Valeria Luiselli. Foto: Clayton Cubitt.

Valeria Luiselli. Foto: Clayton Cubitt.

Letras

'Principio, medio, fin': Valeria Luiselli retrata una saga de mujeres que regresa a sus raíces sicilianas

La escritora mexicana regresa a los vínculos familiares y recurre al mito para narrar la historia de una madre y su hija que viajan en busca del pasado de la abuela.

Más información: Crítica de 'A oscuras', la última obra maestra de Thomas Pynchon: un orgásmico festín lector

Publicada

Valeria Luiselli (Ciudad de México, 1983) ha creado un mundo particular en el que la mezcla entre lo vivido y lo inventado funciona como una marca. Ya en Los ingrávidos (2011), su primera novela, introducía el tema de los vínculos familiares y, al hilo de la propuesta, manifestaba su relación personal con esa realidad.

Portada 'Principio, medio, fin'.

Portada 'Principio, medio, fin'.

Principio, medio, fin

Valeria Luiselli

Feltrinelli, 2025. 357 páginas. 21,90 €

Lo mismo sucedía en Desierto sonoro (2019), trabajo en el que, además de referirse al éxodo y al viaje, indagaba en la relación maltrecha de una pareja que hacía un periplo por los Estados Unidos. Iba acompañada de sus hijos, que interpretaban a su manera las conversaciones escuchadas en el vehículo durante los trayectos.

En Principio, medio, fin, su última publicación, Valeria Luiselli continúa examinando los lazos afectivos propios. En esta ocasión, la historia gira en torno a una saga de mujeres –a la autora le interesa especialmente el tema femenino– centrada, sobre todo, en una madre y su hija de doce años que se desplazan a Sicilia en busca de sus raíces.

Lo hacen durante un verano caluroso en el que el volcán Etna lanza fumarolas y amenaza con entrar en erupción. Tormentas adversas, fuegos que arrasan los bosques y ráfagas de viento huracanado sumergen a la población en el desconcierto y el miedo.

Además de madre e hija, la historia incorpora a la abuela de la niña, una mujer que lidia con un Alzheimer incipiente, y a la bisabuela –la Nanna– que trabajó en un yacimiento arqueológico y descubrió tesoros del pasado antes de emigrar a América, donde inició una nueva vida. La protagonista ha dejado atrás un divorcio de infausto recuerdo y en la actualidad mantiene un romance con un concertista de piano que también entra en crisis.

La novela debe su título a una de las propuestas de Aristóteles en la Poética, la de que toda fábula que configura una unidad completa debe estar formada por un principio, un medio y un fin vinculados de forma necesaria y causal.

El libro resulta interesante, aunque abunda en episodios prescindibles y anécdotas inanes

La narradora, conocedora de la obra del Estagirita, está escribiendo una novela que utiliza como válvula de escape –al igual que sucedía en Los ingrávidos– que se transforma en la obra que estamos leyendo. Aunque ella misma niega que se trate de un texto autobiográfico (“¿Pero la madre y la hija somos tú y yo, o son tú y la abuela?”, pregunta la niña. “Ni unas ni otras. Son una narradora y un personaje”, responde la madre), el lector conoce la labilidad de sus afirmaciones.

Principio, medio, fin trata sobre la posibilidad de volver a empezar en otro lugar, y plantea que tal vez no sea mala idea recuperar las raíces para hacerlo. En esta tesitura, el mundo de los mitos tiene un papel importante, sobre todo el de Proteo que en el texto se identifica con un mosaico antiguo robado por la Nanna que se transfiere de generación en generación.

No solo se trata de regresar a Sicilia y de recuperar el pasado de la abuela, sino también de partir de ahí para construir una historia presente o, al menos, dotar a la actual –balbuciente, informe, precaria– de sentido y coherencia.

La narración se cierra con la voz de la niña que descubre la cara oculta de algunos episodios. Así se revela su creciente peso en la trama familiar como heredera del futuro y su gradual ascendiente sobre la madre.

El libro resulta interesante, aunque no consigue ser fiel a la teoría aristotélica. Es fragmentario y abunda en episodios prescindibles y anécdotas inanes. A menudo, además, se construye con preguntas sin respuesta, frases huecas y razonamientos vacíos que acrecientan su indeterminación.