Momento del gol de uruguayo Ghiggia que dio la victoria a su selección frente a Brasil en el mítico estadio Maracaná, en 1950.

Momento del gol de uruguayo Ghiggia que dio la victoria a su selección frente a Brasil en el mítico estadio Maracaná, en 1950.

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El 'Maracanazo', un tormento omnipresente para Brasil: el partido más impredecible de la historia de los mundiales

La 'canarinha' atesora cinco copas, pero aquella derrota es indeleble. Hasta 200.000 hinchas atestaban el estadio más imponente del planeta.

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El 16 de julio de 1950, a Frank Sinatra le quedaban lustros para entonar My Way o Strangers in the Night; a Karol Wojtyla, décadas para ser Juan Pablo II; y Alcides Ghiggia era un futbolista más en la todavía breve historia de los mundiales. Aquella tarde en Río de Janeiro, el último entraría en la leyenda, al tiempo que marcaba un camino solo reservado al cantante y al futuro pontífice.

Sobre el 'drama' –elija usted la acepción de la RAE que prefiera– de Maracaná se han vertido ríos de tinta y profusión de testimonios, nunca suficientes para describir lo visto en aquel santuario levantado para albergar el cuarto Mundial de Fútbol... y para que Brasil, el todopoderoso anfitrión, se alzase con un título que aún se le resistía.

El espectáculo mundialista retornaba tras la Segunda Guerra Mundial, pero Uruguay llevaba veinte años autoexiliado del torneo: los transcurridos desde que en 1930 compaginara organización y victoria en la primera Copa del Mundo. Los charrúas, enfurecidos por el rechazo de la mayoría de selecciones europeas a surcar el Atlántico para disputar su Mundial, y porque en 1938 la FIFA no respetara la alternancia entre continentes para ejercer de sede, boicotearon Italia 1934 –único campeón que no defendió su título– y la cita que Francia acogió cuatro años después.

Fue Brasil 1950 un Mundial de ausencias, de nuevo del Viejo Continente, aunque esta vez quienes renunciaron pudieron aducir sus maltrechas economías de posguerra para no cruzar el charco. Aun cuando participaron algunos europeos, solo se cubrieron trece de las dieciséis plazas. Eso explica que Uruguay avanzara a la fase final habiendo disputado en la de grupos un único partido, frente a Bolivia.

La anfitriona, sin embargo, aplastó a México y Yugoslavia, permitiéndose entre medias un tropiezo empatando con Suiza. El siguiente acto, la liguilla final frente a las restantes primeras de grupo: Suecia, la España de Zarra y su mítico gol a Inglaterra y un Uruguay aún inconsciente de la hazaña que protagonizaría.

Cubierta del libro 'Brasil 50. Retratos del mundial del Maracanazo'

Cubierta del libro 'Brasil 50. Retratos del mundial del Maracanazo'

Mientras los locales destrozaban a los escandinavos (7-1) y a 'la Furia' (6-1), los rioplatenses sufrieron para arrancarle unas tablas a la Madre Patria y superar con apuros a los nórdicos. El presagio estaba claro: en el duelo suramericano por la corona, Brasil se enfrentaría a un sparring. Pero varios nombres se ocuparon de evitarlo, logrando que los doscientos mil hinchas que atestaban Maracaná pasaran de la samba a la marcha fúnebre.

En Brasil 50: Retratos del Mundial del Maracanazo (Contra), el periodista Toni Padilla recoge una arenga de Obdulio Varela, capitán uruguayo, a los suyos: "El partido se gana con los huevos en la punta de los botines". Varela tiró de valor –e ingenio– cuando, apenas iniciada la segunda parte, Brasil se adelantó. Dirigiéndose al árbitro inglés, el Negro Jefe reclamó un fuera de juego inexistente.

Alineación del partido Uruguay-Brasil en la final del mundial 1950.

Alineación del partido Uruguay-Brasil en la final del mundial 1950.

La pausa, que llegaría a cinco minutos, enfrió la voracidad del rival. Más lo haría el remate con el que Schiaffino igualaba el choque en el minuto 66. A Brasil le servía el empate, pero ¿qué es un Mundial sin que el campeón gane el último partido?

En el 79, una carrera de Ghiggia por la derecha, muy parecida a la que poco antes había terminado en centro y gol, concluía con un disparo al primer palo que congeló el coliseo carioca. Décadas después, su protagonista narraría la trascendencia del momento: "El Maracaná lo silenciaron tres personas: el Papa, Frank Sinatra y yo".

Segundo Mundial disputado por Uruguay, segundo título. Brasil atesora cinco, pero el Maracanazo es indeleble. Cuando en 2014 volvió a ser organizador, ni llegó a pisar su santuario mancillado, escenario de la final. El apocalipsis había llegado la ronda anterior.