Ensayo

El mal o el drama de la libertad

Rödiger Safranski

31 mayo, 2000 02:00

Traducción de Raúl Gabás. Tusquets. Barcelona, 2000. 286 páginas, 2.500 pesetas

Consciente de que no es posible seguir ignorando, y menos tras un siglo tan terrible como el que ahora nos deja, la efectividad del mal moral, su realidad tangible, Safranski ha escrito un libro sobre la condición humana digno por muchas razones de ser leído y meditado.

No poca audacia y mayor oficio se precisan hoy, sin duda, para hacer frente con ánimo medianamente totalizador -y, además, resolutorio- a un tema tan espinoso e historiográficamente cargado como el de la experiencia del mal.

Ese tema, inseparable del irrenunciable desafío de la libertad, fascinante, una y otra vez conturbadamente allegado al ámbito del "misterio" y sobrecogedor por su condición determinante del límite mismo de lo humano por el que no hay teólogo, filósofo, científico social o poeta de mediana envergadura que no se haya sentido tentado en un momento u otro de su obra a lo largo de los últimos veinte siglos...

Rödiger Safranski no ha dudado, como puede verse, en hacerlo. Y lo ha hecho, además, para fortuna del lector, del modo luminoso, marcado por el sentido del ritmo de la exposición atractiva y la renuncia tanto al cultivo autocomplaciente de una jerga inaccesible al profano como al insistente recurso, mucho más fácil de lo que parece, al aparato filológico, al que ya se acogió en sus libros anteriores sobre Schopenhauer y Heidegger. Que es posible ser transparente y a la vez profundo en filosofía y que la claridad puede ser más bien fruto de una atención depurada a lo esencial que instrumento de vulgarización y trivialización es cosa que hace ya muchos años fue, como es bien sabido, sólidamente argumentada y ejemplificada precisamente en nuestro idioma. Se diría, a la vista de obras recientes como las de Safranski, Sloterdijk, Clément Rosset o Savater que el esfuerzo de Ortega está dando por fin, en ésta como en otras muchas cosas, sus frutos.

Frente al mal, el pensamiento occidental, en sus más diversas variantes, optó siempre, de modo llamativo, salvo contadas excepciones, por una actitud relativizadora. El mal ha sido, en efecto, ontológicamente depreciado por cuantos han visto en él mera deficiencia del ser, defecto de ser, privación, despojo o robo. Y cuando no ha podido menos de ser experimentado como realidad que no cabe ya relativizada, en este mundo, sino a lo sumo con este mundo, ha pasado, en esta misma estela, a ser negado escatológicamente. O lo que es igual, a ser "superado" por el anunciado advenimiento de un mundo nuevo, de un nuevo reino. Pero también tomó cuerpo, en el pensamiento medieval, una poderosa integración metafísica del mal, precisamente desde la óptica que Safransnki revitaliza hoy a su manera: la de una libertad que debe existir para que el hombre sea responsable del mal, pero sin que por su gran responsabilidad en la existencia del mal pueda ser ella misma considerada como un mal. Como ha dado lugar a grandes teodiceas (Leibniz) y sociodiceas (Kant, Hegel e incluso Marx), para las que, en definitiva, en este mundo, "el mejor de los posibles" en unos casos, y decididamente mejorable en otros, "cuanto peor, mejor". De este modo el mal pudo vivir, en la consumación de la Modernidad, un complejo e inquietante proceso de trivialización o mitigación primero, y de funcionalización después, siendo asumido como un factor molesto, perturbador, pero en definitiva útil y positivo en el proceso del mundo. Como un instrumento de optimización, en fin, en clave teológica.

Safranski ajusta cuentas con este dato central y reconstruye convincentemente los hitos más relevantes del correspondiente enfoque de la cuestión. Su exposición de Schelling, por ejemplo, es modélica. Y finalmente (nos) propone repensar la libertad -una libertad "arriesgada"- en un marco, el nuestro, de complejidad ya casi inabarcable. O lo que es igual, sometido a la lógica de la civilización técnica, que nos ha puesto "en contacto con estructuras y fuerzas que están más allá de nuestro poder de disposición, aun cuando se manifiesten solamente a través de nuestra actividad". Y repensarla, además, llevados del "deber de confiar". Esto es, a conciencia de que "sin borrar de nuestra memoria las huellas del mal -del que hacemos y del que nos pueden hacer a nosotros-, está en nuestras manos actuar como si un Dios o nuestra propia naturaleza tuviera buenas intenciones para con nosotros".

Conscientes de que no es posible seguir ignorando, y menos tras un siglo tan terrible como el que ahora nos deja, la efectividad del mal moral, su realidad tangible, ni menos sostener que el mal y el error están simplemente en alguna suerte de confusa relación con la nada o hunden inevitablemente sus raíces en la finitud del hombre, ese ser "inacabado" entre el absoluto ser y la nada absoluta, Safranski ha escrito un libro sobre la condición humana digno por muchas razones de ser leído y meditado.

A subrayar la excelente traducción de Raúl Gabás.