plazo es interpretada como un fenómeno autónomo y decisivo. Sin embargo, a largo plazo, los grandes cambios políticos sí habrían venido condicionados por la revolución de la economía. ésta, a su vez, mantiene lazos cada vez más estrechos con la tecnología y el desarrollo científico.
La verdadera revolución del siglo XX no es, para Tortella, la revolución comunista que tuvo lugar en Rusia, durante la I Guerra Mundial, extendida después de la II a otros países. Para el autor, la auténtica revolución es la construcción de la sociedad liberal y democrática en Occidente -modelo exportado después a otras partes del mundo- en la cual el desarrollo del Estado de Bienestar y el crecimiento económico con elevadas tasas, entre 1945 y 1973 y, más tarde, entre 1985 y 2000, han procurado una elevación sin precedentes de la esperanza de vida y del nivel de consumo de bienes y servicios, a la vez que los procesos de ahorro e inversión se han extendido a sectores amplios de la sociedad, dando paso a lo que se conoce hoy como capitalismo popular. Es preciso subrayar la importancia que el autor concede a la apertura de las economías nacionales a los mercados internacionales, de manera que aquellos países que cerraron sus economías, como Argentina, México o Rusia, han progresado mucho menos que los de Europa occidental y Japón (pág. 381). Otro factor al que Tortella concede importancia en el crecimiento moderno es el capital humano. Países con escasez de recursos naturales, pero con riqueza de capital humano -como Suiza y Finlandia-, han alcanzado tempranamente elevadas tasas de crecimiento. Uno de los retos mayores que afrontan hoy las sociedades en vías de desarrollo es el de mejorar los niveles de escolarización, y de acompasarlos al aumento de la población (págs. 339-340).

El libro parte de la divisoria social y temporal que, en los países occidentales, existe entre el orden liberal, prevalente en el siglo XIX, y el socialdemócrata, progresivamente generalizado a partir de 1914. El capítulo III encierra una excelente explicación acerca de las causas y evolución de la I Guerra Mundial y de la revolución soviética. Le sigue una serie de reflexiones sobre la equivocada estrategia de la paz impuesta por los vencedores en Versalles, sobre los difíciles -y baldíos- esfuerzos por reimplantar el patrón oro, y sobre la prosperidad de los años 20, especialmente en EE.UU. La Gran Depresión, consiguiente a la caída de la bolsa de Nueva York, en octubre de 1929, y los fascismos ocupan los capítulos centrales del libro. Los capítulos octavo, noveno y décimo están dedicados, respectivamente, a la II Guerra Mundial, a la era de Keynes y a la extensión del comunismo en Europa, desde 1924, año de la muerte de Lenin. El capítulo undécimo -uno de los más interesantes- trata de la evolución de los países del Tercer Mundo, a partir de la Gran Guerra. La última parte del libro se ocupa de la era de Friedman, como corrección de las políticas expansivas del Estado de Bienestar, y de las perspectivas abiertas ante el nuevo milenio.

Resulta difícil destacar determinados aspectos en este libro, escrito en su totalidad con un admirable caudal de información y accesible a un amplio conjunto de lectores. Sin embargo, no me resisto a dejar de mencionar la explicación de la mecánica de los ciclos económicos, y la exposición sobre la inviabilidad a largo plazo del patrón oro después de 1918, sobre los decisivos errores económicos del sistema comunista, o sobre el cambio de rumbo que "la era de Friedman" ha representado para el mundo desarrollado.