Pureza Canelo. Foto: AEEX

Pureza Canelo. Foto: AEEX

Letras

Crítica de 'Hacer y deshacer', antología de Pureza Canelo: la poesía como desobediencia

La lectura de sus poemas exige, y así debe ser, un continuo ejercicio de atención, un estar alerta, un dejarse mecer por su carácter imprevisible.

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Conforme uno se adentra en las páginas de este Hacer y deshacer, amplia y muy bien articulada antología de la obra de Pureza Canelo (Moraleja, Cáceres, 1946), no tiene más remedio que asentir ante la oportunidad del juicio de Gerardo Diego, quien, ya en 1974, destacaba la "originalidad extraordinaria" de nuestra poeta. En una cita incluida por José Teruel en el esclarecedor estudio crítico que antecede a los poemas, Diego añadía que "Canelo se ha inventado una gramática, una sintaxis, que domina profundamente y que le da una gran originalidad".

Cubierta de 'Hacer y deshacer. Antología 1971-2025' (Cátedra)

Cubierta de 'Hacer y deshacer. Antología 1971-2025' (Cátedra)

Hacer y deshacer. Antología 1971-2025

Pureza Canelo

Cátedra, 2026
554 páginas. 20,95 €

Y así es, ya desde los versos que abren esta muestra: "Aquí, en las altas horas de la noche / me veo conspirada en esto […] Qué lugar tan parecido a un planeta es esto; / se pisa, hay naufragios, no debo abandonarlos". Una y otra vez asistimos a desviaciones más o menos perceptibles de la norma –la poesía como desobediencia, al fin y al cabo– que hacen de la lectura lo que debería seguir siendo: un continuo ejercicio de atención, un estar alerta, un dejarse mecer por el carácter imprevisible de sus nexos y relaciones: "Un declive que pasma / es la nieve / con la trova del sol […] Junto a tribu tan hermosa, / persevero. / Cuarteado mi tronco, no el afán" («Sin red»).

Pureza Canelo se dio a conocer con un libro, Lugar común (1971), que le valió el Premio Adonáis y en el que una escritura de largo aliento ("derramada") trataba de ver claro en la confusión existencial de un vivir todavía incipiente, escindido entre el refugio del mundo natural ("Vámonos a encontrar aquellos árboles nuestros") y el afán de hacer camino.

La aparición aquel mismo año de 1971 de Celda verde, que recogía textos de juventud, introducía desde su mismo título esa unión de contrarios –o negación del principio de contradicción– que Teruel percibe como una constante de esta poesía, pero que es una de las prerrogativas, casi por definición, de todo lenguaje poético: ese afirmar negando que permite ver a la vez las dos caras de la moneda, sin necesidad de darle la vuelta.

Ese afirmar negando es también el principio estructural de esta obra. Pasada la primera etapa de exuberancia juvenil –más o menos hasta Habitable, de 1979–, Canelo se embarca en una labor de poda y corrección, de reescritura, que se proyecta hacia el futuro y que se traduce en una activa tensión metapoética o, como se define aquí, "autocrítica". Y lo es porque la existencia está ligada indefectiblemente a la escritura, dado que solo tejiendo palabras se conoce –se tantea– el perímetro exacto de nuestra vida, revisándola, enfrentándonos a nuestros límites y obstinaciones. Corregir el texto es autocorregirse, encauzar el futuro, elegir un camino y no otro. Y entraña, por supuesto, una profunda dimensión moral.

A partir de ahí, el triángulo que denota las obsesiones de la autora se asienta en los años que van desde Pasión inédita (1990), cruzado por la experiencia del amor, a Oeste (2013), celebración del lugar más suyo, esa Extremadura rural de su infancia y juventud a la que no ha dejado de volver y cuyo recuerdo se funde con el hueco de la casa familiar desaparecida.

De camino, el tercer vértice del triángulo: Dulce nadie (2008), elegía a la muerte de su madre que supone la asunción definitiva de la propia soledad. Soledad creativa y por tanto buscada, acompañada, pero que dicta el rumbo de una escritura cada vez más estricta y nodular (De Traslación, 2022).

Lo programático cobra una importancia creciente con los años, algo que el propio título del libro remacha con orgullo: hacer, deshacer, estar y no estar al mismo tiempo, o lo que es lo mismo: escribir. Un libro habitable.

Cuadrado mío, esta noche empápate de vía láctea, que entre más blancura a tus huesos y al fondo todo se una a la otra luz del gran fuego del vientre de la tierra.

Suelo, estoy en tu centro, de pie, soy animal en el costado de la noche, en la boca hundida, soy fantasma. De pie, como los siglos repetirán: cuadrado, amor mío.

(Fragmento de Aire donde estuvo una casa)