Norman Mailer en 2002

Norman Mailer en 2002 Oliver Mark

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Norman Mailer: una biografía sin paños calientes del autor salvaje que llevó al límite el nuevo periodismo

Richard Bradford descifra las contradicciones del escritor en 'La vida de un tipo duro'.

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Norman Mailer (Long Branch, Nueva Jersey, 1923 - Nueva York, 2007) ha pasado a la historia como uno de los padres del nuevo periodismo. Lo fue, sin duda. Pero fue mucho más que eso. Incluso en su obra considerada de ficción cuenta lo que él mismo vivió o presenció. Fue mucho más allá que los otros autores de periodismo narrativo, hasta el punto de fundir su vida y su obra en una misma realidad.

Cubierta del libro 'Norman Mailer. La vida de un tipo duro'

Cubierta del libro 'Norman Mailer. La vida de un tipo duro' Erasmus

Norman Mailer. La vida de un tipo duro

Richard Bradford

Traducción de Raúl López
Almuzara, 2026
368 páginas. 23,95 €

Una de sus mejores novelas, Los desnudos y los muertos, que le dio la fama con solo veinticinco años, es, en esencia, el relato de su experiencia como soldado durante la Segunda Guerra Mundial, con personajes que el autor conoció. Resulta muy difícil distinguir en su obra qué es ficción y qué no. De hecho, en las diversas relaciones, sus libros aparecen indistintamente bajo una etiqueta u otra.

Alcohólico, drogadicto, mujeriego, maltratador, homófobo, violento, activista antisistema... Mailer fue todo eso, pero no solo eso. Era el mismo espíritu de la contradicción. Podía sostener una idea con una firmeza desbordante y, al día siguiente, la contraria con el mismo ímpetu. En política, por ejemplo, se declaró admirador de Fidel Castro y de los Kennedy. Por todo ello, tanto su obra como su pensamiento resultan inclasificables.

No podía vivir sin una mujer al lado, pero maltrataba a sus compañeras; era a la vez pacifista y partidario del uso de la violencia; se refería a los negros en términos racistas pero defendía a los líderes de los Panteras Negras, despreciaba a los homosexuales pero se relacionaba con Gore Vidal o James Baldwin.

Al igual que sus admirados Ernest Hemingway o Pablo Picasso, de quien escribió "una biografía interpretativa", Mailer no hubiera superado los estándares morales de lo que hoy se considera moralmente correcto. De hecho, su popularidad y su reputación literaria –que no debiera ponerse en duda– se han visto mermadas en las últimas décadas.

Tal vez por eso resulta muy oportuna la publicación ahora de su biografía del británico Richard Bradford (1957), reconocido experto del género.

La tituló Tough Guy, lo que se podría traducir como "un tipo difícil", adjetivo que describe mejor a Mailer que "un tipo duro", como se traduce en español, remedando el título de su novela Tough Guys Don’t Dance (Los tipos duros no bailan).

La vida de este tipo difícil donde los haya es una auténtica excentricidad. Se casó seis veces, tuvo nueve hijos y mantuvo relaciones esporádicas con infinidad de mujeres durante sus matrimonios. No se divorciaba hasta que llegaba el momento de casarse con la siguiente mujer, normalmente cuando se quedaba embarazada. Una de sus esposas incluso llegó a presentar una denuncia por trigamia.

Todas sus relaciones estuvieron marcadas por el maltrato y la violencia. En 1960 llegó al extremo de apuñalar a su segunda esposa, Adele Morales. Sobrevivió de milagro. Una primera puñalada, en la espalda; la segunda, a medio centímetro del corazón. Mailer fue internado en el Hospital psiquiátrico de Bellevue durante 17 días, lo que, según el escritor, nada arrepentido, le sirvió como experiencia para su siguiente libro.

Esta biografía ofrece un recorrido apasionante por la vida de Mailer pero también por siete décadas de Estados Unidos

Tras el juicio, fue condenado a tres años, que pasó en libertad condicional. Su próximo trabajo, Un sueño americano (1965), es una novela en la que un hombre asesina a su esposa en un arrebato provocado por el alcohol.

El más execrable de los muchos crímenes de Mailer venía precedido de un día de juerga sin límites, a base de peleas, orgías sexuales y consumo incalculable de todo tipo de sustancias. De media, Mailer bebía una botella de bourbon durante una noche de fiesta, y siempre llevaba una consigo, que iba bebiendo durante el día. Eso unido a la marihuana, que fumaba sin parar, le hacía oscilar entre estados de inquietud, rabia y violencia. Rara vez estaba sereno.

Una de las mayores aportaciones de la biografía de Bradford es su obsesión por relacionar personajes y relatos de sus obras más importantes con personas y acontecimientos reales de la vida de Mailer, que no solía desaprovechar ningún detalle de su cotidianidad, marcada por peleas, incidentes escabrosos y encuentros sexuales salvajes.

Bradford evita los paños calientes. No elude los pasajes más polémicos escritos por el propio Mailer, que son la mejor forma de adentrarnos en su personalidad. Así encontramos descripciones espeluznantes de cadáveres carbonizados tras su empeño, siendo estudiante en Harvard, por ver los cuerpos tras el incendio de una discoteca en Boston que dejó setecientos muertos.

O relatos de prácticas sexuales extremas, que a Mailer le gustaba detallar de forma tan explícita que se aproxima a la pornografía. "El escritor era adicto a los incidentes macabros, no solo como voyeur, sino como parte de su credo estético –en palabras de su biógrafo–. Quería escribir sobre cosas que perturbaran a la gente".

Mailer era una auténtica celebridad social. Universidades, asociaciones culturales e instituciones de todo tipo le reclamaban continuamente, pese a que los actos que protagonizaba acababan con provocaciones e insultos al público cuando no en tumultos. O tal vez precisamente por eso le contrataban, porque su presencia aseguraba que el acto no iba a pasar desapercibido. Muchos vieron al escritor como un auténtico payaso, cosa que a él le traía al pairo. Su única intención era escandalizar.

Bradford sabe que está ante un personaje inclasificable. Ni le juzga ni intenta etiquetarlo. Mailer, literariamente, tiene mucho que ver con la generación perdida, con el realismo sucio, con los beat, con los autores del nuevo periodismo. Pero encasillarle con una sola etiqueta no haría honor a la verdad. Su obra sólo se puede entender como un compendio de todos esos movimientos, que, una vez exprimidos, absorbió como una esponja.

La biografía ahora publicada ofrece un recorrido apasionante por la larga vida de Mailer (murió en 2007 a los ochenta y cuatro años), pero también por siete décadas de los Estados Unidos y del mundo, de las que fue testigo. Desde la II Guerra Mundial (Los desnudos y los muertos) hasta el 11 de septiembre (¿Por qué estamos en guerra?), pasando por Vietnam (Los ejércitos de la noche) o la revolución sexual (El prisionero del sexo). Nada le fue indiferente.