Giacomo Casanova, 1760. Colección Giuseppe Bignami.

Giacomo Casanova, 1760. Colección Giuseppe Bignami. Francesco Narici

Letras

Casanova, el mujeriego aventurero que se obsesionó con la idea del suicidio al llegar a la vejez

La editorial Athenaica recupera los textos del famoso diplomático y libertino veneciano sobre la muerte voluntaria.

Más información: 'Fenomenología del dolor del cuerpo', una esclarecedora y filosófica aproximación al sufrimiento

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“Deduzco que la vida es en conjunto un mal, una verdadera desgracia”, dice la voz dominante de los Diálogos sobre el suicidio, escritos por Giacomo Casanova (1725-1798) en 1782. Y agrega: “Y decido que el hombre pensante y razonable que no está contento debería salir de ella y dejar de creer que, al hacerlo, comete un acto injusto” (p. 77).

Portada de 'Sobre el silencio'.

Portada de 'Sobre el silencio'. Athenaica Ediciones

Sobre el suicidio

Giacomo Casanova

Traducción de Mauro Armiño. Athenaica Ediciones, 2026. 208 páginas. 20 €

Mauro Armiño, prologuista y traductor de este texto, junto con el Discurso sobre el suicidio, de 1769, en el volumen Sobre el suicidio, sostiene que esas duras opiniones pueden atribuirse al anciano autor del diálogo, esto es, al viejo Casanova.

Los Diálogos transmiten una amargura desengañada y una aversión al mundo que no casan bien con el estereotipo del mujeriego aventurero dieciochesco más famoso de la Serenísima República de Venecia. Pues bien, incluso llegó a escribir Casanova un texto más sobre el asunto, en 1793: Breve reflexión de un filósofo que se encuentra en la situación de deber pensar en el suicidio. ¡Y aún vivió cinco años más! (De muerte natural…).

Tan universal es el horror a la muerte que el asunto del suicidio no puede no atraer nuestra atención con gravedad. Se diría que mientras la mayoría huimos de la extinción con ímpetu, hay otros que corren justo en dirección contraria (la vía de Catón el Joven, de Cleopatra, de Áyax, de Dido o de Judas Iscariote).

¿Es el suicidio un gesto lúcido y valiente o temerario y patológico? ¿Es el suicidio un asunto que debe abordarse de una manera especial a fin de no inducirlo entre posibles receptores en condiciones difíciles que exigen la fortaleza de vivir? Por otro lado, el suicidio entre los viejos es una cosa y entre los jóvenes, otra muy diversa: siempre nos resistiremos a aceptar esta especie segunda. Pues bien, la posición del diplomático y polímata Casanova al respecto resulta más ambigua que la de otros ilustrados como Voltaire, Hume (a favor) o Kant (en contra).

Pero esta confusión, tras la lectura de los textos, escritos en italiano (no es la primera vez que trabaja con esta lengua Armiño, no obstante ser uno de nuestros grandes traductores del francés –entre otras cosas, vertió a nuestro idioma las Memorias de mi vida, compuestas, esta vez sí, en esta lengua por Casanova–), no es sólo culpa mía.

Lo más logrado de Sobre el suicidio estriba en el comentario ingenioso suelto más que en el argumento de conjunto

Al inicio de los Diálogos recuerda Casanova que su Discurso fue escrito contra el suicidio, pero que, a resultas de leerlo, algunos lo interpretaron erróneamente y se quitaron la vida. Ahora, quiere escribir los Diálogos a favor del suicidio, aunque “le agradaría no convencer” (p. 76). A favor, pero en el fondo… Como vimos, la voz dominante del diálogo defiende el suicidio, así como el ateísmo y el fatalismo moral. Ahora bien, la última pieza del texto termina con la voz del otro contendiente (el conservador, más callado en el curso del debate) loando la fortaleza del que no se mata: lo compara con un limpio armiño que se resiste a mancharse (¡).

El Discurso, texto, si no juvenil, de primera madurez, apareció luego de unas experiencias deprimentes en Londres (ver el volumen IX de las Memorias) y de cierta relación con Voltaire. Buena parte del escrito contra el suicidio se dirige más bien contra el autor de Cándido.

Hay ideas que aparecen aquí y reaparecerán en los Diálogos, como la de que el Fedón de Platón promovió el suicidio en la antigüedad (es sorprendente, pues Sócrates lo condena de manera expresa) y la de que, en general, la creencia en una vida después de la muerte fomenta la autoaniquilación (los mártires son, según él, una especie afín). Otra: que la cultura inglesa es la panacea de los suicidas. Lo más logrado de Sobre el suicidio estriba en el comentario ingenioso suelto y la cita curiosa que en el argumento de conjunto.